El cerebro del elefante: mucho más que memoria
22 Octubre 2025
Necesitas saber
En
el campo de la ciencia cognitiva, existe una razón importante para estudiar a
los elefantes: evitar el antropocentrismo.
La
mayor parte de la investigación sobre cognición animal se ha concentrado en
especies filogenéticamente cercanas a los humanos, como otros primates. Pero
cada vez más estudios se realizan, de manera ecológicamente válida, con otros
mamíferos, animales domésticos, reptiles, aves, peces e, incluso,
invertebrados.
En
la actualidad, se han reconocido tres especies diferentes: el elefante africano
de la sabana (Loxodonta africana), la especie más grande; el elefante de bosque
(Loxodonta cyclotis), y el elefante asiático (Elephas maximus). Jorge
Romero-Castillo
Los
estudios con elefantes son especialmente interesantes, debido a que poseen el
mayor encéfalo de entre los animales terrestres. Con ellos, surge la siguiente
pregunta: ¿existe correlación entre el tamaño encefálico y las capacidades
cognitivas?
Una
arquitectura neuronal sorprendente
Se
ha comprobado que la abrumadora mayoría de las neuronas del elefante (alrededor
del 97,5 %) se concentra en el cerebelo. Allí, estas células nerviosas cumplen
funciones sensoriomotoras esenciales para coordinar sus enormes extremidades,
la trompa y la precisa musculatura facial.
Sin
embargo, el número de neuronas corticales –que participan en los procesos más
complejos del pensamiento– es sorprendentemente bajo con relación al volumen de
su encéfalo: unos 5 600 millones, apenas algo más del 2 % del total. En cambio,
el cerebro humano alberga alrededor de 16 000 millones de neuronas corticales,
es decir, el 19 % de todas las que posee.
Tamaño
relativo, forma y circunvoluciones superficiales de la corteza cerebral de los
cerebros de humanos y elefantes. La estimación común del tamaño absoluto del
encéfalo del elefante adulto es de 4700 gramos (entre 4050 y 5220 gramos).
Poseen 257 000 millones de neuronas, tres veces más que el cerebro humano
promedio, repartidas entre corteza (5,6 mil millones) y cerebelo (251 000
millones). Además, poseen un total de 216 000 millones de otras células.
Adaptado de Hart et al. (2008), CC BY
Más
arrugas corticales
En
esta línea, otro dato fascinante es el grado de plegamiento cortical. La
corteza del elefante está plegada sobre sí misma en un índice de 4,18 (mayor
que en el ser humano, que es de 2,56). Estos datos indican que dicho
plegamiento no se relaciona con el número de neuronas.
Dicho
de otro modo: más pliegues no significan más neuronas ni un pensamiento más
complejo.
A
continuación, una muestra de sus capacidades cognitivas. Algunas son tan
llamativas que, en algunos casos, son similares a la de los primates y
superiores a las de otras especies no primates.
Memoria
de elefante
Los
elefántidos recuerdan muy bien las rutas migratorias tradicionales de su
especie. Además, son capaces de adaptarse a cambios en el entorno y encuentran
nuevos caminos y pozos en entornos áridos cuando es necesario (luego
transmitirán este conocimiento entre generaciones). Esto sugiere una capacidad
cognitiva excepcional para la navegación espacial y la memoria a largo plazo.
Incluso,
pueden recordar la ubicación actual de muchos miembros de la familia. La
explicación radica en un desarrollo inusual de su memoria de trabajo, junto a
una altísima sensibilidad para los olores.
Comportamiento
eusocial en sociedades matriarcales
Las
comunidades de elefantes son matriarcales. Durante algún tiempo, varias
familias pueden unirse y llegar a establecer grandes manadas para el cuidado
cooperativo de las crías. Los machos permanecen en la manada hasta los 13 años,
aproximadamente.
Además,
distinguen hasta 200 llamadas diferentes que aprenden a través de la
observación y la imitación, lo que les permite reconocerse entre integrantes de
una misma manada. Este sistema integrado se denomina eusocialidad y da muestras
de una estrecha cooperación y solidaridad entre individuos.
Una
empatía que deja huella
Jane
Goodall (1934-2025) transformó nuestra mirada sobre el reino animal. Con
paciencia, respeto y una profunda sensibilidad, fue pionera en reconocer y
documentar científicamente los comportamientos cognitivos complejos y los
sentimientos de animales no humanos (en su caso, chimpancés). Su empatía
también ha dejado en la historia una profunda huella inborrable. Wikipedia, CC
BY
Estos
gigantes parecen mostrar más empatía que otras especies no primates. Lo
demuestra, por ejemplo, un estudio que ha reunido informes recopilados durante
un período de treinta y cinco años. En síntesis, los elefantes pueden
anticiparse y responder al daño (en sí mismos y en otros individuos). De igual
forma, reconocen la peligrosidad de objetos extraños como dardos o lanzas y
ayudan a salir de zanjas, sobre todo a las crías.
También
subcategorizan a los humanos en grupos, realizando esta clasificación de forma
independiente, según el olor o el color.
Sentimientos
de duelo
También
experimentan sentimientos complejos asociados con la muerte. Durante sus
migraciones, al ver los restos de un congénere, muestran curiosidad y se
acercan para investigarlo; olfatean y tocan el cuerpo sin vida con la trompa y
las patas.
Después,
parecen manifestar signos de angustia, tristeza y compasión, lo que disminuye
su actividad en general. Es más, a veces, la manada rodea el cadáver, lo
protege y lo venera. La evidencia parece clara: están exhibiendo
comportamientos de duelo.
La
teoría de la mente como autorreconocimiento
La
teoría de la mente, capacidad cognitiva que permite atribuir estados mentales
tanto al propio individuo como al resto, resulta fundamental para la empatía.
Uno
de los elefantes del estudio de Plotnik et al. (2006), con la marca ‘X’ en la
parte izquierda de su cabeza. Plotnik et al., 2006., CC BY
Una
prueba que valora la teoría de la mente en animales no humanos es la prueba del
espejo. Consiste en pintar una marca en forma de X en la cabeza del animal y
situarlo frente a un espejo. Si el animal utiliza espontáneamente el espejo
para tocarse el punto de su cabeza, esto se considera evidencia de
autoconciencia y reconocimiento.
Pues
bien, al realizar este experimento con varios elefantes, utilizando una marca
visual sin olor, se descubrió que su desempeño es aproximadamente comparable al
de los chimpancés.
Este
vídeo explica los resultados alcanzados en el estudio realizado por Plotnik et
al. (2006) sobre la teoría de la mente en elefantes.
Neuronas
de von Economo
Uno
de los aspectos neurofisiológicos que se relacionan con la teoría de la mente
(y por extensión, con la formación de vínculos sociales y la empatía) son las
neuronas de von Economo (VEN).
Distribución
filogenética de las neuronas de Von Economo (VEN). Las especies en las que se
han observado VEN se indican con subrayado; las especies examinadas sin VEN se
indican con cursiva. Adaptado de Hakeem et al., (2008), CC BY
Las
VEN se encuentran en regiones prefrontales e insulares del cerebro de ciertos
mamíferos, incluidos los humanos. Se caracterizan por tener cuerpos celulares
grandes y alargados, junto a un axón largo que se proyecta a regiones distantes
del cerebro. Esta morfología parece haber surgido de forma independiente en
homínidos, cetáceos y elefantes.
Cabe
destacar que, si bien los elefantes poseen VEN, comparten este rasgo solo con
otros grupos de cerebros grandes (cetáceos y grandes simios –chimpancés,
bonobos, gorilas, orangutanes y humanos–) y no con sus parientes más cercanos.
La
especialización de estas neuronas podría ser la consecuencia de una necesidad
de transmisión rápida de información social. Quizá, puede ser una
característica compartida entre mamíferos de cerebros grandes. Pero, para
responder a esta incógnita, sería interesante determinar si jirafas e
hipopótamos, por ejemplo, también las poseen.
Uso
de herramientas y planificación
A
pesar de la importancia histórica del uso de herramientas en elefantes, su
nivel y complejidad no se compara con el repertorio altamente coordinado
descrito para chimpancés (cuyo cerebro es una décima parte del cerebro del
elefante).
Los
elefantes pueden llevar en las trompas ramas de árboles para protegerse de las
moscas, rascarse con un palo y arrojar palos o piedras a los roedores que
compiten por la fruta debajo de un árbol.
Recientemente,
se ha analizado por primera vez la capacidad para resolver problemas en
ejemplares salvajes asiáticos con un dispositivo de acceso múltiple, una
especie de rompecabezas. El éxito obtenido muestra que son capaces de
planificar movimientos para resolver problemas complejos y adaptarse a las
demandas de su entorno.
A
la izquierda, un elefante macho interactuando con una de las cajas del
rompecabezas. A la derecha se observa un diagrama del rompecabezas con las
puertas cerradas y abiertas: la puerta superior es de empuje, la puerta de en
medio es de tiro y la inferior es corredera. Con este método, se evalúa la
innovación: la capacidad para descubrir una o más soluciones. De los 44
elefantes que interactuaron con la caja, 11 resolvieron un tipo de puerta, 8
resolvieron dos tipos de puerta y 5 elefantes resolvieron los tres tipos de
puerta en todas sus interacciones. Jacobson et al., (2023), CC BY
Más
que un privilegio antropocéntrico
En
compañía de estos titanes, hemos visto que, más que el tamaño absoluto del
cerebro, las capacidades cognitivas parecen relacionarse con factores como la
distribución y conexiones de las neuronas, especialmente en la corteza
cerebral.
Parece
claro que los comportamientos cognitivos superiores no son un privilegio del
ser humano, sino una consecuencia natural de la evolución en muchas especies,
incluidos los elefantes.
Cláusula de Divulgación
Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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