¿Es el kéfir mejor que el yogur para nuestra salud intestinal?
11 Febrero 2026
Necesitas saber
En los últimos años, los alimentos
fermentados han ganado una gran popularidad, en especial el kéfir. Pero
¿sabemos realmente qué es y qué lo distingue del yogur tradicional?
Qué es un alimento fermentado y por
qué es beneficioso
Empecemos por entender bien qué es
un alimento fermentado. Los alimentos fermentados son aquellos que se obtienen
por medio del crecimiento de microorganismos beneficiosos. Estos
microorganismos se incluyen en una matriz alimentaria y utilizan distintos componentes
de la misma para crecer. Por ejemplo, en el caso del yogur, la matriz sería la
leche, y el azúcar (lactosa) constituiría uno de los componentes que utilizan
los microorganismos para crecer.
Lejos de ser un “invento” de la
industria actual, llevan con nosotros miles de años. Entre ellos se incluyen
algunos alimentos en los que los microorganismos siguen vivos cuando son
ingeridos (como yogur, kéfir o tempeh), y otros en los que han sido inactivados
o retirados (pan, vegetales fermentados o salsa de soja).
Su ingesta ha demostrado tener
numerosos beneficios para la salud: reducen los niveles de colesterol en
sangre, aumentan la capacidad de respuesta inmune, protegen contra patógenos y
reducen el riesgo de padecer obesidad, entre otros.
Estos beneficios parecen derivar de
moléculas bioactivas secretadas por los microorganismos fermentadores en el
proceso de producción. Además, dado que algunos de estos alimentos contienen
microorganismos vivos, también poseen propiedades probióticas.
Kéfir y yogur: dos fermentados
parecidos, pero no iguales
El kéfir y el yogur suelen
agruparse bajo la misma etiqueta de “lácteos fermentados”, y no es raro pensar
que el kéfir es simplemente un yogur más líquido. Sin embargo, aunque comparten
ciertas características, son productos distintos, tanto en su composición
microbiana como en sus efectos sobre la salud.
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La principal diferencia entre el
yogur y el kéfir está en cómo se fermentan. El yogur es un producto obtenido
mediante la fermentación láctica, llevada a cabo por las bacterias
Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Estos
microorganismos transforman la lactosa de la leche en ácido láctico, lo que da
lugar a su textura espesa y a su sabor suave y ligeramente ácido.
El kéfir, en cambio, se produce
mediante una fermentación mucho más compleja, conocida como lacto-alcohólica.
En ella participan no solo bacterias lácticas, sino también levaduras. Por eso,
además de ácido láctico, se generan pequeñas cantidades de dióxido de carbono y
etanol, responsables de la presencia de burbujas y de un contenido alcohólico
mínimo, normalmente inferior al 0,5 %.
Más diversidad de bacterias en el
kéfir
Otra de las diferencias básicas es
la diversidad de microorganismos que contiene cada producto. El yogur alberga
un número reducido de cepas bacterianas, lo que lo convierten en producto muy
estable y estandarizable, ideal para la producción industrial. La regulación
legal del yogur exige que haya, al menos, 10⁷ unidades formadoras de colonias
bacterianas viables por gramo o mililitro en el producto final.
Sin embargo, los gránulos de kéfir
(producto de partida en la fermentación) presentan una comunidad microbiana más
diversa y compleja, que varía entre 30 y 50 especies dependiendo del origen.
Esto hace del kéfir un alimento más diverso microbiológicamente y menos
uniforme.
En estudios recientes, se ha
comprobado que la ingesta diaria tanto de yogur como de kéfir favorece un
aumento en la abundancia relativa de bacterias de los géneros Lactobacillus y
Bifidobacterium, reconocidos como beneficiosos para la salud intestinal.
Sin embargo, es importante destacar
que las modificaciones en la abundancia de bacterias beneficiosas son
transitorias y dependen del consumo continuado y de que éste se acompañe de una
dieta variada y rica en prebióticos.
El kéfir se digiere mejor
En cuanto a su digestión, ambos
productos son más fáciles de digerir que la leche, ya que parte de la lactosa
se consume durante la fermentación. No obstante, el kéfir suele contener aún
menos lactosa residual, lo que hace que muchas personas con intolerancia a este
nutriente lo toleren mejor que el yogur.
Finalmente, y, en relación con la
composición en micronutrientes, no existen diferencias significativas en el
contenido de calcio del yogur frente al del kéfir. Curiosamente, el contenido
en vitaminas sí que puede variar, tanto en el yogur como en el kéfir, durante
el proceso de fermentación. Por ejemplo, la cantidad de folato (vitamina B9)
aumenta en el yogur debido a la síntesis bacteriana, mientras que la de
cobalamina (vitamina B12) no varía.
Kéfir vs yogur: ¿es uno realmente
mejor que el otro?
No se puede decir que uno sea mejor
que el otro de forma tajante. Mientras que el yogur destaca por la estabilidad
de su composición, suavidad y textura, el kéfir sobresale por su diversidad
microbiana. Sin embargo, ambos aportan microorganismos beneficiosos que pueden
contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal y a una buena salud
digestiva.
Dado que los alimentos fermentados
ofrecen una opción muy interesante a nivel nutricional, en lugar de elegir,
quizás lo más recomendable sea consumir más variedad, lo que enriquecerá la
composición de nuestra microbiota a la vez que disfrutamos de una dieta
equilibrada y diversa.
Cláusula de Divulgación
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
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