De los tambores taínos a Bad Bunny: el legado musical que define a Puerto Rico
14 Octubre 2025
Necesitas saber
A lo largo de la historia, la
relación entre el reguetón y la música latina tradicional ha sido compleja.
Mientras ciertos sectores vieron en su aparición una amenaza para la salsa,
otros reconocieron los lazos que los unían, interpretándolos como una oportunidad
de desarrollo mutuo.
Ambos géneros, en sus momentos de
mayor esplendor, han reflejado las experiencias de la vida urbana, y desde su
nacimiento, el reguetón ha conservado una conexión con sus raíces, hecho que
recientemente se ha evidenciado con los últimos discos de dos de sus figuras
más relevantes: Rauw Alejandro con Cosa nuestra (2024)
y Bad Bunny con Debí tirar más fotos (DtMF)
(2025).
Este último sorprendió al mundo no
solo por reafirmar el éxito global del artista, sino porque convierte a la
música urbana en un homenaje directo a la herencia cultural de Puerto Rico.
Entre samples históricos, colaboraciones con músicos
tradicionales y guiños sonoros a siglos de historia, el disco pone en primer plano la riqueza musical de la
isla.
En ‘WELTiTA’, Bad Bunny mezcla hip hop latino con
plena.
Un
cruce de culturas
La música puertorriqueña nace del encuentro de tres
grandes tradiciones: la taína, la africana y la española. Este
mestizaje, iniciado en el siglo XVI, no solo definió el carácter de la isla,
sino que estableció las bases de todos sus géneros musicales posteriores.
Los taínos aportaron sus areítos,
cantos colectivos acompañados de maracas y tambores sencillos, que transmitían
historias míticas y comunitarias. Durante la Conquista española, muchos
elementos rítmicos y ceremoniales sobrevivieron, fusionándose con otras
tradiciones. Los patrones repetitivos y el uso de instrumentos de percusión
simples se reflejan todavía en géneros actuales.
Los africanos, traídos como
esclavos, introdujeron la polirritmia, el canto responsorial y los tambores de
barril. De su tradición nacieron la bomba y la plena. La bomba es baile y
música a la vez: el tambor responde a los movimientos del danzante, mientras
maraca y cúa completan la base. La plena, conocida como “periódico cantado”,
usa tres panderos (requinto, punteador y seguidor) para narrar la vida
cotidiana, desde celebraciones hasta denuncias sociales.
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Los españoles trajeron la guitarra,
el laúd y la poesía en décima, base de la música jíbara del campo. Con el
tiempo, el cuatro puertorriqueño, con sus cuerdas metálicas, se convirtió en
símbolo nacional. Géneros como el seis y el aguinaldo combinan melodías
ibéricas con improvisaciones poéticas, donde el trovador canta décimas
acompañadas por el cuatro, el güiro y la guitarra.
De
la tradición a la modernidad
En el siglo XIX, Puerto Rico vio
nacer compositores que unieron la música europea con la popular. Las danzas y contradanzas convivieron con
formas criollas, mientras la imprenta musical y las primeras grabaciones
ayudaron a difundir estas expresiones por toda la isla. Durante el siglo XX, la
diáspora puertorriqueña en Nueva York dio lugar a la salsa, una síntesis caribeña
que combinaba bomba, plena, son cubano y jazz. Orquestas como El Gran Combo de Puerto Rico o La Sonora Ponceña llevaron esta música a escenarios
internacionales, y figuras como Héctor
Lavoe y Willie
Colón convirtieron la experiencia migrante en himnos
universales.
‘Fuego en el 23’, uno de los éxitos de la
orquesta portorriqueña La Sonora Ponceña.
El desarrollo musical se reforzó
con la creación de instituciones: la Orquesta Sinfónica (1958) ofreció
repertorios clásicos y caribeños; el Conservatorio de Música (1960) formó
nuevas generaciones de intérpretes; y el Festival Casals atrajo a figuras
internacionales, conectando a la isla con las corrientes musicales mundiales
sin perder la identidad local.
Reguetón
y raíces
La llegada del reguetón en los años
noventa transformó la escena musical urbana. Muchos temieron que borrara las
raíces tradicionales, pero artistas como Tego Calderón reivindicaron la bomba y la plena dentro
del género. Don Omar y Daddy
Yankee colaboraron con salseros, y proyectos como Los Cocorocos (2006)
mostraron que lo urbano y lo folclórico podían convivir. Estas fusiones
abrieron el camino para que artistas globales incorporaran sin complejos la
historia musical boricua.
En el álbum Los Cocorocos reinterpretan
la canción ‘Che Che Colé’ popularizada por Héctor Lavoe y Willie Colón, en esta
ocasión a cargo de Víctor Manuelle y Tego Calderón.
En este contexto, Debí tirar más fotos se presenta como una obra que
va más allá de lo comercial. Bad Bunny no usa las raíces como simple
decoración: las coloca en el centro del disco. En “CAFé CON RON”, colabora
con Los
Pleneros de la Cresta para resaltar la plena; en “BAILE
INoLVIDABLE”, graba una salsa de más de seis minutos que evoca a la “Universidad de la Salsa”; en “PIToRRO DE
COCO”, rescata la voz de Chuíto el de Bayamón, ícono de la música jíbara navideña. En “NUEVAYoL”, cita a
El Gran Combo y su clásico “Un verano en Nueva York”, homenajeando a la diáspora.
El disco también integra elementos
jíbaros, con décimas y el sonido del cuatro, mostrando que la música campesina
puede convivir con sintetizadores y beats urbanos.
Bad Bunny aprende a bailar salsa en el videoclip
de ‘BAILE INoLVIDABLE’.
Un
legado que sigue vivo
La historia musical de Puerto Rico
es una línea continua. Desde los areítos taínos hasta las salas de concierto,
cada época ha sumado capas sin borrar las anteriores. A finales del siglo XIX,
ya existían compositores que combinaban folclore con formas modernas; en el
siglo XX, trovadores, pleneros y salseros convivieron con el auge de la música
sinfónica. Hoy, reguetón, bolero, rock, plena y salsa coexisten, alimentados
por escuelas, festivales y archivos que mantienen vivas estas tradiciones.
Con DtMF,
Bad Bunny enlaza ese pasado con el presente: muestra que la música de Puerto
Rico no necesita elegir entre tradición y modernidad. Puede ser global sin
dejar de ser profundamente local, y puede hablarle al mundo mientras reafirma
quiénes son los puertorriqueños y de dónde vienen.
· salsa
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Carmen del Rocío Monedero Morales no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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