Cómo el hidrógeno natural, oculto en las profundidades de la Tierra, podría convertirse en una nueva fuente de energía.
27 Febrero 2026
Necesitas saber
en el
proceso para reducir las emisiones. El hidrógeno “verde” proviene de la
electrólisis alimentada por energías renovables, utilizando electricidad para
dividir el agua en hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno “blanco” o “dorado” se
encuentra de forma natural bajo tierra y puede extraerse directamente con un
procesamiento mínimo.
Cómo se forma el hidrógeno natural
El hidrógeno natural se origina a partir de
varios procesos geológicos. El mecanismo más estudiado es la serpentinización,
una reacción en la que el agua interactúa con rocas ricas en hierro conocidas
como ultramáficas, liberando gas hidrógeno.
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La serpentinización ocurre en diversos
entornos alrededor del mundo, incluidos dorsales oceánicas y formaciones
continentales como el Rift Medio Continental en América del Norte, una franja
compuesta principalmente por rocas ígneas con algunas rocas sedimentarias
mezcladas, que se extiende desde Minnesota a través de la región del Lago
Superior y hacia el sur hasta Kansas.
Otro proceso, la formación termogénica de
hidrógeno, ocurre en cuencas sedimentarias profundas cuando el material
orgánico se descompone bajo altas temperaturas, aproximadamente entre 480 y 930
grados Fahrenheit (250 a 500 grados Celsius). Estas reacciones también pueden
producir hidrógeno junto con otros gases, como metano o nitrógeno.
Dado que estos procesos ocurren durante
millones de años, el uso de hidrógeno natural generalmente requiere mucha menos
energía que los métodos creados por el ser humano, como la electrólisis, que
consume aproximadamente 50 kilovatios-hora de electricidad por kilogramo de
hidrógeno producido —suficiente para alimentar una vivienda promedio durante
uno o dos días, y más energía de la que ese kilogramo de hidrógeno puede
proporcionar—. El hidrógeno natural ya está producido: solo hay que
recolectarlo.
La ciencia y la búsqueda
Los investigadores y las empresas de
exploración están desarrollando métodos similares a los utilizados en la
exploración de petróleo y gas para localizar posibles acumulaciones de
hidrógeno. Están analizando tres tipos de formaciones geológicas:
1.
Filtración
focalizada, donde el hidrógeno se filtra de forma natural a través de grietas y
fallas. Tiende a alcanzar la superficie y dispersarse rápidamente, lo que
dificulta su captura a gran escala.
2.
Capas de
carbón, donde el hidrógeno se adhiere a las capas de carbón, ofrecen un mayor
potencial de densidad pero plantean dificultades para su extracción. El
hidrógeno primero debe separarse del carbón y luego fluir a través de capas de
roca compacta hasta el punto de extracción.
3. Sistemas de reservorio con trampa y sello,
comparables a las formaciones rocosas que atrapan gas natural bajo tierra, se
consideran los más prometedores para la producción comercial porque pueden
concentrar grandes volúmenes de hidrógeno en estructuras bien definidas y
perforables. Sin embargo, en la práctica siguen siendo en gran medida no
probados: la idea básica está bien establecida y los geólogos tienen una buena
noción de dónde podrían encontrarse estas formaciones, pero todavía carecen de
datos detallados sobre cuánto hidrógeno contienen realmente y cuán fácil sería
extraerlo.
Un sitio de perforación en el este de Kansas es uno de los varios lugares donde las empresas están buscando hidrógeno natural. HyTerra.
Reservas masivas… en algún lugar
El Servicio Geológico de Estados
Unidos estima que podría haber más de 5 billones (trillones estadounidenses) de
toneladas métricas de hidrógeno geológico bajo tierra en todo el mundo. Sin
embargo, solo una pequeña fracción de esa cantidad se considera recuperable,
tanto desde el punto de vista técnico como económico.
Aun así, incluso el 2% de ese total
superaría todas las reservas probadas de gas natural del planeta y sería
suficiente para cubrir la demanda proyectada durante los próximos 200 años,
incluso teniendo en cuenta el aumento del consumo.
Toda esa reserva se ha acumulado a
lo largo de miles de millones de años. La Tierra produce de forma natural entre
15 y 31 millones de toneladas métricas de hidrógeno natural cada año —menos del
1% de la cantidad que se prevé necesaria anualmente para 2050—. Pero solo una
fracción de ese volumen probablemente podrá capturarse de manera eficiente.
Por ello, el hidrógeno geológico
debe considerarse como una fuente muy grande, pero en última instancia finita,
de energía baja en carbono que puede complementar de forma significativa
—aunque no sustituir— otras fuentes energéticas, incluidos los distintos
métodos de producción de hidrógeno.
Puntos calientes a nivel mundial
Actualmente, solo un yacimiento de
hidrógeno, ubicado en la aldea de Bourakébougou en Mali, produce hidrógeno
natural de forma comercial, suministrando decenas de toneladas al año para
abastecer de energía al pueblo.
No obstante, el número de empresas
que exploran hidrógeno natural ha aumentado rápidamente, pasando de
aproximadamente 10 en 2020 a unas 40 a finales de 2023, según Rystad Energy y
diversos informes gubernamentales y de laboratorios de investigación.
Aparte de ese yacimiento en Mali,
la exploración se concentra en Estados Unidos, Australia, Canadá y varios
países europeos.
En Estados Unidos, el Proyecto Nemaha de HyTerra en Kansas ha confirmado concentraciones subterráneas que superan el 90% de hidrógeno y el 3% de helio. Cuanto mayor es la concentración de hidrógeno, más eficiente y rentable resulta su recuperación. HyTerra también está explorando otras zonas del Medio Oeste y la región de las Montañas Rocosas.
Barreras técnicas
Transformar
el hidrógeno geológico en una fuente de energía comercial plantea importantes
desafíos científicos y técnicos. Detectar y medir hidrógeno bajo tierra es
complicado debido a su pequeño tamaño molecular y a su reactividad con otros
elementos presentes en las rocas.
Además, si
lo que se encuentra son bajas concentraciones de hidrógeno mezcladas con
grandes cantidades de otros gases, puede resultar costoso —e incluso
prohibitivamente caro— separar y purificar el hidrógeno antes de poder
utilizarlo.
Economía y
eficiencia
La promesa
económica del hidrógeno natural radica en su simplicidad.
Dado que los
procesos geológicos ya han realizado el “trabajo” de producción, las primeras
estimaciones sugieren que los costes de extracción podrían ser una décima parte
de los costes de producción de otras técnicas tradicionales de generación de
hidrógeno —o incluso inferiores—.
Sin embargo,
esas cifras se basan en las pequeñas cantidades de hidrógeno encontradas hasta
ahora y podrían no reflejar el rendimiento futuro a gran escala. Para producir
lo suficiente como para abastecer la demanda comercial será necesario descubrir
acumulaciones grandes y de alta calidad.
Como señaló
un destacado grupo de investigación: «Esto no es una fiebre del oro». Se trata
de una exploración cuidadosa en busca de evidencias científicas que, con el
tiempo, podrían conducir a una fuente de energía abundante, libre de carbono y
continua, que complemente otras fuentes de energía renovable.
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