¿Por qué unas personas son más creativas que otras?
17 Mayo 2025
Necesitas saber
La creatividad es una capacidad humana
que a muchos nos gustaría tener pero que no sabemos cómo potenciarla. Se define
como la habilidad para generar ideas nuevas, útiles y originales.
Tradicionalmente, se consideraba una cualidad innata, casi un don de la
naturaleza. Sin embargo, los avances en neurociencia cognitiva han permitido
estudiarla desde un enfoque más empírico. Gracias a la ciencia, hoy se sabe que
el cerebro creativo genera ideas a través de un equilibrio dinámico entre
pensamiento libre (espontáneo y sin restricciones) y control ejecutivo (nos
ayuda a organizar, planificar y tomar decisiones).
¿Por qué, entonces, algunas personas
parecen ser intrínsecamente más creativas que otras? Según la neurociencia, nos
enfrentamos a un fenómeno complejo que surge de la participación conjunta de
diversas redes cerebrales, procesos neuroquímicos y una combinación de
influencias genéticas y ambientales. No hay una única causa que explique por
qué unas personas son más creativas que otras, pero sí hay varios mecanismos y
hallazgos científicos relevantes.
Conectividad entre redes cerebrales
La creatividad se asocia con la
interacción entre tres redes principales del cerebro. En primer lugar, la red
por defecto es la que se activa durante la ensoñación, cuando ponemos en marcha
nuestra imaginación o con el pensamiento introspectivo. Resulta clave en la
generación de ideas espontáneas, asociaciones inusuales y se relaciona con la
generación de ideas nuevas.
En segundo lugar, la red ejecutiva
central está implicada en el control de la atención, la planificación y el
pensamiento lógico. Ayuda a evaluar y seleccionar ideas útiles o viables, es
decir, permite filtrar y seleccionar las ideas más prometedoras.
Y la tercera red implicada, la red de
saliencia, actúa como mediadora entre las otras dos. Es una especie de
«interruptor» entre ambas, que identifica qué estímulos internos o externos son
relevantes y decide cuándo alternar entre el pensamiento libre y el control
ejecutivo.
Estudios científicos basados en el uso
de resonancia magnética funcional han demostrado que las personas creativas
tienen una mayor conectividad funcional entre estas tres redes. Es decir, la
creatividad es el resultado de la colaboración entre áreas cerebrales
diferentes, existiendo un equilibrio entre dos procesos mentales importantes:
la aparición espontánea de ideas y el control cognitivo, o lo que es lo mismo,
la capacidad de evaluar esas ideas para que sean útiles.
Por tanto, un cerebro creativo no solo
genera muchas ideas (pensamiento divergente), sino que también sabe seleccionar
las más útiles (pensamiento convergente). Debido a esto, las personas creativas
alternan eficientemente ambos procesos, utilizando tanto la red por defecto
como la ejecutiva central. Esta capacidad de flexibilidad cognitiva permite
navegar entre la espontaneidad y la evaluación crítica.
Neuroanatomía de la creatividad
En cuanto a las áreas cerebrales
implicadas en los procesos creativos, los expertos han identificado también
tres:
La corteza prefrontal es la zona de
“orquestación” del pensamiento creativo, especialmente en tareas que requieren
evaluar ideas, reformular problemas o pensar de forma flexible. En concreto, su
porción dorsolateral se activa durante el pensamiento convergente, es decir,
cuando el cerebro selecciona la mejor idea entre varias. A su vez, la región
medial de la corteza prefrontal está más relacionada con el pensamiento
divergente e introspectivo, en conexión con la red por defecto. Por lo tanto,
las personas creativas muestran una mejor regulación funcional entre la región
medial del cortex prefrontal y otras redes cerebrales, como la red por defecto,
lo que les permite alternar entre pensamiento libre y control cognitivo.
El cuerpo estriado es una parte
fundamental del sistema de recompensa y en este caso se activa cuando una
persona encuentra una idea novedosa o valiosa generando una sensación de
“revelación”. De esta manera estimula la motivación intrínseca para explorar
nuevas ideas o continuar creando, incluso sin una recompensa externa inmediata.
Facilita, por tanto, la asociación entre ideas previas y nuevas, mediante el
aprendizaje basado en la recompensa.
El sistema mesolímbico, rico en
dopamina, se activa cuando una persona siente placer al crear o descubrir algo
nuevo. Refuerza el comportamiento creativo al hacerlo emocionalmente
satisfactorio. Además, está vinculado con la exploración cognitiva, por lo que
personas con mayor actividad mesolímbica tienen a buscar más variabilidad y
complejidad en sus pensamientos, lo cual es esencial para la creatividad. De
hecho, estudios de resonancia magnética funcional sugieren que la activación de
esta zona predice una mayor fluidez creativa y persistencia en tareas abiertas
(aquellas que permiten múltiples respuestas posibles y sirven para medir la
creatividad en entornos experimentales).
¿Y cómo trabajan estas regiones para
favorecer la creatividad? La red por defecto genera una idea inesperada,
momento en el que el sistema mesolímbico la identifica como una idea
interesante, novedosa o prometedora y produce un pico de “placer por novedad”.
Ahora es el cuerpo estriado el que refuerza esa idea que ha producido un pico
de placer, y la corteza prefrontal analiza si la idea, como tal, es útil o es
necesario modificarla, decidiendo que hacer a continuación. La creatividad, por
tanto, no es solo cuestión de generar ideas, sino de evaluarlas y refinarlas,
disfrutando del proceso.
Neurotransmisores en danza
La neuroquímica cerebral también influye
en la creatividad, especialmente la dopamina, neurotransmisor relacionado con
la motivación, el placer y la exploración cognitiva. Según Ashby y
colaboradores (1999), los niveles elevados de dopamina facilitan el pensamiento
divergente, la fluidez verbal y la flexibilidad cognitiva, todas competencias
fundamentales para la creatividad. Asimismo, se ha observado que estados de
ánimo positivos, los cuales incrementan la liberación de dopamina, pueden
expandir el rango de asociaciones mentales, permitiendo conexiones más
originales entre ideas aparentemente inconexas.
El regulador emocional es la serotonina.
Su papel no está tan bien definido como el de la dopamina, pero al favorecer la
estabilidad emocional y la perseverancia, factores importantes en la
creatividad a largo plazo, también participa en el proceso creativo.
A niveles altos, la noradrenalina
favorece el pensamiento convergente y focalizado, lo cual resulta de utilidad
para evaluar ideas. Esto sugiere que este neurotransmisor modula el cambio
entre creatividad divergente y convergente, según el contexto.
Y como potenciador de la memoria aparece
la acetilcolina. Aunque su relación directa con la creatividad está menos
estudiada, su acción repercute en la fijación y recuperación de recuerdos, lo
cual es primordial para conectar ideas y experiencias durante la creatividad,
puesto que mejora la fluidez de asociaciones mentales.
En resumen, aunque la dopamina sea el
protagonista principal del proceso creativo, no se trata solo de producirla,
sino de tener un equilibrio dinámico entre los múltiples neurotransmisores
responsables del pensamiento libre, la atención, la motivación y la evaluación
crítica. Un exceso o déficit de cualquiera de ellos puede obstaculizar el
proceso creativo.
Factores genéticos y neurodivergencia
La creatividad tiene también una base
genética moderada, según estudios con gemelos, aunque no existe un «gen de la
creatividad». En cambio, ciertos rasgos de personalidad, como la apertura a la
experiencia (uno de los cinco grandes rasgos de personalidad del modelo de los
“Cinco Grandes”), se asocian con mayores niveles de creatividad. Dicha apertura
hace referencia a la tendencia de una persona a ser curiosa intelectualmente,
imaginativa, abierta a nuevas ideas y experiencias e interesada por la creatividad
y la novedad. DeYoung y colaboradores (2010) describieron cómo este rasgo se
relaciona con un mayor volumen en la corteza prefrontal dorsolateral, región
clave en la integración de información compleja.
Por otro lado, algunos estudios sugieren
una posible conexión entre creatividad y ciertas formas de neurodivergencia,
como el trastorno bipolar o el TDAH. En su libro Touched with Fire (1993), K.
R. Jamison, propone que los estados hipomaníacos pueden fomentar la producción
creativa intensa. Shelley Carson (2011), por su parte, sugiere que una menor
inhibición cognitiva (típica en algunos perfiles neurodivergentes) permite
acceder a ideas atípicas o menos convencionales, lo que podría favorecer el
pensamiento creativo.
Entorno y estimulación
Si bien los factores neurobiológicos son
importantes, el entorno también modula la creatividad. Estar expuesto a
ambientes enriquecidos, diversidad cultural, experiencias nuevas o retos
complejos estimula la plasticidad cerebral y fortalece conexiones que facilitan
el pensamiento creativo. La creatividad, en este sentido, no es solo una
cuestión de predisposición, sino también de “nutrición cognitiva”.
Esta capacidad no es algo reservado solo
a unas pocas personas, sino que es el resultado de una serie de interacciones
complejas entre nuestro cerebro, los procesos químicos, nuestra genética y el
entorno que nos rodea. Los individuos más creativos suelen mostrar una mejor
conexión entre ciertas redes cerebrales, tienen un equilibrio óptimo de
neurotransmisores, poseen rasgos de personalidad que favorecen la innovación y,
en algunos casos, tienen características neurodivergentes que facilitan su
capacidad para pensar de forma diferente. Además, el ambiente y las
experiencias de vida también juegan un papel importante en cómo se desarrollan
estas capacidades.
Entender la creatividad desde el punto
de vista de la neurociencia es esencial, no solo para desentrañar sus
misterios, sino también para saber cómo podemos potenciarla.
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