‘Olo’: el color nunca antes visto por la humanidad
19 Mayo 2025
Necesitas saber
Un equipo de investigadores acaba de
generar la percepción de un nuevo color al que han llamado “olo”, y que, al
parecer, nunca había sido visto antes. Los afortunados han sido cinco personas
a quienes estimularon con láser un tipo concreto de sus fotorreceptores.
Antes que nada hay que aclarar que los
colores “no existen” como tales, ya que lo que percibimos en la retina, en el
fondo del ojo, es luz. Allí, nuestros fotorreceptores (los conos) la
transforman en impulsos nerviosos y estos, una vez procesados, son interpretados
por nuestro cerebro como color. Equivale a lo que conocemos como el espectro
visible, una porción muy estrecha del espectro electromagnético.
Concretamente, las longitudes de onda de
la luz responsables de que podamos percibir los colores interactúan con los
conos. Es la mezcla de esa información, dependiendo de qué conos se estimulan,
lo que permite a nuestro cerebro resolver el color (o los colores) que estamos
viendo.
Cuestión de conos
Los seres humanos somos tricrómatas
porque tenemos tres clases de conos: los que responden a las longitudes más
largas (L), que percibimos como rojo; a las longitudes medias (M), que
percibimos como verde, y a las más cortas (S) que percibimos como azul. O sea,
vemos en RGB (siglas del inglés red, green, blue, “rojo-verde-azul”).
En este gráfico se aprecia cómo la
franja de estimulación de los conos M se solapa con las de los S y los L.
Wikimedia Commons
En total, tenemos 6 millones de conos, y
la percepción cromática depende de cómo y cuántos estén activados en cada
momento. Cada objeto absorbe una serie de longitudes de onda y refleja otras,
que se corresponderán con el color que estamos viendo. Gracias a todo esto, los
humanos podemos distinguir alrededor de un millón de colores. Y ninguno es el
que se acaba de descubrir.
Lo que se preguntaron los investigadores
es qué percibiría una persona si sólo se activara un tipo de cono. Para ello
utilizaron un dispositivo que han llamado Oz Vision System (bautizado así en
honor a la Ciudad Esmeralda de la novela de L. Frank Baum El Mago de Oz), un
láser capaz de seleccionar y estimular unos mil fotorreceptores de una sola
modalidad de forma aislada, sin la implicación de los otros dos tipos.
Los científicos estimularon con este
sistema únicamente los conos M (los que responden a las longitudes de onda que
apreciamos como verde) de una pequeña zona del ojo en los cinco participantes
en el experimento. Estos manifestaron haber visto un color azul-verdoso más
intenso que cualquier otro que hubieran percibido antes.
Un experimento único
Los conos para el verde abarcan la zona
media del espectro visible, por lo que su franja de estimulación se solapa con
la de los conos para el rojo (L) y con los del azul (S). En el caso de estos
dos últimos, sí que hay ciertas condiciones “naturales” en las que algunas
longitudes de onda pueden estimularlos de forma aislada, pero debido a ese
solapamiento con los conos L y S, la activación independiente de los conos M no
es posible en condiciones lumínicas típicas.
Por eso, utilizar este tipo de láser que
puede aislar y estimular de forma independiente los fotorreceptores M era la
única forma de comprobar si es posible generar colores que no existen en la
percepción humana habitual.
El nombre del nuevo color está asociado
a la terminología que se usa en código binario, es decir, las combinaciones de
0 y 1 que se emplean para representar datos en informática. “OLO” representa el
número binario 010: de los tres tipos de conos, como solo se activa el tipo M,
se representa como 0 (no se estimula el S), 1 (se estimula el M) y 0 (no se
estimula el L).
¿Cómo puede saber alguien si nunca ha
visto antes un color?
Los sujetos describieron “olo” como un
“azul verdoso con una saturación sin precedentes”. Sin embargo, la percepción
cromática tiene componentes objetivos (déficit para distinguir los colores,
problemas visuales, etc.) y subjetivos. Una persona puede inferir si lo que
está viendo es novedoso o no por comparación con experiencias previas, por
ejemplo, pero esa apreciación entra dentro de la subjetividad.
Para verificar que efectivamente todos
los participantes percibían un color completamente distinto a los ya conocidos,
se llevaron a cabo experimentos de correspondencia cromática, comparando la
percepción de “olo” con la que recibían con un rayo láser de tono verde
azulado, al cual le ajustaban la saturación añadiendo luz blanca. Los cinco
coincidieron en que, al añadir luz blanca a “olo” –es decir, reduciendo su
saturación–, el resultado coincidía con el color del láser. Esto confirmó que
“olo” está fuera del espectro visible conocido para el ser humano.
De todos modos, desde una perspectiva
objetiva y científica, una persona no puede saber con certeza absoluta si un
color que está percibiendo nunca lo ha visto antes, ya que siempre hay un
componente subjetivo difícil de salvar.
Además, no podemos estar seguros al 100
% de que alguien en este planeta, por alguna anomalía en sus conos, tenga la
capacidad de percibir “olo” de forma natural, aunque no sea consciente de ello.
O ¿cómo podemos tener la certeza de que una persona tetracrómata, capaz de
identificar hasta 100 millones de tonalidades en nuestro espectro visible, no
pueda distinguir “olo” sin necesidad de pulsos de microláseres? Es algo
complicado de demostrar.
¿Podemos reproducir “olo” para que todos
podamos verlo?
Es imposible ver “olo” a simple vista.
Por su naturaleza no se puede reproducir ni física ni digitalmente. No hay
estimulación luminosa “natural” que active exclusivamente los conos M de
nuestra retina. Aunque ya podamos encontrar circulando imágenes que dicen
asemejarse al color verde azulado con una saturación muy alta, esa longitud de
onda que representan no puede activar solo nuestros conos M.
En cuanto a las posibles aplicaciones
prácticas de Oz Vision, esta herramienta puede ser muy valiosa en investigación
básica para explorar funciones aún desconocidas de nuestros fotorreceptores, ya
que permite aislar y estudiar grupos específicos de estas células en personas
conscientes, algo que hasta ahora no era posible.
Además, podría ayudar a comprender mejor
los mecanismos que dan lugar a enfermedades visuales en las que se deterioran o
se pierden los fotorreceptores, lo cual abriría nuevas vías para prevenirlas o
tratarlas.
Los autores también sugieren que generar
la percepción de colores novedosos en experimentos con sujetos humanos podría
tener aplicaciones futuras en la creación de nuevas experiencias, enriquecidas
y personalizadas, en la terapia visual o, incluso, en la comunicación y el
arte. Aunque prometedoras, estas aplicaciones aún parecen estar lejos de
hacerse realidad.
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