Nori y wakame: consumir algas marinas podría favorecer la microbiota intestinal y prevenir enfermedades
6 Mayo 2025
Necesitas saber
Ricas en yodo, fibra y antioxidantes,
las algas marinas llevan siglos utilizándose en la gastronomía oriental, y
varias décadas en la occidental. Dos ejemplos populares que muestran su
versatilidad los encontramos en la nori, famosa por envolver los rollitos de
sushi y por su sabor delicado y tostado; y la wakame, habitual en las sopas
como el miso, o en ensaladas frescas, donde aporta una textura suave y
ligeramente gelatinosa. Ambas ofrecen una opción dietética ideal para dar
profundidad umami a caldos, salteados o incluso panes.
Ahora bien, más allá del sabor que
aportan, desde el punto de vista de la salud hay algunas razones para incluir
las algas en la dieta. Entre ellas, que podrían mejorar la microbiota
intestinal.
Una colonia de 100 billones de bacterias
La microbiota intestinal, antes conocida
como flora intestinal, está integrada por una enorme comunidad de
microorganismos –principalmente bacterias, y en menor proporción virus y
levaduras– que habitan en el intestino, sobre todo en el intestino grueso.
Estos microrganismos que componen la microbiota coexisten con el ser humano y
desempeñan un papel esencial en el mantenimiento de la salud.
Entre sus funciones más destacadas se
encuentran la protección frente a patógenos, la producción de vitaminas y
enzimas, el mantenimiento de la función de barrera intestinal y la modulación
del sistema inmunitario.
Asimismo, la microbiota intestinal
también es capaz de fermentar los componentes no digeribles de los alimentos
(como la fibra), generando unos metabolitos conocidos como ácidos grasos de
cadena corta (AGCC).
Estos compuestos ayudan a mantener una
composición adecuada de la microbiota, porque regulan el pH del intestino y el
crecimiento bacteriano. Además, contribuyen a la prevención de diversas
enfermedades debido a su efecto antiinflamatorio y a su capacidad para pasar
del intestino a la sangre.
Un recurso natural casi “virgen”
En este contexto, las macroalgas marinas
representan una fuente prometedora, y aún poco explorada, de compuestos con
potencial prebiótico. Es decir, de compuestos que estimulan de forma selectiva
el crecimiento y la actividad de ciertas bacterias beneficiosas que forman
parte de la microbiota intestinal, ya que sirven de alimento para ellas.
Además, los prebióticos, al ser fermentados por la microbiota, generan AGCC.
Por otro lado, en cuanto a su
composición nutricional, las algas marinas destacan por su alto contenido en
fibra dietética, que en algunas especies puede llegar a superar el 50 % de su
peso seco. Asimismo, también cuentan con una notable presencia de polifenoles y
péptidos.
Estos compuestos pueden favorecer
selectivamente el crecimiento de microorganismos beneficiosos en el intestino y
contribuir a la producción de moléculas clave para la salud, como los AGCC.
Además de los efectos mencionados,
algunos de sus componentes pueden mejorar la barrera intestinal y atenuar
procesos inflamatorios, así como reducir el estrés oxidativo.
Primeras investigaciones y avances
Este impacto positivo en el estado de la
microbiota intestinal, y en última instancia, en la salud de las personas, está
avalado por algunos estudios científicos que, si bien todavía son escasos, lo
cierto es que ya han dado sus primeros pasos.
Así, es posible encontrar diversos
trabajos que sugieren que el consumo de algas podría contribuir a la prevención
de determinadas enfermedades, a través de su efecto sobre la microbiota.
En concreto, uno de esos estudios evaluó
el polisacárido sulfato de ramnan, extraído del alga Monostroma nitidum y
analizó su comportamiento al ser ingerido por ratones y humanos.
En el caso de los roedores, el resultado
fue que este compuesto aumentó el volumen fecal, útil en casos de
estreñimiento, e incrementó las calorías eliminadas a través de las heces, lo
que indica que parte de la energía de los alimentos no se absorbe. Además,
también mejoró los niveles de triglicéridos, colesterol y glucosa en sangre.
Por lo que se refiere a los efectos en
las personas con estreñimiento, la ingesta de este polisacárido hizo que
aumentara la frecuencia de deposiciones sin efectos secundarios. Esto podría
estar mediado por la mejora en la composición de la microbiota intestinal.
Otro trabajo, esta vez un ensayo clínico
realizado en personas con sobrepeso y obesidad mostró que el polisacárido
xilolaminoglucuronano, extraído del alga Ulva spp., disminuía el colesterol y
marcadores de inflamación.
Además, este estudio reveló
modificaciones en la composición de la microbiota, lo que sugiere que parte de
los beneficios podrían estar relacionados con las bacterias intestinales.
Por otro lado, también consta la
investigación de los efectos de la combinación de probióticos (microorganismos
vivos) con algas. En concreto, un estudio focalizado en la mezcla del alga
Laminaria japonica, comúnmente conocida como Kombu, con probióticos, confirmó
que esta combinación mejoraba la microbiota intestinal, aumentando el número de
bacterias beneficiosas.
El efecto sinérgico de la combinación de
los prebióticos procedentes de la Laminaria japónica con los probióticos,
aumentaron los efectos beneficiosos sobre la microbiota intestinal.
Además, se constató que esta combinación
no causaba efectos secundarios ni ninguna otra alteración, lo que indica que su
uso fue seguro.
Posibles riesgos entre tantos beneficios
A pesar de los destacables efectos
positivos que arrojan los estudios mencionados, el consumo de algas podría
tener asociados algunos peligros para la salud. Se debe a que las algas pueden
tener contaminantes, como por ejemplo, metales pesados, que podrían afectar
negativamente a la microbiota y por consiguiente, a la salud.
Además, cuando se consumen sus
componentes aislados, por ejemplo tras ser extraídos y/o concentrados por la
industria, estos se encuentran en mayor concentración que en el alga entera, lo
que puede variar su efecto.
En definitiva, para incorporar este
alimento con seguridad y eficacia en nuestra dieta se ha de tener muy en cuenta
qué especies de algas se han estudiado, así como la cantidad y la frecuencia de
consumo analizada, ya que cada alga tiene una composición particular, que puede
variar en función del lugar y el momento de recolección.
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