Educación 2024/25: los retos de enseñar a usar las tecnologías
4 Enero 2025
Necesitas saber
Una de las cosas maravillosas que
se pueden observar en el Museo de la Evolución Humana de Burgos es cómo la
evolución de las distintas especies del género Homo se
refleja y es, al mismo tiempo, consecuencia de sus distintos utensilios. Cada
nueva tecnología, cada nuevo objeto creado para un uso determinado, obliga a la
mente humana a adaptarse. Desde el hacha más primitiva a los más complejos
artilugios que hemos ido incorporando a nuestras vidas cotidianas a lo largo de
la historia, todo nos ha ido transformando.
El teléfono inteligente y la
comunicación digital son tecnologías muy recientes. Apenas hace unas décadas
que están con nosotros pero ya podemos notar cómo transforman nuestro mundo,
nuestras relaciones y nuestras mentes. Y esa transformación se vive en el
ámbito educativo de manera intensa.
¿Tiempos
‘bárbaros’?
Como en otros momentos históricos,
en el ojo del huracán es difícil ver las cosas con relatividad y distancia.
Quizá dentro de décadas nos acordemos de la ansiedad que nos producía ver a
esos grupos de adolescentes metidos en sus pantallas y sin hablar entre ellos y
nos riamos; quizá lo podamos comparar con el miedo que en su día cuentan que
daba la radio o el cine.
Pero también podría ser que miremos
atrás y nos lamentemos de no haber actuado antes. Que el paralelismo lo hagamos
con el tabaco o el coche, y entonces recordaremos estos tiempos en los que un
regalo habitual de comunión es un teléfono inteligente como tiempos “bárbaros”.
No podemos esperar a que el tiempo
lo ponga todo en su sitio: necesitamos pautas para tomar decisiones hoy, mañana
y pasado mañana. Y en The Conversation seguiremos publicando lo que averiguan
los expertos con humildad, cercanía y rigor.
Algunas familias preferirán
prohibir el móvil completamente y ahorrarse cualquier peligro; otras optarán
por permitirlo con supervisión, información y
mucha comunicación. No hay respuesta única. Hay que ir probando, errando y
encontrando lo que se adecúa mejor a nuestras circunstancias. Pero estar alerta
es indispensable, como lo es tener toda la información y no dejarse llevar por
la presión del grupo.
Limitar
sin dejar de preparar
¿Y en las aulas? Las leyes
educativas y las directrices a nivel europeo y mundial insisten en la alfabetización digital como uno de los
principales objetivos de la educación obligatoria, que es además –o debería
ser– la principal igualadora de la brecha digital. Los adultos del futuro
necesitan saber no solo utilizar estas herramientas, sino hacerlo de manera consciente, crítica y responsable.
Los consensos que se van alcanzando (desde el ámbito pedagógico,
psicológico y neurocientífico) apuntan a que es mejor retrasar el uso del móvil
lo más posible, porque en el momento en que se tiene móvil, aunque sea con
restricciones, los niños disponen de menos tiempo para jugar, para leer y
para relacionarse en persona.
Para colmo, reciben una avalancha de información que les cuesta gestionar.
Las
evidencias que van apareciendo hay que tomarlas con prudencia. Sobre todo
porque parece que las tecnologías no afectan a todos los
niños de la misma manera: mientras que unos disfrutan de la parte
lúdica de este mundo digital sin mayores consecuencias (al menos aparentes),
otros sufren ciberacoso, o caen víctimas de trastornos alimentarios, depresión
o adicción. Estos riesgos son lo suficientemente serios como para que padres y
docentes aprendamos a detectar y gestionar los primeros síntomas y, sobre todo,
aprendamos a enseñarles a usar correctamente la
tecnología. Es decir: prevengamos las consecuencias negativas antes
de que aparezcan.
2024 ha sido un año de debates y
dudas respecto del uso del móvil y de internet en el ámbito familiar y
educativo. Los datos de empeoramiento de la salud mental en menores coinciden
con los años durante los que cada vez más menores, a edades más tempranas, han tenido acceso a internet y redes sociales.
La salud mental empeora también entre los
conocidos como adultos emergentes, como indican datos recientes de universitarios europeos.
Esto lleva a la inevitable pregunta: ¿cuál es el papel del móvil y las redes
sociales en este empeoramiento tan llamativo?
Niños
que no juegan, adolescentes que no leen
Un tercio de los 288 artículos que
hemos publicado en la sección de Educación este año tratan de la relación de
las tecnologías y las redes sociales con el bienestar infantil y juvenil y la
capacidad de aprendizaje, desde enfoques muy diversos.
¿Cuándo y cómo enseñamos a los escolares a entender y gestionar la
avalancha de contenidos digital? ¿Se puede hacer todo esto y, al mismo tiempo, prohibir a los
estudiantes que lleven el móvil a la escuela (o incluso que
tengan móvil)? Algunos estudios apuntan a que es imposible concentrarse
de la misma manera en clase cuando tenemos un móvil cerca
(¡incluso aunque no sea nuestro!). Y hemos entendido que la lectura en
pantalla, o la escritura en teclado, son menos eficaces para
aprender que la lectura en papel y la escritura a mano. Otros expertos proponen
llegar a acuerdos con los propios
estudiantes sobre el uso de los dispositivos en el aula.
Los
expertos en tecnología pedagógica nos pueden ofrecer decenas de ejemplos de un uso de la tecnología no
solo inocuo, sino positivo para el
aprendizaje y para ese espíritu crítico que queremos que
prevalezca entre las nuevas generaciones. Muchos otros advierten: no toda la
tecnología innova ni todo cambio es a mejor.
La
prueba más reciente la tenemos en la inteligencia artificial. Rechazarla o
prohibirla no está funcionando: los estudiantes recurren a ella para
explicaciones, resúmenes y redacciones. Urge que aprendamos a distinguir lo
que ayuda al aprendizaje y lo que es un atajo peligroso que perjudica nuestra
formación y capacidad profesional futura.
¿Tiempos
‘bárbaros’?
Como en otros momentos históricos,
en el ojo del huracán es difícil ver las cosas con relatividad y distancia.
Quizá dentro de décadas nos acordemos de la ansiedad que nos producía ver a
esos grupos de adolescentes metidos en sus pantallas y sin hablar entre ellos y
nos riamos; quizá lo podamos comparar con el miedo que en su día cuentan que
daba la radio o el cine.
Pero también podría ser que miremos
atrás y nos lamentemos de no haber actuado antes. Que el paralelismo lo hagamos
con el tabaco o el coche, y entonces recordaremos estos tiempos en los que un
regalo habitual de comunión es un teléfono inteligente como tiempos “bárbaros”.
No podemos esperar a que el tiempo
lo ponga todo en su sitio: necesitamos pautas para tomar decisiones hoy, mañana
y pasado mañana. Y en The Conversation seguiremos publicando lo que averiguan
los expertos con humildad, cercanía y rigor.
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