Beneficios (y algunos riesgos) de incorporar las algas en nuestra dieta
16 Abril 2025
Necesitas saber
Cuando se habla de algas (macroalgas) marinas en
el ámbito de la alimentación es inevitable no asociarlo a la cocina asiática,
donde su uso está profundamente arraigado en la tradición culinaria desde hace
siglos.
En países como China, Corea o Japón, las algas
forman parte habitual de la dieta diaria, utilizadas tanto como condimento como
ingrediente principal en una amplia variedad de platos.
Sin embargo, en los últimos años estos vegetales
están ganando gran popularidad en la sociedad occidental. Así, cada vez es más
común que se utilicen como base en las ensaladas, sopas o sushi, tanto en
restaurantes como en los hogares.
Entre las especies más conocidas y consumidas
destacan las algas nori (utilizadas comúnmente para envolver el sushi), wakame
(popular en ensaladas) y kombu (empleada para preparar guisos y caldos).
Ricas en macro y
micronutrientes
Si, por un lado, las algas están perfectamente
integradas en la gastronomía – especialmente en la asiática–, desde el punto de
vista nutricional también despiertan un notable y creciente interés. No faltan
razones para ello, ya que se trata de alimentos ricos en nutrientes.
Concretamente, las algas contienen una
interesante cantidad de micronutrientes, por ejemplo, varias vitaminas del
grupo B y minerales como el yodo y el hierro.
Además, poseen proteínas, y aunque su presencia varía entre las distintas
variedades, algunas especies de algas rojas presentan un alto valor proteico.
Por otro lado, las macroalgas incorporan ácidos
grasos poliinsaturados esenciales como los omega 3, destacando
el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA). A esto se
suma su aporte de fibra y su bajo contenido calórico, características que
contribuyen positivamente a la salud.
Y por último, contienen algunos antioxidantes
como los polifenoles. Se trata de moléculas capaces de contrarrestar el estrés
oxidativo, un proceso que daña las células del organismo, acelera el
envejecimiento y favorece la aparición de diversas enfermedades.
Su salud y la del planeta
Además de sus bondades nutricionales, también es
importante apuntar que las macroalgas marinas destacan por su valor en términos
de sostenibilidad ambiental.
No solo presentan una huella de carbono baja, al
liberar poco CO₂ (dióxido de carbono), sino que
también contribuyen a mitigar la acidificación de mares y océanos, un
fenómeno que amenaza gravemente a los ecosistemas marinos y a la diversidad de
organismos que albergan.
A esto hay que añadir que, a diferencia de otras
formas de producción agrícola o ganadera, las macroalgas no requieren de tierra
cultivable, fertilizantes ni de agua dulce, lo que reduce notablemente su
impacto ecológico.
Todo ello ha motivado a la Unión Europea a
impulsar la investigación en torno a las algas
marinas, aumentando el conocimiento científico sobre sus
propiedades y fomentando su aceptación entre la población.
¿Cuáles sí y cuáles mejor no?
A pesar de beneficios para la salud que
proporcionan las algas, debemos ser cautos, ya que muchas especies, como el
alga parda kombu, pueden tener exceso de yodo, lo que hace que su consumo no
sea apto para todos.
Los niveles altos de este mineral en el organismo
pueden afectar a la función de la glándula tiroidea, por lo que aquellas
personas con alteración de la tiroides o que ingieran
medicamentos que contengan yodo deben evitar su consumo.
Tampoco se aconseja en la población infantil,
embarazadas y mujeres en periodo de lactancia, dado que todavía no se conocen
bien los efectos que podría tener el exceso de yodo en estos colectivos.
Además, es importante señalar que las algas
marinas tienen la capacidad de acumular metales pesados presentes en el medio
marino, como el mercurio, el arsénico, el cadmio o el plomo,
lo que podría representar un riesgo potencial para la salud del consumidor.
En este sentido, la Agencia Española de Seguridad
Alimentaria y Nutrición (AESAN) desaconseja el consumo de la variedad hiziki, fácilmente identificable por su color
negro y aspecto filamentoso, debido a su elevado contenido en arsénico.
Aun así, conviene destacar que esta situación no
afecta por igual a todas las especies de algas, y que los niveles de metales
pesados pueden variar significativamente en función del origen geográfico y las
condiciones del entorno marino del que se recolectan.
Una opción con pros y algunos
contras
En definitiva, las macroalgas marinas se están
consolidando como un alimento valioso, tanto por su aporte nutricional como por
su potencial en términos de sostenibilidad.
Sin embargo, no debemos olvidar que, aunque
resulten una elección interesante, su consumo no está exento de riesgos. Por
ello, no se recomienda tomarlas en exceso ni por parte de toda la población.
Además, todavía es necesario realizar más
investigaciones para establecer con rigor en qué medida, qué especies concretas
de algas y de qué procedencias pueden incorporarse de manera completamente
segura a la alimentación humana.
También se requiere seguir avanzando en el
desarrollo de estrategias eficaces que permitan minimizar o eliminar la
presencia de compuestos que resulten tóxicos, garantizando así la inocuidad del
consumo de estos alimentos.
Cláusula de Divulgación
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
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