Un ciclo íntimo que sigue ahondando su solera en Alhaurín de la Torre


20 Abril 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Como señalaba en su alocución inicial Antonio Heredia Bayona, catedrático del Departamento de Biología Molecular y Bioquímica de la UMA, el concierto celebrado ayer, sábado ... 18 de abril, en el Centro Cultural 'Vicente Aleixandre' de Alhaurín de la Torre, dentro del Ciclo de Música de Cámara que él coordina desde sus inicios, era una deuda pendiente. El singular y exquisito programa había sido cuidadosamente planeado para la primavera del año 2020, pero la irrupción intempestiva del virus que todos recordamos y las cautelas que impuso la gestión sanitaria del mismo hicieron su celebración inviable. Ayer, seis años después de su ideación, lo imaginado alcanzó al fin encarnadura sensible. Contenido británico: Edward Elgar (1857-1934) y Frank Bridge (1879-1941), es decir, los dos nombres que pueden considerarse símbolos de la resurrección de la música de su país, del entronque con el tardorromanticismo del continente (Elgar) y la apertura decidida al convulso siglo XX (Bridge, que fue maestro de Britten). Y es que, tras la muerte de Purcell en 1695, las islas no habían dado a luz ni un solo compositor de renombre internacional al mundo: un larguísimo silencio que ha sido atribuido a la influencia abrumadora de Haendel en la segunda mitad del XVIII y a la del Mendelssohn más conservador, el de los oratorios, en la primera del XIX.

El felicísimo acontecimiento tuvo como protagonistas al Cuarteto Ars Nova, un grupo de enclave y procedencia principalmente granadinas, integrado por Emilia Ferriz (violín I), Marina García (violín II), Johan Rondón (viola) y Matthias Stern (chelo), y a la pianista basiliense, que reside gran parte del año en nuestra tierra, Cornelia Lenzin. Sobre el papel, una terna de títulos de esos que no suelen escucharse en los ciclos al uso, logros de valor indiscutible, exigentes en grado sobresaliente, tesoros de invención (y de emoción) habitualmente hurtados al público general. De todas ellas hizo ingeniosa y justa y cálida presentación el chelista del cuarteto, que es también miembro –como Marina García y Johan Rondón– de la Orquesta Ciudad de Granada.

Un Frank Bridge juvenil para empezar

En primer lugar sonó la «Fantasía en fa sostenido menor para cuarteto con piano» (1910) de Bridge, única página del compositor para esta formación, deudora de sonoridades y armonías que remontan a Fauré, y al mismo tiempo expresiva del inteligente sentido de la forma del autor inglés, que aquí se aplica a un tipo de arquitectura, la forma en arco, que cultivaría con intensidad durante su carrera. Enseguida se hizo patente que los integrantes del Ars Nova y Cornelia Lenzin habían abordado el estudio de la partitura con esa voluntad comunicativa que implica siempre profunda reflexión, capacidad de escucha mutua, transparencia de intención y máximo respeto hacia el texto en trance de resucitar. La obra que siguió, la «Fantasía en fa menor para cuarteto de cuerda», que es anterior al cuarteto (1905), puso sobre el escenario a la cuerda al completo, sin el piano, como una suerte de paréntesis más ligero, y en sus tres movimientos encadenados pudimos disfrutar nuevamente de una urdimbre meditada de las voces de la polifonía, de un grado de continuidad notable en aquellos pasajes en los que la música divide el protagonismo melódico entre los instrumentos y de un sentido de la proporción digno de encomio. Fue como una ínsula meditativa, preparación para el mar de fondo que iba a levantarse, imponente, inmediatamente después.

La «pièce de résistance»: un Elgar monumental y ambicioso

La culminación de la velada la puso el «Quinteto con piano en la menor, op. 84» de Elgar, de los años 1918-1919, obra de retórica poderosa, de vasta concepción, marmórea sin pesantez, soberbia con mucho fundamento. Tres movimientos de innegable querencia tardorromántica (Schumann, Brahms, Wagner, pero con un tornasol reconociblemente anglo), de alto fuste, con una escritura pianística de densidad brahmsiana, que puso a prueba la tensión de las cuadernas del grupo en medio de un océano a ratos aullador: Moderato-Allegro de arranque mistérico y sentido desarrollo, Adagio (intervención estelar al inicio de la viola) con una cualidad lírica que los músicos trazaron con mucha sensibilidad, y un Finale en el que el intenso esfuerzo de encaje y precisión rítmica de los cinco magníficos se sobrepuso con solvencia a los innumerables riesgos de la partitura.

En resumen, una velada memorable que pone en evidencia la necesidad y el mérito de iniciativas como las que cada primavera florecen, para bien de todo el universo melómano de la provincia, en la hermosa localidad de Alhaurín de la Torre.