Una exposición en la UMA explora los vínculos entre arquitectura y familia
28 Febrero 2026
Málaga
CdelSol Noticias
Hay casas que no se derrumban aunque el tejado ceda. Casas que, aún combadas por la humedad y el paso de los años, siguen en ... pie por alguien que insiste en sostenerlas. La protagonista de esta historia no tiene voz, pero cruje. No camina, pero resiste. Tiene más de cien años y guarda, entre vigas y cañas fatigadas, una memoria que no acepta la ruina como destino sino como pregunta. En ella, cada grieta es un indicio y cada reparación una forma de afecto.
La sala de exposiciones Chema Cobo de la Facultad de Bellas Artes es el lugar que acoge la historia de esta casa —o cortijo más bien— y Lucía Navas, egresada de la misma y estudiante del Máster de Investigación de Arte y Creación en la Complutense, es quien la cuenta a través de la exposición 'Viga, cimiento; caña, guarda'.
Principalmente fotográfica, la exposición construye un sistema alegórico que disecciona el territorio desde el detalle. La artista desplaza la mirada de lo macroscópico a la microscópico, entendiendo la huella como vía de acceso al espacio. No se trata de ofrecer soluciones ni de cerrar sentidos, sino de habitarlo indeterminado y comprender cómo se generan vínculos emocionales con determinados lugares por el simple hecho de frecuentarlos.
El origen del proyecto no es abstracto. Surge de la rehabilitación de un cortijo familiar de más de un siglo de antigüedad. La reforma, iniciada por los padres del artista, se convierte en detonante creativo cuando la intervención arquitectónica empieza a leerse como lenguaje. «Encontré un terreno muy fértil del que tirar», explica Navas.
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Ñito SalasEl tejado concentra buena parte del relato. Durante décadas fue cobijo; con el paso del tiempo, se convirtió en amenaza. Las vigas de madera comenzaron a deteriorarse, el agua abrió camino y la estructura empezó a combarse. Lo primero que se reformó fue precisamente aquello que parecía condenado a caer. Esa inversión del orden habitual —empezar por arriba para sostener lo que está debajo—, asegura la artista que es lo que articula el sentido de la muestra: restaurar para no transformar en algo distinto, sino para volver al punto de origen.
Conservación y transformación no son términos opuestos. La artista trabaja desde una transformación que lleva implícita la voluntad de preservar. No se trata de convertir la casa en otra arquitectura, sino de mantenerla. De preguntarse por qué alguien decide no dejar que una casa se arruine cuando podría derribarse y empezar de nuevo.
Historia de sus abuelos
La respuesta remite al afecto. No a un afecto que se restaura como una pared, sino a uno que pervive. La casa está impregnada de la vivencia de la madre del artista, nacida y criada en la finca, heredera de una historia que comenzó con sus abuelos. Él, capataz dedicado al cultivo de la caña de azúcar; ella, cuidadora de los antiguos propietarios. La palabra 'caña' del título alude tanto al pasado agrícola de su abuelo como al propio entramado de la casa. 'Guardía', como homenaje a su abuela.
En la sala, las fotografías dialogan con fragmentos materiales del propio cortijo. A Navas le interesa que exista una relación verdadera entre imagen y materia, que aquello que la fotografía señala esté también físicamente presente. La materia «contiene un sentimiento emocional» de la propia casa. Llevarla al espacio expositivo es permitir que el espectador no solo mire, sino que confronte el peso tangible de esa historia.
La ruina no aparece aquí como final, sino como posibilidad de análisis. Más que construir algo nuevo, la artista busca explorar de dónde surge el deterioro y hacia dónde conduce. En un tiempo marcado por la velocidad y la mirada proyectada hacia el futuro, el gesto de elogiar al pasado y construir lentamente se plantea como un acto de resistencia frente a las dinámicas dominantes.
«Quiero que el visitante se sienta perdido», asegura Navas. Sólo al poner en relación las piezas se articulan sentido. Materialmente, define su obra como «una fotografía que va más allá de la superficie», y en lo conceptual, «fría, aunque emotiva y sentimental».
'Viga, cimiento; caña, guarda' no es únicamente la presentación pública de un proyecto académico ampliado y el inicio de una trayectoria individual. Es la constatación de que una casa puede sostenerse sobre algo más firme que la madera o el hormigón. Desde la teja más alta hasta el cimiento más oculto, lo que mantiene en pie este edificio es un vínculo. Y mientras ese vínculo persista, la ruina no será caída, sino memoria en construcción.
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