The New York Times analiza la transformación de Málaga: del éxito turístico y tecnológico al problema de la vivienda


11 Agosto 2026

Málaga

Actualidad

La transformación de Málaga en las últimas décadas ha cruzado el Atlántico para convertirse en protagonista de uno de los grandes diarios internacionales. The New York Times ha dedicado un extenso reportaje a analizar cómo la capital de la Costa del Sol ha pasado de buscar una nueva identidad económica a convertirse en un destino turístico, cultural y tecnológico reconocido internacionalmente.

Pero la mirada del periódico estadounidense va mucho más allá de presentar una historia de éxito.

El periodista Jason Horowitz recorre Málaga junto a su alcalde, Francisco de la Torre, y utiliza esa visita para abordar las dos caras de una transformación que ha cambiado radicalmente la ciudad: por un lado, la recuperación del centro, el desarrollo cultural, la llegada de empresas tecnológicas y el crecimiento turístico; por otro, el encarecimiento de la vivienda, la proliferación de apartamentos turísticos y el temor de parte de sus residentes a que Málaga pierda progresivamente su identidad.

Málaga, bajo la mirada de The New York Times

El reportaje comienza en uno de los lugares que mejor simbolizan el cambio experimentado por Málaga: su puerto.

Francisco de la Torre acompaña al periodista por el entorno del Palmeral de las Sorpresas, una zona portuaria que hoy concentra restaurantes, comercios, espacios culturales y miles de visitantes, y que sirve al periódico estadounidense como punto de partida para explicar la evolución de la ciudad.

Durante el recorrido aparecen vecinos que reconocen el trabajo realizado por el alcalde y extranjeros que agradecen la acogida recibida en Málaga.

Pero rápidamente aparece también la pregunta central del artículo: ¿puede el mismo modelo que ha generado prosperidad terminar provocando problemas capaces de alterar la esencia de la ciudad?

Es precisamente esa contradicción la que vertebra prácticamente todo el reportaje.

Turismo y tecnología: las dos apuestas de Málaga

The New York Times sitúa Málaga dentro de un fenómeno que afecta a numerosas ciudades europeas que han tenido que reinventar sus economías tras décadas de transformación industrial.

En el caso malagueño, el periódico identifica dos grandes motores de crecimiento: el turismo y la tecnología.

La primera estrategia resulta evidente para cualquier persona que haya visitado Málaga durante los últimos años. La recuperación del centro histórico, la apertura de espacios culturales, la renovación del puerto, las conexiones internacionales del aeropuerto y el crecimiento de la oferta hotelera han convertido la ciudad en un destino urbano que complementa al tradicional turismo de sol y playa de la Costa del Sol.

La segunda apuesta se desarrolla especialmente alrededor de Málaga TechPark, convertido en uno de los grandes polos empresariales y tecnológicos del sur de España. El parque cerró 2025 con 29.018 trabajadores y una facturación conjunta de 4.896 millones de euros, reflejando la dimensión que ha alcanzado el sector tecnológico dentro de la economía local.

El reportaje recoge precisamente la visión de su director, Felipe Romera, que destaca la estabilidad política y la estrategia seguida durante las últimas décadas como factores importantes para atraer compañías internacionales.

De Picasso a una ciudad de museos

La cultura ocupa otro lugar fundamental en el análisis.

Málaga ha utilizado durante años su relación con Pablo Picasso como uno de los grandes pilares de su proyección internacional. A partir de ahí, la ciudad ha construido una oferta cultural mucho más amplia, con museos y centros expositivos que han contribuido a modificar la imagen que muchos visitantes tenían de la capital.

El director artístico del Museo Picasso Málaga, Miguel López-Remiro, participa en el reportaje para analizar esta evolución.

Sin embargo, incluso este apartado genera debate.

El activista Kike España, vinculado a movimientos sociales críticos con el actual modelo de ciudad, cuestiona que la figura de Picasso se haya convertido en uno de los grandes símbolos de la nueva Málaga cosmopolita cuando el artista abandonó la ciudad durante su infancia y desarrolló buena parte de su trayectoria lejos de ella.

El contraste resume bien el tono del reportaje: prácticamente cada logro asociado a la transformación de Málaga aparece acompañado por una reflexión sobre sus posibles consecuencias.

La vivienda, la gran preocupación detrás del crecimiento

Si existe un problema que ocupa un lugar central en el análisis de The New York Times es el acceso a la vivienda en Málaga.

El atractivo turístico de la ciudad, la llegada de nuevos residentes internacionales y el crecimiento de las viviendas de uso turístico han coincidido con una fuerte presión sobre el mercado inmobiliario.

El propio Ayuntamiento reconoce desde hace años la necesidad de buscar un mayor equilibrio entre la actividad turística y el uso residencial. En julio de 2025, Málaga superaba las 12.700 viviendas turísticas registradas, con una concentración especialmente elevada en el centro histórico.

Los análisis municipales sobre esta cuestión también han detectado que los barrios sometidos a mayor presión turística presentan precios de alquiler más elevados y una mayor dificultad de acceso a la vivienda para sus residentes.

Es aquí donde el reportaje introduce algunas de las voces más críticas con la transformación malagueña.

Para determinados colectivos vecinales, el problema no reside únicamente en cuánto ha cambiado Málaga, sino en quién puede permitirse seguir viviendo en esa nueva ciudad.

“Málaga no se vende”: la respuesta de parte de los vecinos

El artículo recuerda también las movilizaciones que durante los últimos años han llevado la vivienda al centro del debate público.

Uno de sus protagonistas es nuevamente Kike España, que participó en la organización de la gran manifestación celebrada en Málaga el 29 de junio de 2024, en la que miles de personas reclamaron soluciones ante el encarecimiento del alquiler y el impacto de la turistificación.

Mensajes como “Málaga no se vende, Málaga se defiende” se han convertido desde entonces en una de las expresiones más reconocibles del movimiento crítico con el modelo turístico de la ciudad.

The New York Times utiliza este escenario para mostrar una Málaga muy distinta a la que aparece habitualmente en las campañas turísticas: residentes preocupados por el precio de la vivienda, barrios que cambian de población y un centro cada vez más orientado a quienes visitan la ciudad durante unos días.

Francisco de la Torre defiende el modelo de ciudad

Buena parte del reportaje gira alrededor de Francisco de la Torre, alcalde de Málaga desde el año 2000 y figura inseparable de la transformación experimentada por la ciudad durante este siglo.

El regidor rechaza que pueda atribuirse exclusivamente al Ayuntamiento el problema de la vivienda y relaciona parte de las dificultades actuales con cuestiones que superan las competencias municipales, especialmente la falta de construcción de nuevas viviendas.

Al mismo tiempo, la presión sobre el mercado inmobiliario ha obligado al Ayuntamiento a adoptar y estudiar nuevas medidas para limitar el crecimiento de los alojamientos turísticos en las zonas más saturadas.

El debate tendrá además continuidad política. De la Torre ha confirmado su intención de volver a concurrir a las elecciones municipales de 2027, por lo que cuestiones como vivienda, turismo y crecimiento urbano previsiblemente volverán a situarse entre los principales asuntos de la campaña.

¿Víctima de su propio éxito?

La pregunta que plantea The New York Times no tiene una respuesta sencilla.

Málaga es hoy una ciudad con una presencia internacional muy superior a la que tenía hace apenas dos décadas. Ha recuperado espacios urbanos, multiplicado su oferta cultural, atraído inversiones y compañías internacionales y conseguido posicionarse en un competitivo mercado europeo de destinos urbanos.

Al mismo tiempo, ese éxito ha contribuido a generar nuevas tensiones.

El aumento del atractivo de Málaga eleva la demanda de viviendas, atrae inversión exterior y multiplica la presión turística sobre determinados barrios. La misma ciudad que resulta cada vez más interesante para quienes quieren visitarla, invertir o instalarse en ella puede convertirse en un lugar más difícil de asumir económicamente para parte de quienes ya vivían allí.

Ahí está precisamente la contradicción que convierte el caso de Málaga en interesante para un periódico internacional.

Una transformación que también afecta a otras ciudades europeas

El debate que recoge el diario estadounidense trasciende Málaga.

Lisboa, Barcelona, Ámsterdam, Venecia y otras grandes ciudades europeas llevan años intentando encontrar un equilibrio entre turismo, inversión, vivienda y calidad de vida de los residentes.

Málaga se incorpora ahora plenamente a esa conversación.

Durante años, la prioridad fue conseguir que la ciudad fuese conocida fuera de España, atraer visitantes y diversificar una economía históricamente afectada por elevados niveles de desempleo.

Ahora el desafío parece diferente: cómo gestionar el éxito una vez conseguido.

El reportaje deja así una imagen de Málaga mucho más compleja que la de una simple ciudad turística. Es un territorio en transformación donde conviven el crecimiento tecnológico, los museos, los nuevos residentes internacionales y una extraordinaria proyección exterior con los problemas de vivienda, saturación turística y pérdida de comercio y vida residencial que preocupan a parte de sus habitantes.

Y quizá sea precisamente esa tensión la que mejor explica el momento actual de la capital de la Costa del Sol: Málaga ya ha conseguido transformarse; la gran pregunta ahora es qué tipo de ciudad quiere ser en el futuro.

El análisis completo que ha situado este debate malagueño ante una audiencia internacional puede consultarse en el reportaje original publicado por The New York Times.