Pepe Alarcón, el niño del cortijo que dirigió el hotel clínica de lujo de Marbella


22 Junio 2026

Marbella

CdelSol Noticias

Empecé a trabajar en Incosol en mayo de 1973, semanas después de su inauguración. Para ese día todos los trabajadores tenían una credencial; a mí no me llegó y no pude estar allí. Yo decía que me echaron porque venía Franco. Permanecí más de treinta y tres años en Incosol y tuve el privilegio de dirigirlo durante ocho años. Fui un afortunado por ambas cosas y por cuanto me ha ocurrido en la vida, que de una u otra forma tiene que ver con Incosol, dice Pepe Alarcón.

No tengo estudios. Soy hijo de labriego, vivíamos en el cortijo de los Martínez hasta que los dueños vendieron los terrenos. Yo tenía ocho años, la Guardia Civil nos puso los muebles, bueno, el botijo y poco más, en la calle. Nos echaron vilmente para hacer la urbanización El Rosario. Fuimos a vivir con mis abuelos a un cortijo vecino, Ricmar, hasta que compramos una casa en Santa Marta y nos vinimos para aquí. Me he criado en el campo; venía al colegio a Marbella y me quedaba en casa de una tía. Empecé en el Instituto Técnico de Marbella (Río Verde) y antes de los catorce años tuve que dejarlo y ponerme a trabajar porque mi familia lo necesitaba, no llegábamos.

Cena de Hermandad de San Bernabé. / Archivo personal.

Tuve un tío, José Alarcón Moreno, que ha sido tratado como héroe hasta sus últimos días. Fue distinguido con la máxima condecoración de Francia en tiempos de la II Guerra Mundial. Cuando estaba haciendo el servicio militar, su regimiento se declaró fiel a la II República, pasó a Francia y se alistó en la Legión Extranjera. Sirvió a las órdenes del mariscal Bernard Montgomery en el primer cuerpo de ejército de la Francia Libre. Participó en las batallas del norte de África; en el desembarco de Sicilia y resultó herido de gravedad en la toma de Montecassino (Italia). Fue uno de los cinco soldados que sobrevivieron de su regimiento español. Alguna que otra vez vino de visita, aunque quiso morir en la Francia que tanto honor le dio.

Trabajé en el Sport Club, un pequeño hotel en el club marítimo, que regentaba la familia de Ignacio Coca, a través de Los Monteros. En Incosol empecé en el departamento de contabilidad como auxiliar administrativo, fui facturista del restaurante y de la policlínica. Con 17 años ya hacía la contabilidad analítica de Incosol, se me daba muy bien. Después fue el control de pagos de proveedores. A finales de 1983 llegaron los ordenadores y la informática a los hoteles. En administración se hizo una prueba para ver quién era el más cualificado y me cogieron a mí. Seguí en la administración, al tiempo que me dediqué a informatizar todo el centro, nóminas, contabilidad, recepción, reservas, policlínica. Entendí que Incosol era muy peculiar, no era un hotel ni era una clínica, sino ambos.

Con Juanito Oirzabal / Archivo personal.

Cristóbal Martínez-Bordiú, el marqués de Villaverde, era la fachada de la clínica; un relaciones públicas. Tener al yernísimo de Franco le propició a la clínica captar muchísimos inversores, pequeños accionistas de Incosol entre los médicos españoles. La inversión les salió rana, hasta muchos años después no dio sus frutos. Al marqués lo he visto dos o tres veces, venía con su historia y se acabó. Christiaan Barnard [el médico sudafricano que realizó el primer trasplante de corazón] vino una vez invitado por Martínez-Bordiú. Más frecuente era la presencia de Augusto Gianoli, un médico suizo que en aquellos años hacía tratamiento con células de cordero. [Con la copa de Chivas Regal en mano, aseguraba retrasar la vejez mediante la inyección de células vivas de embrión de cordero]. Y también fueron bastantes las visitas de la doctora rumana Ana Aslam, que traía el tratamiento Gerovital [H3 para renovar las células envejecidas, e hizo de la procaína —un anestésico con múltiples propiedades terapéuticas— una aliada para combatir el envejecimiento].

Con su tío José Alarcón en París. / Archivo personal.

El proyecto Incosol de Ignacio Coca lo hizo un gran desconocido, mi maestro Agustín Picazo. Nunca se le ha reconocido lo que este hombre hizo en la hostelería. En 1969 ideó Incosol, un centro que no existía. Había clínicas de salud en la Selva Negra de Alemania y en Suiza. Tuve el privilegio de ver su primer borrador, en el que describió con todo lujo de detalles cómo serían todas las instalaciones de la clínica Incosol. Los que nos decimos expertos en turismo de salud no somos más que meros aprendices de lo que este hombre ideó y llevó a cabo.

En 1969, cuando le presentó el dossier a Coca, en Marbella no había clínicas ni hospitales. Los Monteros era un hotelazo con campo de golf y se le ocurrió complementarlos con una clínica de lujo. Picazo hizo viajes por medio mundo y se dio cuenta de que solo la clínica no funcionaría. De ahí que la clínica tuviera un hotel, que conociera la escuela finlandesa de masajes e incorporara spa y fisioterapia. Recorrió en California los spas, los masajes de agua y así surgió Incosol. El proyecto supuso una inversión de 23 millones de pesetas en terrenos y otros 200 millones en una obra faraónica, todo muy bien dotado bajo la supervisión de Picazo.

En el departamento de contabilidad de Incosol. / Archivo personal.

El proyecto concebía un hotel de cinco estrellas con una clínica muy especializada, de la mano del doctor Gianoli y las técnicas del masaje finlandés. Con salas de rayos X, laboratorios de análisis clínicos; tuvimos la primera UCI de la zona, en la habitación 705. Médicos de Granada instauraron la dieta mediterránea, que propició la escuela de Incosol baja en calorías, con auténticos profesionales de la gastronomía. Se derivó también a tratamientos de obesidad; fuimos pioneros en el turismo de salud.

Teníamos 192 habitaciones que las ocupábamos sin departamento de reservas, turoperadores ni agencias de viajes. Los clientes eran muy buenos y fieles; llamaban y preguntaban: “¿Mi habitación está libre?”. Repetían porque les ofrecíamos una privacidad absoluta, un pacto de silencio entre los empleados. El primero fue el actor James Stewart Granger de Las minas del rey Salomón. Estuvieron los príncipes de Mónaco, Grace y Rainiero; el rey Fahd; Salvador Dalí; Paquirri; Lola Flores; jefes de Estado; miembros de la realeza, la aristocracia española, inglesa y europea.

Pepe Alarcón, antiguo director del hotel Incosol. / Archivo personal.

Hasta que la crisis de los años noventa y posteriores nos llevaron por delante. La clínica ha tenido muchos problemas porque nació sin financiación, descapitalizada, con un capital social que solo era de cien millones. Mientras estaba Ignacio Coca, su banco le daba créditos a sus empresas. Incosol empezó a tirar para arriba, pero tenía atrás una carga tremenda. Luego se produjo la fusión con Banesto y la muerte de Coca; comenzó la subasta de las empresas y entonces empezamos a arrastrarnos. La familia Coca tenía el establecimiento como prenda, fue embargado y estuvimos batallando. Banesto nos vendió, empezó la crisis y las huelgas.

En 1996 solo nos quedaba resurgir o morir. Lanzamos un programa médico que llamamos Renacimiento; estaba dirigido al propio personal, al cliente y a la empresa. Funcionó.Yo era entonces el jefe de contabilidad, lo ideamos con el médico; el que hacía de jefe de recepción y el de conserjería. El papel de los dos últimos era importante porque ellos escuchaban lo que decían los clientes; el del doctor Guijarro para dotarlo de contenidos que funcionaran y yo para ponerle números.

En 1997, a Incosol lo compró una empresa vasca y me nombró director adjunto del hotel, lo fui dos años. En 2000 me hice cargo de la dirección del hotel, sin la policlínica, que estaba a cargo del doctor Guijarro. Para mí fue una época dorada; trabajaba con plena libertad y creatividad. Se hizo entonces la reforma de Incosol, de arriba abajo. Tuvimos una plantilla de casi 400 personas. Nos propusimos obtener la quinta estrella de Incosol, que tenía cuatro, y la conseguimos, me siento un impulsor de ello. Fuimos el único establecimiento, hotel, clínica y spa en conseguir el certificado de calidad ISO 9001:2000. Hasta 2006, estuvimos dando buenos números. La propiedad quiso que alguien de la familia estuviera en la dirección y yo sobraba, me fui. Siete meses después, un grupo compró el hotel y volví como director general de explotación.

Durante la gala de los premios CIT. / Archivo personal.

Camilo José Cela fue uno de los clientes que más traté y con él alcancé un acuerdo. Le proporcionábamos sus estancias a cambio de que nos dejara usar su nombre. El salón principal de Incosol se llamó Camilo José Cela; el intercambio incluía la presentación de un libro, un tanto raro: Cuaderno de El Espinar, doce mujeres con flores en la cabeza. Eran trece historias de mujeres, que venían acompañadas de trece esculturas de cabezas de señoras. [Cela murió en enero de 2002. Su mujer, Marina Castaño, fue la encargada de presentar en Incosol en julio de ese año el libro inédito y las esculturas de bronce que Cela recreó, para cumplir con el acuerdo].

En 1978, en los salones de Incosol Alfonso de Hohenlohe charlaba con el príncipe Fahd de Arabia Saudí, en su primera visita a Marbella. Alquiló más de la mitad de las habitaciones del hotel, la Casa Real española mandó a miembros de la Guardia Real como escoltas y seguridad del príncipe. Durante una de las rondas de vigilancia nocturna, un agente de la Guardia Civil perdió pie y se cayó a la piscina. La facturación de esa visita, durante años, se mantuvo como la cifra récord de la producción de Incosol. La vinculación de Incosol con la casa real saudí continuó a lo largo del tiempo durante todas las visitas que hizo el rey Fahd a Marbella.

En agosto de 2002 fue la última; se reservaron 160 habitaciones del hotel, se cambiaron las moquetas y toda la decoración de una planta en una noche. El sucesor de Fahd, el príncipe Salman, se alojó con su séquito en la habitación 911, la suite real, durante un mes y pico. Era un aquelarre, 24 horas con todos los servicios abiertos y funcionando: la cocina, restaurantes, las salas de masajes, todo. La vida del árabe en verano era mucho más nocturna, dormían hasta tarde y por la noche tenían mucha actividad. Pagaban, el empleado ganaba dinero, ellos estaban muy bien atendidos; todos contentos. Creamos un equipo de cuatro personas dedicadas a su atención, trabajábamos sin descanso. Corría bastante dinero, las facturas eran tremendas.

Los profesionales de salud y belleza de Incosol atendieron a la reina Luna en el Palacio de Marbella, donde se instalaron los mismos equipos que teníamos en Incosol. Al palacio se desplazaban a diario una doctora, una masajista, una especialista en estética y una monitora deportiva. Tres técnicos de Incosol instalaron en Riad (Arabia Saudí) cuatro bañeras de hidromasaje exclusivas de la clínica.

Un día me enteré de la campaña Un euro por una vida, que hacía Unicef para llevar dosis de vacunas contra la polio a África. Compañías americanas ya colaboraban con un dólar por estancia y se me ocurrió hacerlo. Un euro diario para Unicef; el 99% de clientes lo aceptaba de buen grado. Entre 2001 y 2007 celebramos seis galas benéficas con una buena recaudación para Unicef. La organización le concedió la medalla de honor a Incosol por la campaña y al año siguiente la filial de Andalucía, nos la dio a las 30 personas voluntarias que esa noche trabajaban para la gala y a mí. En este tiempo he sido miembro de la junta directiva de Aehcos y del Consejo Andaluz de Turismo de la Junta de Andalucía, fueron cuatro años que no valieron para mucho, que nadie nos hacía caso. Actualmente, soy tesorero de la Hermandad de los Romeros de San Bernabé, que tiene 360 miembros, y que también colabora con Cáritas y las campañas de recogida de alimentos.