Pepe Baena, el pintor que arrasa con sus cuadros de desayunos: «Pinto la vida que me rodea»


26 Mayo 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Julio J. Portabales

25/05/2026 Actualizado a las 22:53h.

«¡Qué realista!», «A mí me han entrado ganas de una cerveza», «Fíjate en los detalles»... Así eran algunas de las valoraciones que se escuchaban ... entre el público que se paseó por las pinturas del gaditano Pepe Baena en una nueva cita del Aula de Cultura de SUR, organizada por este periódico con la colaboración de Fundación Unicaja.

El artista, conocido por sus bodegones hiperrealistas de Cola Cao con galletas, churros, molletes o tortas de Inés Rosales, participó en un diálogo abierto con el periodista Alberto Gómez en el patio del Centro Cultural Fundación Unicaja, antiguo Palacio Episcopal, acompañado además de una exposición efímera con algunas de sus obras más reconocidas.

Baena, como sus cuadros, no se ajusta del todo a los estándares habituales. Su llegada a la pintura fue tardía, con 31 años, y su aprendizaje, autodidacta. Reconoce que de pequeño el mundo del arte llamó varias veces a su puerta, aunque entonces nunca le prestó demasiada atención. Su camino parecía ir por otro lado.

De hecho, estudió Imagen y Sonido y ahora mismo sigue trabajando como cámara en la Diputación de Cádiz. Sin embargo, las gamas, los colores y los encuadres empezaron poco a poco a ganar terreno. Lo que comenzó como una afición a los 31 años ha terminado convirtiéndose casi en su principal ocupación a los 47. «Ha acabado siendo un segundo trabajo que ya está siendo casi el primero», reconoció.

Aunque su gran pasión es la pintura, Baena aclara que su trabajo como cámara también le gusta, pese a que a veces pueda resultar algo tedioso. «A veces estás grabando a un político y dices: '¿Qué hago aquí? Podría estar pintando'», comentó con el tono burlesco y desenfadado que marcó buena parte de la entrevista.

Flor Gómez, directora de Comunicación de Fundación Unicaja; el artista Pepe Baena; y el periodista Alberto Gómez, durante el evento. (Ñito Salas)

Su obra, además, destaca por mirar de frente a lo cotidiano, aunque también le ha abierto la puerta a encargos relacionados con personajes conocidos, sobre todo vinculados a Cádiz. Entre ellos figuran el retrato del que fuera ministro de Justicia Juan Carlos Campo o el del exentrenador del Cádiz CF Álvaro Cervera, quien le pidió que lo pintara tras su destitución. Fue un trabajo especialmente emotivo para el artista por su estrecha vinculación sentimental con el equipo amarillo.

Todos sus cuadros comparten un rasgo que define bien su manera de entender la pintura: nacen desde dentro. Baena defiende que necesita sentir lo que pinta para poder añadir esos detalles que dan autenticidad y espontaneidad a sus obras. Por eso admite que, cuando un encargo no le mueve, prefiere no aceptarlo. «Que salga un cuadro de tu estudio que a ti no te gusta es pan para hoy y hambre para mañana», explicó.

Público joven

Uno de los aspectos que más llama la atención de su trayectoria es la facilidad con la que conecta con el público joven. El boca a boca y las redes sociales se han convertido en sus principales canales de difusión. «A mí me ha venido gente joven a decirme que era la primera vez que compraban un cuadro y eso es muy bonito», contó Baena, que vive con la misma ilusión la venta de una obra a galeristas como Leandro Navarro que a un grupo de chicos que se acerca por primera vez al mundo del arte.

En la misma línea, las redes le han permitido llegar a una comunidad de aficionados que valora su trabajo, aunque sus cuadros también rompen con parte del escaparate habitual de esos espacios digitales. Frente al postureo de los desayunos con aguacate, Baena pinta el ColaCao de toda la vida, las cervezas, los pescados, las galletas de Dinosaurios o cualquier escena reconocible de una vida corriente.

«Voy pintando la vida que me rodea y es la vida de una persona normal que vive en Cádiz», comentó el artista. En su opinión, buena parte del éxito de sus cuadros está precisamente ahí: en que el espectador se reconoce en ellos. «La gente los mira y le recuerdan a su vida, y creo que por eso les gusta», añadió.

El proceso creativo de Baena: «Veo algo, le hago una foto, lo guardo en el móvil y luego lo paso a pintura»

Su cercanía al mundo audiovisual también influye en su forma de trabajar. Baena no parte de grandes bocetos ni de procesos solemnes. Muchas veces todo empieza con una fotografía tomada con el móvil. «Antiguamente los pintores veían algo y hacían un pequeño esquema. Yo no: veo algo, le hago una foto, lo guardo en el móvil y luego lo paso a pintura», explicó.

Detrás de esos bodegones reconocibles de ColaCao, cervezas, pescados o galletas aparecen también los retratos, una faceta en la que reconoce que está insistiendo más en los últimos tiempos y que resulta especialmente importante para él. Sobre todo, cuando los protagonistas son alguno de sus tres hijos.

Cada uno de ellos tiene ya un retrato pintado por su padre, aunque Baena bromeó con que hay más versiones. «Al principio les hacía fotos para pintarlos y me decían: 'Papá, deja de hacerme fotos'. Ahora se pican para ver quién vende más de ellos», contó entre risas. El comentario resumió bien el espíritu de una charla cercana, divertida y muy parecida a sus cuadros: cotidiana, reconocible y llena de detalles.

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