«Vivir en la calle fue un trauma que quiero transformar en algo positivo, en ayudar a los demás»
14 Mayo 2026
Málaga
CdelSol Noticias
13/05/2026 a las 23:58h.
«Yo viví más de un año y medio sin hogar, durante el Covid. Con problemas de salud mental. Con traumas que me superaban. Hubo ... días en los que lloraba tirado en el suelo, sin poder levantarme, sin saber cómo salir de ahí». Así comienza el discurso que tiene preparado para pronunciarlo durante el próximo pleno del Ayuntamiento de Málaga, previsto para el 28 de mayo. Quiere hablar ante el alcalde y los concejales y está luchando por cualquiera de las opciones que existen para poder hacerlo: que algún grupo político presente una moción con sus reclamaciones, que lo arrope alguna organización humanitaria y lo acompañe a La Casona del Parque ese día o, si estos intentos resultan infructuosos, está dispuesto a presentarse en solitario para que lo escuchen los políticos, aunque sea de manera informal. A todos va con una primorosa carpeta con la propuesta y la documentación que se ha trabajado.
Su nombre es Alejandro Doña García, tiene 32 años, y la causa que le mueve es la de las personas sin hogar con enfermedad mental grave, «que es lo más bajo entre lo bajo», dice: «Si ya de por sí es bajo estar en la calle, imagínate con una enfermedad mental grave». Son personas, ilustra, que quizás dan miedo porque caminan medio desnudas, o porque van pegando voces en medio de la calle. «No tienen conciencia de su enfermedad y no van a entrar en razón por mucho que las quieras llevar a un centro. Ésa no es la solución. Así que hay que adaptar el sistema, porque ahora mismo está un poco obsoleto», asegura.
Junto a la intervención que ha preparado para declamarla en el pleno, ha elaborado un documento con sus propuestas para mejorar la atención a las personas sin hogar con trastorno mental grave. Ahí identifica los déficits del esquema actual de actuación: la dificultad del acceso real a los recursos que existen para este colectivo, la insuficiente intensidad en la intervención en calle, la escasez de plazas en los programas específicos con viviendas de apoyo, así como la elevada tasa de abandono o el rechazo que suscitan los itinerarios de inserción entre los afectados. Y plantea medidas: el refuerzo de la intervención en calle con equipos de atención directa con perfiles especializados en salud mental, la creación de equipos de «enganche» para generar un vínculo humano entre los profesionales y las personas en situación de calle más reacias, el aumento del número de viviendas destinadas a personas con trastorno mental grave, un acompañamiento intensivo y continuado, la coordinación entre los servicios sociales municipales y el sistema público de salud mental y la adaptación de los modelos de atención a la realidad de estas personas reduciendo las exigencias burocráticas, por ejemplo.
Alejandro Doña García, en un momento de la conversación con SUR. (Marilú Báez)En lo que se ha preparado para leer en el pleno lo sintetiza así: «Les pido tres cosas muy concretas: más intervención en calle especializada en salud mental y constante en el tiempo; más viviendas con apoyo, porque nadie se recupera en la calle; y más coordinación real entre servicios sociales y sanitarios». Y añade, también, para abordar el acercamiento al colectivo que está empeñado en defender: «Cuando alguien no puede cumplir las normas, muchas veces no es falta de voluntad. Es enfermedad. Y una ciudad justa no deja atrás a quien no puede seguir el ritmo».
«Cuando alguien no puede cumplir las normas, muchas veces no es falta de voluntad. Es enfermedad. Y una ciudad justa no deja atrás a quien no puede seguir el ritmo»
En su conversación con SUR incide en la importancia de los pisos, en el 'Housing First', una política de intervención social con cada vez más respaldo que consiste en, antes de nada y sin condiciones, proporcionar un hogar seguro a las personas sin techo: «En la calle la gente no se recupera ni de los problemas de alcohol ni de las enfermedades mentales. Tiene que ser en una casa y con seguimiento y apoyo profesional. Un albergue tampoco es el sitio: están saturados y en ellos sigue habiendo trapicheo de drogas, peleas… No es un ambiente propicio».
Alejandro Doña habla desde su propia experiencia y, precisamente, cita a este diario en el parque Juan Pablo II, junto al colegio Hans Christian Andersen, al que cuando él mismo era una persona sin hogar iba a pensar, a meditar, y a buscar inspiración en esa inscripción «La unión hace la fuerza» plantada en el muro que rodea al centro escolar. «Esta propuesta sale de las experiencias que he tenido que vivir en la calle, porque yo estuve casi dos años viviendo en la calle. Todo esto sale de lo que iba observando y sufriendo también en mis propias carnes, de estar muchas veces también derrumbado en el suelo llorando. Todo eso lo quiero transformar en algo bueno, con propósito, para ayudar a los demás», explica.
Imagen. (Marilú Báez)El chico acabó viviendo en la calle porque se fue a Alemania a trabajar y cuando volvió se encontró con que las multas de tráfico que había dejado previamente impagadas se llevaron por delante sus ahorros. Acudió a la Casa de la Buena Vida, en La Palmilla, donde estuvo un mes y medio, hasta que lo echaron, y acabó entonces sí literalmente en la calle en marzo de 2020, justo cuando comenzaba la pandemia.
Confiesa que al trauma de estar a la intemperie se sumaba al sentimiento de abandono que lo acompaña desde la complicada infancia que sufrió: «Esa herida del pasado se me activó de nuevo. De hecho, se me activa muchas veces cuando socializo y me asaltan todas las inseguridades, pero ahora ya sé lo que es, ya sé lo que me pasa».
«Me creé la fantasía de que ésa iba a ser mi vida, que iba a vivir de ese modo medio hippie, medio bohemio, medio sin techo»
Pero, sobre todo, está orgulloso de que ha sido capaz de transformar su dolor y sus malas experiencias en algo positivo, en su vocación de ayudar a los demás. Incluso cuando estaba en situación de calle dice haber actuado a modo de Puerta Única, dirigiendo a sus compañeros sin hogar a los recursos que existen. Y eso que no esconde que estar a la intemperie lleva a «perder dignidad»: «Te sientes en un hoyo y es muy difícil salir». Por eso recurría al autoengaño: «Durante esos casi dos años yo estaba en mi mundo. Me creé la fantasía de que ésa iba a ser mi vida, que iba a vivir de ese modo medio hippie, medio bohemio, medio sin techo. Me tuve que creer esa historia que yo me contaba para dejar de lado esa realidad de que estaba tirado en la calle y sobrevivir».
Imagen. (Marilú Báez)Dormía en El Corte Inglés, comía en diversos comedores sociales… de vez en cuando veía a su padre que le daba algo de dinero… Hasta que llegó ASAEC (Asociación Solidaridad Asistencial En Compañía), le ofreció ayuda y él la aceptó. Le pagaron un hostal en El Palo. «Lo determinante no fue el techo, fue el acompañamiento, y participar en el voluntariado me dio un propósito». Pero pronto le salió otro trabajo en Alemania y se volvió a ir. De hecho, en los últimos tiempos ha estado yendo y viniendo de ese país, pero ya con una vida «normalizada», fuera de la calle. La última temporada que estuvo en Alemania trabajó en Amazon y regresó a Málaga con dinero y con la determinación de reconstruir su vida, sacarse la ESO, entrar en la Universidad para mayores de 25 años y estudiar Trabajo Social y Educación Social, porque de su vida le viene la vocación: «Con lo que he vivido me he dado cuenta de que tengo esa empatía o esa cercanía con las personas más vulnerables».
Mientras tanto, trabaja los fines de semana en un chiringuito, se ha apuntado a atletismo y sigue colaborando con ASAEC o Fundación Harena, entre otras organizaciones. Como pretende decir en el Ayuntamiento el próximo 28 de mayo, hoy Alejandro Doña trabaja, estudia, hace deporte y ayuda como voluntario. «Salir de la calle no debería depender de la suerte. Debería depender de un sistema que funcione de verdad», insiste, porque, más que de él mismo, de lo que habla es de su propósito, no se desvía de su misión. Él sabe que cuando se está en la calle porque una enfermedad mental le ha llevado a alguien a no tener ni estabilidad emocional ni económica ni de ningún tipo o cuando ha sido un bache laboral el que conduce a una honda depresión y este combinado a perder la casa es difícil seguir normas: «No puedes cumplir citas, no puedes adaptarte a un sistema que exige estabilidad cuando tú estás completamente roto. Por eso hay personas que hoy siguen en la calle. No porque no haya recursos. Sino porque esos recursos no están pensados para quienes más lo necesitan». Es el toque de atención que Alejandro Doña quiere llevar al Consistorio en unos días alumbrado con la luz de su propia experiencia.
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