Ni la contaminación frena al ejercicio como 'la mejor medicina'


5 Mayo 2026

Marbella

CdelSol Noticias

La actividad física continúa siendo una herramienta clave para la salud, incluso en entornos urbanos con altos niveles de contaminación del aire. Así lo concluye un estudio liderado por investigadores del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, que analiza si los beneficios del ejercicio compensan los riesgos de respirar aire contaminado durante su práctica.

El trabajo, publicado en la revista Open Respiratory Archives, ha contado con la participación de Pilar Cejudo, del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS) y el Ciberes del Instituto de Salud Carlos III. Los datos de partida indican que uno de cada tres adultos y el 81% de los adolescentes no realiza suficiente actividad física, mientras que cerca del 90% de la población mundial respira aire con niveles de contaminación superiores a los recomendados. Este doble problema plantea un “paradigma fisiológico” para la salud pública.

Los autores explican que hacer ejercicio en entornos urbanos contaminados puede tener efectos negativos a corto plazo, especialmente sobre el sistema cardiopulmonar. Durante la actividad física aumenta la ventilación y se respira más por la boca, lo que reduce la capacidad de filtrado natural de las vías respiratorias. Esto favorece la entrada de partículas finas y gases nocivos en los pulmones, incrementando la inflamación, el estrés oxidativo y síntomas como la tos o la opresión torácica.

Además, la dosis de contaminantes inhalados puede multiplicarse hasta por cuatro durante el ejercicio, especialmente si es intenso o prolongado. Sesiones de más de dos horas en condiciones de mala calidad del aire se asocian con una disminución de la función pulmonar y un aumento de la inflamación de las vías respiratorias.

Sin embargo, el estudio sostiene que los beneficios del ejercicio físico superan, en términos generales, los efectos perjudiciales de la contaminación. De hecho, mientras la exposición al aire contaminado incrementa el riesgo de mortalidad en torno a un 36%, la práctica de ejercicio lo reduce en un 26% incluso en esas condiciones (frente a un 31% en aire limpio). El impacto es especialmente relevante en personas con enfermedades respiratorias crónicas, como la EPOC o el asma.

En estos pacientes, la contaminación no solo agrava los síntomas respiratorios y aumenta el riesgo de hospitalización, sino que también desincentiva la actividad física, generando un “círculo vicioso” de disnea e inactividad que empeora su estado de salud.

Ante este escenario, los investigadores subrayan que la solución no pasa por dejar de hacer ejercicio, sino por practicarlo de forma más segura. Entre las recomendaciones, destacan limitar las sesiones a menos de una hora cuando la calidad del aire es mala, evitar las horas punta de tráfico, priorizar espacios verdes o zonas peatonales y optar por ejercicios de fuerza o actividades en interiores en días con alta contaminación. Asimismo, aconsejan el uso de aplicaciones de monitorización de la calidad del aire en tiempo real.