Este recorrido acuático en Málaga lo tiene todo: agua, desfiladeros y una experiencia única para cualquier día de calor


5 Abril 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Hay rutas que no se caminan, se atraviesan. Senderos donde el paisaje no solo se contempla, sino que envuelve al visitante entre paredes de roca, agua en movimiento y luz filtrada. En la provincia de Málaga, ese tipo de experiencia tiene nombre propio: la ruta de las Angosturas del río Guadalmina, un itinerario en el que cada tramo transforma el terreno en una sucesión de sensaciones ligadas al agua y a la geología.

Situada en el término municipal de Benahavís, esta ruta se ha consolidado como uno de los recorridos más singulares del interior malagueño. Con una longitud aproximada de tres kilómetros, discurre por un entorno marcado por formaciones calizas, vegetación mediterránea y el continuo modelado del río Guadalmina.

El itinerario destaca por integrar diferentes elementos naturales en un mismo recorrido: gargantas estrechas, pozas de aguas cristalinas y tramos donde el propio cauce se convierte en el camino. Este conjunto convierte la ruta en una experiencia donde el agua tiene un papel protagonista de principio a fin.

Inicio del recorrido: de la ermita al Charco de las Mozas

El punto de partida se localiza junto a la ermita de Nuestra Señora del Rosario, donde existe una zona habilitada para estacionar vehículos. Desde este enclave, el sendero avanza en paralelo al río, ofreciendo vistas abiertas del entorno antes de iniciar el descenso hacia uno de los lugares más representativos del recorrido.

El Charco de las Mozas, situado bajo el Tajo de los Novios, marca el inicio del tramo más característico de la ruta. En esta zona, el paisaje se estrecha y el agua adquiere mayor protagonismo. Este punto actúa como transición entre el sendero convencional y el itinerario acuático que define el resto del recorrido.

El cañón del Guadalmina: un recorrido entre paredes de roca

A partir de este punto, la ruta se introduce en un cañón de menos de un kilómetro de longitud, dividido en diferentes angosturas que presentan características propias. El primer tramo se desarrolla en un entorno más abierto, donde el agua suele alcanzar poca profundidad, aunque el terreno presenta superficies resbaladizas.

La segunda angostura introduce un cambio notable en el paisaje. Las paredes se elevan y las badinas aumentan su profundidad, lo que obliga a avanzar mediante tramos a nado. Este contraste entre zonas transitables y sectores acuáticos define el carácter dinámico del recorrido.

La tercera angostura: un espacio moldeado por la geología

El tramo más singular del itinerario se encuentra en la tercera angostura. En este punto, las paredes de roca apenas dejan pasar la luz, generando una atmósfera que recuerda a una cavidad abierta. La acción continuada del agua ha dado lugar a formaciones de carbonato cálcico, configurando estructuras espeleotémicas de gran interés.

Este sector representa uno de los momentos más característicos del recorrido, donde la combinación de estrechez, oscuridad y formas naturales crea una sensación de aislamiento dentro del propio paisaje.

Obstáculos naturales y transición final del recorrido

Tras superar las angosturas, el itinerario alcanza una pequeña presa que actúa como barrera natural dentro del cauce. Este punto introduce un nuevo elemento en la ruta, donde el paso puede realizarse mediante diferentes opciones según el caudal del río, incluyendo el uso de la roca como superficie de descenso.

A continuación, el recorrido se adentra en un último tramo de aguas profundas que conduce hasta el Charco de los Tubos. Este espacio marca el final del recorrido acuático y el inicio de la salida hacia terreno seco.

El regreso: entre acequias y caminos tradicionales

Una vez finalizado el tramo principal, la ruta continúa por un sendero ascendente que conduce a una antigua acequia. Desde este punto, el paisaje cambia de perspectiva, permitiendo observar el entorno desde una posición elevada.

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El regreso al punto de inicio puede realizarse siguiendo esta acequia, atravesando zonas más estrechas, o bien por carretera, en un trayecto más directo. Ambas opciones completan un itinerario circular que combina elementos naturales y caminos tradicionales.