La formidable aventura de un marbellí para tener una audiencia con el Papa


16 Marzo 2026

Marbella

CdelSol Noticias

Adrián Ruiz es un marbellí que ha recorrido 3.000 kilómetros a pie para tener una audiencia con el Papa León XIV en El Vaticano, una experiencia en la que viajado sin dinero y solo acompañado por un ciprés bendecido, que será plantado en Santo Toribio de Liébana (Cantabria) como “símbolo de unidad de las tierras”.

La aventura forma parte del proyecto personal Un camino por descubrir, una muestra de fe con la que lleva desde abril del pasado año grabando con una “cámara escondida” la “bondad” de las personas que se encuentra durante su peregrinaje hasta Italia, subiéndolo posteriormente a las redes sociales. “Se trata de grabar las buenas acciones de la gente y lo que hago es plasmar esa espontaneidad, que salga de verdad el corazón que tiene”, asegura

La idea era en un principio partir en velero desde Marbella hasta Sicilia con su amigo Andrea Martelo, con el que repitió una experiencia similar en 2019 para poner en valor la España rural y vaciada, emprendiendo un recorrido desde Marbella hasta el Monasterio franciscano de Santo Toribio de Liébana, que acoge el Lignum crucis, el “trozo más grande de la Cruz de Cristo”. Los planes se trastocaron finalmente, y Adrián tuvo que viajar en avión desde Málaga hasta Palermo, desde donde comenzó su peregrinación a pie, solo acompañado durante 20 días por otro amigo, Salvador.

En ese primer viaje, relata que le dieron “semillas de ciprés de Jerusalén” tras conocerse que planteaba ir al Vaticano, que también han sido bendecidas y serán plantadas en Marbella y Covadonga (Asturias). Una vez en Sicilia, y tras morir el papa Francisco el pasado 21 de abril de 2025, con el que asegura que tenía “hablada una audiencia”; esperó en la isla “al cónclave y todo el protocolo del nuevo Papa, e hice un viaje que fue realmente el espiritual”.

Cruzar el Estrecho de Mesina en tabla de paddle surf

Una de las hazañas más impactantes fue cuando Ruiz retomó el camino a Roma el 20 de agosto, cruzando en una tabla de paddle surf el Estrecho de Mesina porque “no puedo coger ningún medio de automóvil, tengo que ir con mis pies”, en unas “aguas internacionales por las que pasan muchos cruceros, los mares son peligrosos y hay mareas y remolinos en medio”. Y ello pudo llevarlo a cabo gracias a la gente que conoció en la zona, que “trabajaba en la Guardia costera”.

Su peregrinaje continuó por Calabria o Nápoles hasta llegar a Roma el 24 de diciembre, sobreviviendo de la “bondad” y la “ayuda” de la gente que se encuentra o que contacta con él por las redes sociales: “Yo voy sin dinero y sin recibirlo, y sin autostop. Me han dado mucho dinero siempre y no lo he aceptado”, ha relatado el peregrino, quien ha mostrado su “felicidad” por la respuesta de las personas. “Voy a una cafetería, pido pan y agua, solamente lo básico, y te dan una pizza, cola, una cerveza y de todo”.

El modus operandi es sencillo: “Yo me humillo un poco para llegar a coger la esencia de cada persona, entonces esto tiene un mensaje muy simple pero fuerte, porque lo que busco es tener esas emociones”. “El encuentro con la gente para mí es lo más bonito de todo este viaje, porque al final el proyecto es de las gentes, se ha creado una familia y son momentos felices”, puntualiza. “La primera ciudad fue Palermo y pedíamos arroz, teníamos un camping gas”, ha comentado el marbellero, destacando que “poco a poco vas cogiendo confianza y seguridad, aunque te da vergüenza lógicamente pero ya conociendo un idioma, aprendimos en el traductor las cosas que teníamos que decir perfectamente y ya la pierdes”.

El 6 de enero presenció ya en Roma “la clausura del Año Jubilar” y el 7 pudo tener audiencia con el Papa León XIV, una experiencia que tilda de “increíble”, en la que contó al Santo Padre su proyecto: “Llevé una planta conmigo que me la bendijo en calidad de unir los dos lugares sacros, que son el Vaticano y Santo Toribio de Liébana”, al que ha invitado a visitar, ha relatado. Viajar con un ciprés en una maceta “ha sido increíble”, a la vez que “agotador”, al requerir la planta de “cuidados” y estar “al lado de la mochila”. “Ha cruzado el Estrecho conmigo, se me caía la tierra, la ponía de nuevo, una odisea todo lo que ha vivido”.

Su peripecia ¡ha continuado en San Francisco de Asís, donde ha venerado los restos del religioso, que estarán expuestos en la Basílica con motivo del 800 aniversario de su muerte. Y ello “después de hacer desde Roma 19 días de ayuno con la promesa de ver al Papa”, en los que ha estado “sin comer nada, caminando y solo bebiendo agua, limón y sal”. La aventura sigue estos días en Perugia, donde ha sido hospedado por unos seguidores y desde donde partirá hacia La Toscana. El viaje espiritual concluirá en Venecia el 1 de mayo para regresar a España, tras recorrer 5.000 kilómetros.