Descifran las pinturas de las cuevas del Rincón: un alfabeto neandertal para no perderse en su interior


24 Noviembre 2025

Málaga

CdelSol Noticias

Es un dibujo hecho con tres dedos. Tres líneas que arrancan separadas y tienen forma de abanico al unirse en su parte más baja en el mismo punto. Hay diferentes versiones, sobre todo en los sectores más oscuros de las cuevas de la Victoria y del Tesoro. En otras zonas también se encuentran rayas, curvas, puntos, círculos o palmas de la mano, unas veces impresas en la propia pared, otras sopladas sobre la superficie, con protagonismo del color rojo. Elementos del arte más arcaico del paleolítico denominado anicónico —sin imágenes—, precedente de las representaciones rupestres figurativas en las que sí que se adivinan toros, cabras y otros animales. Pero más que arte los expertos han empezado a vislumbrar que los dibujos más primitivos cumplían una función de código, de lenguaje. Fueron lo más parecido a las actuales señales viarias que usaban nuestros antepasados para no perderse en las cavidades.

«Este es el alfabeto de los neandertales y es la primera vez que lo mostramos», explica el arqueólogo Pedro Cantalejo, que junto al equipo que investiga las cavidades prehistóricas de Rincón de la Victoria ha levantado acta de estos códigos con un inventario de estos signos que se publica el próximo mes de diciembre, 'Málaga neandertal. Ruta por los orígenes de Málaga' (ArdalesTur y Diputación de Málaga).

Hasta 38 marcas diferentes se han encontrado en las vecinas cuevas del Tesoro y de la Victoria en una suerte de ruta espeleológica que no solo están presentes en estas cavernas milenarias, sino también en las grutas de Ardales y la Suerte de Antequera, donde también ha investigado el equipo del arqueólogo, del que también forman parte María del Mar Espejo, Luis-Efrén Fernández y José Ramos.

«En este momento, dentro de la Cueva del Tesoro hemos documentado más de 120 paneles pintados», explica Cantalejo para dar idea de la colección de obras anicónicas que atesoran estos espacios. La 'piedra roseta' de este lenguaje visual neandertal fueron esos dedos impresos en abanicos que se repetían en las zonas más oscuras. «Su repetición nos llevó a pensar que este código gráfico debió ser una manera de explorar, una información para recorrer la cueva», expone el experto que se ha adentrado en estas zonas más oscuras del complejo con una extensión de 1,7 kilómetros. Unas galerías que en el paleolítico suponían un peligro hoy domesticado. En este sentido, el complejo de cuevas de Rincón, que pisa actualmente Pedro Cantalejo y su equipo, es muy diferente al que habitaron los neandertales y primeros sapiens.

Así, la Cueva del Tesoro es la denominación actual de dos cavidades diferentes pero cercanas, la del Higuerón y la del Suizo, que fueron unidas en el siglo XX por sus propietarios, la familia Laza, para su explotación turística. Además, el material arqueológico de esta doble cavidad fue vendido por completo al Museo Arqueológico Nacional. Por su parte, a unos 400 metros se encuentra la gruta de la Victoria, que durante décadas fue vandalizada con grafitis contemporáneos como un triste recuerdo del abandono de un espacio con mucha historia y con pinturas originales prehistóricas de su interior. Un olvido que la ciencia se ha ocupado de rehabilitar ya que el regreso de las investigaciones a estos espacios usando la últimas técnicas y metodologías han revolucionado su consideración, como está quedando patente en el IV Ciclo de Conferencias sobre Cuevas Prehistóricas, que se celebra este mes de noviembre en Rincón de la Victoria y está exponiendo los últimos avances que, paradójicamente, retrasan la cronología de estas cuevas.

«Lo primero es que a estas cuevas no se accedía por ninguna boca, sino que son pozos en los que se entraba con cuerdas. En las primeras zonas, en las que entraba la luz natural, se hallaban los materiales y los sedimentos arqueológicos, mientras que cuando nos adentramos en las galerías profundas lo que encontramos es arte», cuenta el investigador, que concluye que las marcas, signos y dibujos de la fase más antigua no son representaciones artísticas, sino un código informativo para recorrer las cuevas. Una señalización muy necesaria ya que «una cueva es completamente distinta cuando se explora, internándose en ella desde la boca exterior, que cuando se sale de ella desde lo más profundo», explica con conocimiento de causa el experto, que ha recorrido estas galerías desde los años 80.

La iniciativa de recuperar en 2021 las investigaciones en las cuevas del Tesoro y de la Victoria, con autorización de la Junta de Andalucía, ha permitido cambiar la mirada de unos espacios reconvertidos en turísticos -en el primer caso- y desahuciados desde el punto de vista científico hasta el punto de que las nuevas excavaciones y dataciones han puesto estas cavidades de Rincón en el mapa de la prehistoria en la Península al convertirse en uno de los espacios referentes para investigar la transición entre los últimos neandertales y los primeros sapiens. Y los avances de estos estudios apoyados y financiados por el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria han cambiado la historia de lo que conocíamos de las ocupación prehistórica de la gruta.

Así, los estudios pioneros de los arqueólogos Giménez Reyna y Jorge Rein, en la década de los cuarenta, fijaron su antigüedad en el paleolítico superior, mientras que ya en los setenta, el profesor F. Javier Fortea (1972) afinó la datación para situar su primer uso desde el periodo magdaleniense, hace unos 15.000 años. La primera intervención del equipo de María del Mar Espejo y Pedro Cantalejo ya dio en 2024 resultados muy novedosos al fechar restos de época gravetiense de los primeros homo sapiens que llegaron a la península ibérica, hace unos 28.800 años, además de huellas neandertales con unos 40.000 años de antigüedad. Fechas que se tenían que confirmar en este 2025 que, no obstante, ha ofrecido una nueva sorpresa con lecturas que se adentran todavía más en la prehistoria con las últimas dataciones que otorgan 52.000 años a las primeras pinturas de las cuevas de Rincón realizadas por las manos de los neandertales.

Al retraso de esa frontera temporal se une además otra novedosa conclusión del equipo de investigación -en el que también participan Cristina Liñán, Yolanda del Rosal, Hipólito Collado, Antonio Aranda y José Antonio Molina- sobre el uso de las cavidades rinconeras. «Estamos seguros que, al menos, hubo siete ocupaciones durante esos periodos, es decir, que siete grupos humanos usaron la cueva en momentos diferentes sin conocerse, desde hace 50.000 años aproximadamente hasta hace 6.000 años», informa el arqueólogo Pedro Cantalejo que añade que los primeros habitantes y, quizás, los segundos fueron neandertales, mientras que el último fueron sapiens del neolítico «que no usaron la cueva para vivir, sino como un depósito funerario en superficie, como osarios colectivos, lo que es muy importante porque estamos hablando de un modelo que se traslada al exterior con el megalitismo, con los dólmenes, en el interior de la provincia de Málaga».

Con estos resultados, las investigaciones en las cuevas del Rincón de la Victoria han permitido completar no sólo la ocupación de estas cavidades, sino reconstruir también su exploración interior desde el paleolítico. «La espeleología tiene la misma edad que los humanos, porque en el momento en el que supimos fabricar el fuego, pudimos entrar en las cuevas ya que ahí es donde dormíamos tranquilos, porque ningún depredador importante entraba», ilustra el experto que añade que, además del estudio de los sedimentos y pinturas, se han encontrado este año con un hallazgo inesperado: una lámpara realizada con la punta de una estalagmita cortada. «Estaba debajo de unas pinturas de dos rayas por lo que la debió de dejar su autor», ilustra Pedro Cantalejo que ahora llevará al laboratorio la pieza. «Esto nos abre la puerta a nuevas dataciones y a investigar los combustibles que usaban», apunta el experto que ha encontrado el interruptor para iluminar unas cuevas que habían quedado en la zona de sombra de la ciencia.