El arte monstruosamente bello de Victoria Maldonado


8 Noviembre 2025

Málaga

CdelSol Noticias

Victoria Maldonado cose desde que tiene ocho años, cuando su abuela le enseñó a tejer para mantener a raya su hiperactividad. Con el tiempo, en ... la Facultad de Bellas Artes, aprendió a trabajar la cerámica y la porcelana. Y un día, de una manera muy orgánica y natural, hizo convivir ambas formas de artesanía. El resultado es monstruosamente bello: cuerpos extraños, incluso abyectos, hechos de delicada porcelana y preciosos abalorios que cuelgan –literalmente– de la Sala de Exposiciones del Rectorado de la UMA. 'Hacer la tierra. Celebración de la opacidad', comisariada por Luis Puelles, reúne hasta el 10 de enero las últimas creaciones de la artista malagueña con un toque de teatralidad.

Todo el recorrido es una preparación para el espacio final, donde ocho piezas penden del techo generando una coreografía que inquieta y atrae a la vez. El silencio y la falta intencionada de luz en una sala pintada por completo de negro dan dramatismo a una escena que recoge todas las claves de su investigación artística. Victoria Maldonado (Málaga, 1989) hace «cerámica salvaje» donde, a pesar de contar con una metodología clara (embebido cerámico), hay mucho peso del azar. «Tiene vida propia», admite. Todo empieza por una estructura de tejido que ella crea a crochet, sin un patrón fijo, y que sumerge en un bidón de porcelana. Después de extraerla con ayuda («es como una guerra cuerpo a cuerpo»), la deja secar durante al menos mes y medio, para a continuación introducirla en el horno cerámico, donde se cuece a 1.200 grados.

Entonces sucede la magia. «Desaparece completamente la estructura de tejido. La porcelana se queda solidificada y el tejido se quema». En ese proceso artístico se generan pieles u órganos, el cuerpo ya no está «y queda solo la superficie». Es en ese momento cuando ella interviene de lleno, cuando adopta el control de la obra dándole un sentido, cubriéndola de diferentes tejidos y añadiéndole abalorios. El nudo del crochet deja su huella en la porcelana simulando la porosidad de una carne, «como una herida desgarrada».

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Migue Fernández

Son cuerpos escultóricos con un punto monstruoso, «pero no desde una perspectiva peyorativa». El monstruo siempre se ha asociado «a lo tenebroso, a lo abyecto», pero para Victoria Maldonado se trata de «abrazar las subjetividades emergentes» y generar nuevos cuerpos «desde la diferencia». Ninguno es igual a otro, ninguno responde a un canon, todos se salen de cualquier molde. Penden del techo como deambulando por la sala. «Un cuerpo exento de una pared, más tridimensional y completamente vertical, ocupa un espacio y te genera un conflicto. Es como una coreografía en la que lo abyecto no te invade, sino que te llama a que te acerques y a que te adaptes a él».

Esa puesta en escena invita a contemplarlos de cerca y en 360 grados, porque Victoria Maldonado adorna los 'cuerpos' con piezas de cerámica esmaltada, cristales, cascabeles… Les aporta así un toque onírico y, al mismo tiempo, «edulcora la abyección». «Algo que repele a primera vista y sin embargo se edulcora con el brillo de la cerámica, tiene un punto de grotesco kitsch que me interesa», argumenta.

Desde el principio

El resto de la exposición explica cómo ha llegado hasta allí, desde su trabajo fin de grado donde empezó a experimentar con la porcelana y la cerámica a esa especie de cordero degollado con reminiscencias a Rembrandt que creó a partir de un jersey que se cosió para ella misma. «Es como una mímesis de mi propio cuerpo».

Lo primero de todo fue 'Signum Ipsa' (2014), donde se apropió de los fundamentos de la arqueología y fosilizó sus gestos, las huellas de sus manos en el barro, y lo presentó en un arca con las medidas de su cuerpo, como si acabaran de ser encontrados y desenterrados. Investigó primero el embebido cerámico con telas para más adelante dar el salto a estructuras tejidas a crochet por ella misma, más orgánicas, que daban lugar a formas singulares. Primero las puso en la pared, y ahí están sus piezas de 2019. Después las colocó sobre una peana, como las dos obras que expone en un pedestal intervenido, esculturas de porcelana y cerámica esmaltada 'vestidas' con textil y terciopelo. Y acabó colgándolas del techo, su serie más reciente y más impactante. Once años de producción artística que empezó en la UMA y que ahora regresa a 'casa'.