Los secretos del Banco de España en Málaga: un búnker y un 'gran hermano' vigilado por 200 cámaras


16 Mayo 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Ana Pérez-Bryan

16/05/2026 a las 00:19h.

Cuentan las crónicas históricas que Francisco de Goya llegó a serlo todo en la pintura gracias al Banco de España. Fama, dinero y reconocimiento. Y ... no por un 'pelotazo' en las finanzas, sino porque, ya instalado en Madrid, dijo sí a aquel primer encargo del entonces Banco de San Carlos, muy interesado por inmortalizar a sus gobernadores en una galería de retratos. Corría entonces el año 1784, Goya acababa de aterrizar en la capital del reino como pintor de la corte y pensó que echando el resto con ese proyecto impresionaría a la familia de Carlos IV. Y así fue. Después del primero llegó el segundo, luego el tercero y así hasta cinco gobernadores. Cuando quiso hacer cuentas, ya era el pintor del rey, el pintor del banco… y, además, uno de sus principales accionistas.

Desde entonces han pasado 242 años, más de medio centenar de gobernadores y justo 170 años desde que el Banco de San Carlos se convirtiera, formalmente, en el Banco de España. Vista así, la historia de esta emblemática institución bien podría parecerse a la de un cuadro de Goya: ajustada a la sociedad que le ha tocado vivir, clásica en sus planteamientos y, a veces, con zonas de claroscuros.

El edificio es un 'búnker' vigilado las 24 horas del día. (Dani Maldonado)

Sobre todo, por los secretos que esconde.

Así ocurre, al menos, con la sede del Banco de España en Málaga, una imponente construcción levantada hace 90 años en el Parque que para los malagueños es conocida como la 'B' del grupo de edificios bautizado popularmente como el 'ABC': Ayuntamiento, Banco de España y Correos (hoy, Rectorado). De los tres, el menos conocido, sin duda, es el Banco de España. A primera vista, se alza blanco inmaculado como un símbolo robusto, equilibrado y seguro. Igual que una caja fuerte. Por dentro, es un búnker perfectamente organizado que funciona las 24 horas del día bajo la supervisión de 200 cámaras. Si allí se te cae una moneda de un céntimo en el vestíbulo, alguien lo verá.

«Mucha gente se acerca hasta aquí y pregunta si puede entrar, ¡y claro que se puede!», aclara el guardia civil de la puerta que controla entradas y salidas, bolsos y mochilas, citas y visitas. «Hoy tenemos más de cien», dice repasando el listado de todo lo que queda para la mañana.

En Alemania, los ciudadanos son más cuidadosos con el papel moneda; en España, no tanto

Que el Banco de España es el pulmón financiero de Málaga es una obviedad, pero quizás se entienda mejor de boca de su director, Adolfo Gil, al frente de esta sucursal desde hace 16 años y vinculado a la casa desde hace más de 35: «De nosotros depende el ciclo del efectivo, que las entidades financieras que operan en Málaga tengan cubierta su necesidad de liquidez o que puedan gestionar su sobrante y, sobre todo, que los billetes que circulan estén en buenas condiciones y sean fiables». Es decir, que no estén rotos ni sean falsos.

Adolfo Gil, director del Banco de España en Málaga. (Dani Maldonado)

«Podría decirse que una de las grandes funciones de las sucursales del Banco de España es la de ser una especie de depuradora, de control de calidad de lo que circula fuera», añade Gil. Y no es un tema menor teniendo en cuenta que, en el uso y el cuidado del dinero, también hay clases, o mejor dicho, culturas: «En Alemania, por ejemplo, los ciudadanos son muy cuidadosos con el papel moneda. Nosotros, no tanto». Ocurre, sobre todo, con los billetes de menor importe: quién no recuerda haber apuntado ahí un número de teléfono o hacer una figurita con el papel. En estos casos, cuando se detectan, son destruidos y se ponen en circulación otros nuevos. Hoy, por ejemplo, las cuchillas de la enorme sala en la que se cuenta y controla el dinero están 'depurando' billetes de diez euros: los que están en malas condiciones se cortan en pedazos diminutos, se compactan en pequeños cilindros de papel y van directos a reciclaje.

Otra curiosidad: los billetes de 500 euros, conocidos popularmente como los 'Bin Laden' porque todo el mundo sabe que existen pero nadie los ha visto, también se destruyen de inmediato, independientemente de su estado: este formato dejó de emitirse hace una década pero sigue siendo un medio de pago; sin embargo los vínculos con actividades delictivas llevó al Banco Central Europeo a retirarlos paulatinamente de la circulación. En estos casos se procede igual: se detectan, se destruyen, se compactan y a reciclaje. Y ahí acaba el ciclo del dinero. Del pequeño y del grande.

15 sedes en España

Pero hay otro mucho más complejo, que es el que realmente da sentido a las sucursales que el Banco de España tiene repartidas por todo el territorio: en la actualidad son 15, pero hubo un tiempo -antes de la década de los 80- donde cada capital de provincia tenía la suya propia. En Málaga, incluso, había una en Antequera. «Aquella capilaridad nos vino muy bien en momentos clave, como por ejemplo la llegada del euro», explica Gil, quien sin embargo marca esa línea de principios de los 2000 como el momento en el que, paulatinamente, se fueron cerrando sucursales. Andalucía hoy sólo cuenta con la de Málaga y con otra en Sevilla; y hay comunidades autónomas como Cantabria, Navarra o Castilla la Mancha en las que la historia del Banco de España quedó sólo para los libros.

Hoy en día, esas sedes cumplen otra función vital en la gestión del dinero: ser el banco de los bancos. Es decir, garantizar sus necesidades de liquidez o gestionar sus sobrantes. En estos casos, es el Banco de España el encargado de la custodia de estas cantidades, que llegan a diario a los sótanos del edificio en enormes furgones de seguridad. «Son volúmenes enormes que vienen organizados en paquetes de unos 10.000 billetes. Una vez aquí, se custodian en la cámara acorazada porque no se pueden contar al momento; de hecho, las entradas más antiguas tienen semanas». Por orden, van subiendo a la enorme sala donde se cuenta y se controla el dinero y donde las máquinas trabajan todo el día. Procesan hasta 30 billetes por segundo. Y al acabar, vuelven a ordenarse en paquetes de 10.000 billetes listos para volver a circular. Los de hoy son de 50 euros. Medio millón en cada bloque. Si allí se te cae un billete de 50 euros, también alguien lo verá.

Un bloque de billetes de 10 euros en mal estado destruidos y enviados a reciclaje. (Dani Maldonado)

Más allá de banco de los bancos, las sucursales del Banco de España son también las depositarias de las cuentas de grandes organismos públicos o instituciones. La Universidad, el SEPE o el INSS son algunos de los clientes de la sede del Paseo del Parque. Los particulares, no. «Una persona física no puede venir a abrirse una cuenta al Banco de España», añade su director, quien no obstante fija dos excepciones: los empleados de la sucursal -unos 30 en el caso de Málaga-, que sí tienen la opción; y los particulares que cuenten con las conocidas como cuentas de valores o cuentas directas. Son las que están vinculadas, en exclusiva, a las Letras del Tesoro. «De esas sí tenemos miles, pero no funcionan como una cuenta convencional», explica Gil sobre la fórmula contemporánea de ahorrar sin tener que recurrir a los bajos de un colchón.

Ya no se cambian pesetas: «Si se muere tu abuela y te encuentras un millón bajo el colchón, ya sólo te lo puedes quedar de recuerdo»

Porque anécdotas como ésas también las hay, y por decenas: cuando aún se cambiaban las pesetas por euros, era relativamente habitual la visita de familias que, una vez fallecidos padres o abuelos, descubrían cantidades considerables de pesetas al desmontar la casa. «Recuerdo el caso de alguien que encontró 200.000 pesetas en billetes de 100 emitidos en el año 40. Por entonces, aquello era una auténtica fortuna; sin embargo se lo tuvimos que cambiar por el valor nominal de la peseta con respecto al euro. 1.200 euros, nada que ver con lo que hubiera sido en aquella época», rescata Gil antes de recordar que desde junio de 2021 ya no se cambian pesetas por euros. «Desde entonces, si se muere tu abuela y te encuentras un millón de pesetas debajo del colchón sólo te queda la opción de guardarlo de recuerdo». Y ya.

Otras épocas, otros usos. Algunos, vinculados con el edificio desde sus orígenes y que se han mantenido intactos con el paso del tiempo. Por ejemplo, que la sucursal sigue contando con dos viviendas particulares para dos empleados y sus familias. Están en la primera planta y originalmente eran imprescindibles en las sucursales del Banco de España para que el director estuviera permanente localizado. Así que nada mejor que tenerlo allí. «Con la mejora de las comunicaciones, sobre todo con la llegada de los móviles, esta necesidad de estar físicamente en la sede las 24 horas se fue perdiendo, pero muchas de ellas se siguen utilizando».

Es el caso de Málaga y su director, que admite la cara y la cruz, como en las monedas: «La verdad que es muy cómodo, me gusta vivir aquí; aunque mucha gente le ve el inconveniente de que no puedes desconectar». Las anécdotas de tener la casa arriba y el trabajo abajo las cuenta por decenas. Como en el confinamiento, con un retén de cuatro personas como servicio esencial que no fallaron «ni un sólo día» y el alivio que les proporcionaba la azotea con vistas. Que no hay dinero que pueda comprar eso. O bajar por las tardes «en chándal» a hacer gestiones en el despacho cuando la oficina ya está cerrada. Habría que preguntarle también a los hijos, hoy dos adultos independizados que vivieron su adolescencia en el Banco de España. Llegar «a las tantas» en taxi o en uber y que te abriera la puerta la Guardia Civil. «Que tu padre se enterara de la hora si te la saltabas», bromea Gil. Porque si lo hacías, igual que cuando se cae una moneda o un billete al suelo, por supuesto que alguien lo veía.

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