Antonio Figueredo, el carpintero de Marbella que dio charlas a biólogos


11 Mayo 2026

Marbella

CdelSol Noticias

Mi bisabuelo fabricaba los toneles de vino a ojo. Los hacía y también los reparaba. En Marbella había una importante producción de la uva moscatel. Fue el primero de la familia que trabajó la madera; le llamaban de todas las viñas, recorría los cortijos de la zona. Eso fue hasta cuando se produjo en Málaga el brote de filoxera, en 1878. La producción de las uvas desapareció; fue la decadencia de la viticultura. Relata Antonio Figueredo, cuarta generación de carpintero y divulgador medioambiental. Es autor del libro Activismo en verde y coautor de Marbella naturalmente y Las aves de Marbella.

Varios de los hijos de mi bisabuelo, a partir de entonces, se dedicaron a la sillería. Mi familia era republicana, un primo de mi abuelo, Antonio Figueredo Guillén, fue uno de los fundadores de la agrupación socialista de Marbella y concejal de Cultura, que promovió la escolarización de los niños. La Guerra Civil, con el cerco de Málaga y la llegada de la tropa franquista, entró en Marbella el 17 de enero de 1937. Él se tuvo que marchar con su hermano; salieron para Francia. Dos hermanos de mi abuelo fueron fusilados. Eran trabajadores, silleros; a uno de ellos se lo recuerda en una placa del cementerio. Mi abuelo se libró porque era el más pequeño; aún así se fueron a Melilla para quitarse del medio.

En la plaza Altamirano, esquina con la calle Mendoza, estaba la sillería. Mi abuelo, Antonio Figueredo Gil, junto a mi padre y mis tíos, iban a recoger enea a la desembocadura del río Guadalmina y a veces a Río Verde, donde había una enea híbrida, más ancha y basta para trabajar; un lirio. De ahí que a mi abuelo lo llamaran Lirio. Con las eneas del río Guadalmina y las adelfas de los arroyos montaban las sillas. En las paredes se ponían a secar los palos de las adelfas, con los que hacían la estructura de la silla, y las eneas, con las que se trenzaban los asientos. Pasaban semanas enteras en alguna pensión de Ojén o Istán, donde se dedicaban a reparar las sillas del pueblo.

Manuel Figueredo, padre de Antonio, cortando eneas en el río Guadalmina. / ARCHIVO PERSONAL

En los años sesenta ya poca gente encargaba sillas. Comenzaba el turismo; mi familia compró una máquina para la carpintería, que aún funciona perfectamente, y empezaron a hacer muebles castellanos. Se adaptaron a los tiempos hasta que mi padre y mi tío se jubilaron. Con 14 años, yo me metí en la carpintería, en la que sigo con mi hermano y unos primos. A nosotros nos ha tocado la moda de los tintes, de acabados; hoy se trabaja con decoradores. A veces con molduras y estéticas extrañas, que pueden parecer complicadas, pero que al final se hacen; es un constante aprendizaje. Al menos uno continuará en este oficio, en el que la familia lleva desde el siglo XIX.

A través de la serie Ibérica de Félix Rodríguez de la Fuente, descubrí, con diez o doce años, que en la sierra de Marbella había pájaros carpinteros. Íbamos los sábados y nos quedábamos horas viendo cómo entraban y salían del nido. Y así seguimos observando otras especies.

Conozco a biólogos que también son naturalistas, que van al campo a aprender. Son gente con carrera y una sabiduría tremenda. En mi caso, me aficioné a la naturaleza sin ser consciente. He visto personas sin carrera, que hasta les costaba trabajo expresarse, dar una charla sobre una especie de águila ante profesores de universidad, que aplaudían su mérito, porque conocía muy bien de lo que hablaba.

He dado charlas, a veces sin saber que estaba frente a biólogos, que luego me han felicitado o preguntado:

–¿Tú qué eres?.

–Carpintero.

–¡Carpintero!, ¿y nos has contado todo esto?.

Chorlitejo patinegro. / ARCHIVO JUAN CARACUEL

Con 17 años, los libros que encontraba en Málaga sobre estos temas eran muy básicos. Me encanta el medio ambiente. Si hubiera sido ahora, estudiaría biología. La información entonces llegaba de la gente que nos encontrábamos en el campo. Parábamos 15 o 20 minutos e intercambiábamos datos, hasta que ya hubo información más especializada y luego apareció internet. Hay que tener la curiosidad de aprender. Hoy tenemos grupos en wasap en los que participan más de 200 personas, que es un continuo de información. En Marbella éramos tres o cuatro; ahora tenemos un grupo de quince personas. Salimos los fines de semana, incluso algunos días de diario.

Marbella es un magnífico observatorio de la avifauna, de cigüeñas a rapaces, que pasan de África a Europa por el Estrecho de Gibraltar. La zona de la Cantera de la Legua, en el Camino Viejo de Istán, es un sitio de observación con mucha amplitud, mucho cielo, que permite ver cruzar las aves por encima de Sierra Blanca. Entre marzo y abril se puede ver la migración prenupcial, que se produce antes de la cría. Donde grupos de rapaces, como los buitres, y otras especies planeadoras, de alas muy anchas, se desplazan aprovechando las corrientes térmicas ascendentes en las montañas, igual que hacen quienes vuelan en parapentes.

Desde cualquier playa de Marbella es posible avistar halcones abejeros, una especie con alas cortas, experta en coger abejas en los panales, que puede volar sobre el mar, al no necesitar de las corrientes térmicas. En el mar también se pueden observar alcatraces, cormoranes grandes y charranes.

Más llamativa es la migración posnupcial, después de la época de cría. Desde principios de agosto hasta octubre se ven rapaces, como el águila culebrera, el águila calzada, el milano negro, el milano real o la cigüeña blanca. Los primeros en pasar y en abundancia, de mil o dos mil ejemplares, son las cigüeñas y los milanos negros. También lo hace la cigüeña negra, que se encuentra en peligro de extinción. Los últimos son los buitres jóvenes, que pasan en octubre y se pueden ver desde la propia ciudad.

Si no se conoce el medio ambiente, no se lo puede valorar. Aquí hay espacios naturales abandonados, insuficientes. Un ejemplo es el Lago de las Tortugas, un humedal artificial. Allí tienes enfrente un monte mediterráneo muy bonito, pero en el que no hay vida. Antes se veían patos, porrones comunes, especies que hoy cuesta trabajo ver en la provincia de Málaga. Los únicos que quedan son unos ánades reales, casi domesticados, y algunos patos y gansos, que la gente los echó allí. Mientras que las tortugas de Florida, una especie invasora, están acabando con la tortuga leprosa, la especie endémica de esta zona del Mediterráneo, que dio nombre al lugar.

Antonio Figueredo, una charla en la sierra. / ARCHIVO PERSONAL

Desde la asociación Marbella Activa hicimos una propuesta de recuperación de la vida en este lugar, que fue elegida como el mejor proyecto participativo y aprobada por la corporación municipal, pero luego hubo un cambio en el gobierno y quedó en nada. Proponíamos poner una pantalla artificial de enea y tarajes, y detrás una malla cinegética que permitiese el paso de mamíferos, pero no el de humanos. Al darle protección y proveerle de alimento con las plantas subacuáticas, aparece la vida. Contemplábamos instalar observatorios en puntos estratégicos y un centro de interpretación, que se pudiera usar como aula para los alumnos de colegios. Yo lo ideé y el biólogo Jesús Duarte lo plasmó y redactó el proyecto. El director de la reserva natural de la laguna de Fuente Piedra se quedó impresionado por el potencial del vaso de la laguna, que baja suavemente y da lugar a la existencia de las plantas subacuáticas Es una presa histórica, que necesita ser reforzada, limpiar el lodo acumulado e instalar un vallado perimetral. Podría convertirse en un atractivo turístico.

Soy miembro de la Asociación Española de Ornitología (SEO) y hacemos censos de aves de la provincia. Los grupos locales del SEO elaboramos un atlas de los periodos de cría en España y otro de las especies invernantes en la península; es una tarea de conservacionismo de las aves y del ecosistema. Comprobamos que especies que eran abundantes hoy ya no se ven. En la desembocadura de Río Verde había una colonia de charrancitos, que ya no existe. También desapareció el chorlitejo patinegro, un pajarillo muy pequeño, un limícola, de zona de río y playa, debido a la presión humana.

Están desapareciendo especies comunes; cada vez hay menos gorriones. El gorrión está muy ligado al ser humano; en la Sauceda, Cortes de la Frontera, hay un bosque que es uno de los mejores de España. Y no se ve ningún gorrión, pero sí los hay en la antigua casa del guarda forestal. Su declive se debe a muchas causas, por empezar, los pesticidas. Por otro lado, hay aves que en los años setenta no se veían por aquí, como los cormoranes, las gaviotas reidoras o la gaviota cabecinegra, que hoy es muy abundante. En el libro Aves en Marbella, un trabajo de diez años que hicimos con Juan Caracuel, se reflejan cerca de 200 aves, donde faltan nuevas especies que se han sumado en los últimos años por el cambio de clima.

Hay que valorar la diversidad, la variedad, que el ecosistema sea rico en especies. Con su desaparición, la calidad de vida humana se empobrece. Se da la paradoja de que tenemos más conciencia, pero seguimos destruyendo. Joaquín Araujo, [colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente durante los años setenta] decía que en una cucharadita de café hay más información que en la mayor biblioteca del mundo, de todo lo que hay que aprender ahí. Lo puso en el prólogo del libro que escribimos en la asociación Marbella Activa.

Antonio Figueredo en la carpintería. / ARCHIVO PERSONAL

El águila perdicera, que está en peligro de extinción, hasta hace quince años había en la sierra tres parejas, era algo extraordinario, ahora solo quedan dos. La collalba negra, un pajarito pequeño, negro, de cola blanca, es un rupícola que vive en zonas de rocas de la sierra; es representativo de esta zona. Es una joya ornitológica, cuya población está en declive y que todavía se puede ver en la parte alta de La Concha. Los quebrantahuesos, unos carroñeros que han estado a punto de desaparecer, hasta los años setenta los había en las sierras de Marbella y Estepona. Un proyecto de recuperación llevado a cabo en Cazorla (Jaén) ha tenido éxito; hoy se puede ver alguno en la Sierra de las Nieves. Hasta la gaviota patiamarilla, que vemos tantas, en los últimos diez años ha habido un descenso en su población, tras la desaparición de los vertederos.

El acentor alpino es un invernante, al igual que el camachuelo común, que viene del centro y norte de Europa. El macho, naranjo butano, cabeza negra, es un fringílido que encuentra semillas en la zona del Juanar. En la playa, los correlimos tridáctilos, los vuelvepiedras, son aves pequeñitas del Ártico; los alcas, cada invierno se ven menos, debido a los artes de pesca en los que se enredan. Las especies invernantes llegan porque en sus países, en el círculo polar ártico o el norte de Europa, están helados y no tienen presas; vienen aquí a comer. Con el cambio climático, hay especies que se quedan en el norte porque el clima es más suave y no hace falta desplazarse. Los movimientos y circunstancias, esos cambios que se debían dar con centenares de años, ahora son muy rápidos; no es normal. Las aves son bioindicadores naturales. Como pueden desplazarse rápido, de un año a otro cambian de costumbre, nos están diciendo que hay un desequilibrio y se buscan la vida como pueden, algunas adaptándose al hombre.