Diez curiosidades que te harán visitar Alpandeire: momias en su iglesia o el muro que quiso desviar a las tropas de Napoleón
12 Abril 2026
Málaga
CdelSol Noticias
Alpandeire no es sólo el pueblo donde nació Fray Leopoldo. Este pequeño municipio del Valle del Genal, en plena Serranía de Ronda, esconde mucho más de lo que aparenta a simple vista. Entre sus calles y su entorno natural conviven historias sorprendentes, vestigios de distintas épocas y fenómenos que llaman la atención incluso a quienes ya conocen bien el interior de la provincia de Málaga. Desde una iglesia desproporcionada para su tamaño hasta momias que se conservan en su interior, pasando por un muro levantado para frenar a las tropas de Napoleón o un subsuelo capaz de expulsar agua con una fuerza inusual tras las lluvias.
A todo ello se suman tradiciones únicas, como la fiesta del Huerto del Niño, huellas prehistóricas en forma de dólmenes y proyectos actuales como la recuperación de la lechuza común. Sin olvidar la profunda devoción a Fray Leopoldo, que sigue marcando el día a día del municipio. Este conjunto de curiosidades convierte a Alpandeire en uno de esos destinos que, más allá de su tamaño, justifican una escapada prácticamente en cualquier época del año. Aquí tienes diez motivos que explican por qué.
Nada más llegar a Alpandeire hay algo que desconcierta: su iglesia. No por su belleza, sino por su tamaño. En un pueblo que hoy apenas supera los 250 habitantes —y que tampoco fue nunca una gran población— se alza un templo monumental, con dos torres, que rompe por completo la escala del caserío. No es casual que desde hace años se la conozca como la 'catedral de la Serranía'. Su origen está en el siglo XVIII, cuando se levantó un nuevo edificio sin las limitaciones del anterior y con el impulso decidido de vecinos influyentes y del propio párroco. El resultado fue un templo que, aún hoy, sigue sorprendiendo por su desmesura.
En el interior de la parroquia de Alpandeire se conserva una de las curiosidades más singulares del Valle del Genal: dos cuerpos momificados con unos tres siglos de antigüedad. Se encuentran en la zona donde antiguamente estuvo el cementerio del templo y llaman la atención por su buen estado de conservación. En el pueblo se ha transmitido que podrían pertenecer a un matrimonio que contribuyó económicamente a la construcción de la iglesia. Sobre su preservación hay dos hipótesis: que fueron embalsamados de forma intencionada o que las condiciones naturales del entorno han favorecido su conservación con el paso del tiempo.
En 1810, en plena Guerra de la Independencia, los vecinos de Alpandeire levantaron una gran barrera de piedra para intentar impedir el avance de las tropas napoleónicas. Así nació el conocido como 'muro de los franceses', una trinchera de casi 1.400 metros de longitud construida de forma rudimentaria para cortar el paso a la caballería. Sin embargo, el esfuerzo no dio resultado: los soldados lograron esquivar el obstáculo utilizando el camino del Infiernillo y acabaron entrando en el pueblo. Hoy, más de dos siglos después, este muro aún se conserva parcialmente como uno de los vestigios más llamativos de aquel episodio histórico.
A las afueras del casco urbano de Alpandeire se conserva una curiosa columna de piedra que nunca llegó a cumplir su función original. Se trata de una picota, un elemento que se utilizaba para exhibir a los ajusticiados, pero que en este caso fue un regalo simbólico del rey Fernando VII en 1814. Con ella quiso reconocer la implicación del pueblo en la Guerra de la Independencia, tanto por la aportación de vecinos como por el esfuerzo económico realizado. Paradójicamente, cuando llegó al municipio este tipo de estructuras ya estaban en desuso, por lo que nunca se utilizó como instrumento de castigo y hoy forma parte del patrimonio histórico local.
Alpandeire está profundamente marcado por la figura de su vecino más ilustre, Fray Leopoldo, que no sólo nació allí en 1864, sino que también pasó en el pueblo su infancia y buena parte de su juventud. Su huella se puede recorrer hoy a través de distintos espacios visitables, empezando por su casa natal, que se conserva y puede visitarse, y continuando por las numerosas esculturas, placas y homenajes repartidos por el casco urbano. Más allá del núcleo del pueblo, también existe una ruta senderista que sigue el camino que el propio beato realizaba entre Alpandeire y la estación de Jimera de Líbar, desde donde viajaba hacia Granada. A todo ello se suman las peregrinaciones y actos que se celebran cada mes de junio en torno a su figura, reflejo de una devoción que sigue muy viva y que convierte al municipio en lugar de referencia para muchos fieles.
Alpandeire ha sido protagonista en los últimos años por un proyecto ambiental tan llamativo como necesario: la reintroducción de la lechuza común, un ave que había desaparecido de su entorno hacía más de una década. Gracias a la iniciativa de la asociación Rastrea, con el apoyo del Ayuntamiento y otras entidades, ya se han liberado varios ejemplares que vuelven a sobrevolar el pueblo al caer la noche. Algunos, como el primero de ellos, han sido incluso avistados y fotografiados por vecinos. Además, se han instalado cajas nido y se han impulsado medidas para favorecer su adaptación, como la reducción del uso de productos químicos. El objetivo es consolidar una población estable que devuelva a Alpandeire una de sus estampas más características.
El término municipal de Alpandeire esconde un patrimonio mucho más antiguo de lo que a simple vista parece. En su entorno se localizan varios dólmenes con entre 3.000 y 4.000 años de antigüedad, construidos entre el Neolítico y la Edad del Cobre. Los más conocidos son los de Encinas Borrachas, Montero o Fuente de la Piedra y el de la llamada 'Sepultura del gigante', un nombre popular que hace referencia a sus grandes dimensiones. Situados en las proximidades de la carretera entre Ronda y Algeciras, estos monumentos funerarios evidencian la presencia humana en la zona desde tiempos prehistóricos y convierten a Alpandeire en un enclave de gran interés arqueológico dentro de la Serranía.
Entre las tradiciones más arraigadas de Alpandeire destaca la celebración del Huerto del Niño, una de sus festividades más antiguas y singulares. Tiene lugar el Domingo de Resurrección y gira en torno a la procesión del Niño Jesús, en una jornada marcada por el ambiente festivo y la participación vecinal. Uno de los momentos más simbólicos es el encuentro entre la Virgen y el Niño en la plaza del pueblo, que pone el broche a la celebración. Además, en esta fiesta se eligen los mayordomos y mayordomas, figuras clave en su organización. La tradición tiene también un valor histórico añadido: la imagen del Niño del Huerto fue la única que se salvó de la quema durante la Guerra Civil.
Alpandeire es también un territorio marcado por la fuerza del agua, especialmente tras episodios de lluvias intensas. En esos momentos, uno de sus parajes más sorprendentes entra en acción: el Pozancón, un gran pozo natural de unos veinte metros de diámetro que llega a expulsar agua con una fuerza espectacular, como si se tratara de un auténtico «volcán». Este fenómeno está relacionado con el complejo sistema subterráneo de la sierra caliza de Jarastepar, que acumula y canaliza enormes cantidades de agua. A pocos metros aparecen otros nacimientos, como las Alfaguaras, y en el propio casco urbano brota el agua en distintos puntos. Todo ello convierte al subsuelo de Alpandeire en un auténtico misterio hidrológico que, tras cada temporal, ofrece un espectáculo poco habitual en la Serranía.
La sierra de Alpandeire fue escenario de una tragedia que aún permanece en la memoria de muchos mayores. El 1 de noviembre de 1954, un avión militar se estrelló en la zona, en plena niebla y lluvia, provocando la muerte de sus 12 ocupantes, entre ellos varios pilotos militares. Aquella jornada conmocionó profundamente a los vecinos, muchos de los cuales participaron en las labores de auxilio y recuperación de los cuerpos. Hoy, en el lugar del siniestro, se alza una cruz que recuerda a las víctimas y convierte este punto de la sierra en un espacio de memoria. Quienes recorren este entorno montañoso no solo se encuentran con paisajes imponentes, sino también con el recuerdo de uno de los episodios más trágicos de la historia reciente de Alpandeire.
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