Gaudí, un arquitecto único entre la mercantilización y la santidad


6 Abril 2026

Málaga

CdelSol Noticias

La visita del Papa la Sagrada Familia el próximo 10 de junio, para celebrar la culminación en altura del templo con la coronación de la Torre de Jesús ha puesto todos los focos de este Año Gaudí en la basílica barcelonesa. Pero la obra del genial arquitecto va mucho más allá del templo al que se dedicó con auténtica obsesión sus últimos años, ese por el que ahora se estudia su beatificación. Una obra que engloba más de 90 proyectos unidos por un carácter único, con un componente «telúrico» que une el Capricho de Comillas con la Sagrada Familia, explica María Güell Ampuero, periodista cultural y patrona de la Fundación Güell.

«Poca gente lo sabe, pero este año es también el centenario de la apertura al público del Parque Güell», explica la experta, recordando que en 1926 el mismo año en que muere el arquitecto se abre el parque a los vecinos de Barcelona, tras el fracaso comercial de la urbanización proyectada por el gran mecenas de Gaudí, Eusebio Güell. El fruto de ese «tándem de locos únicos» como los define la periodista, va desde el Palau Güell, en el Gótico de Barcelona, a la cripta de la Colonia Güell y el Parque Güell.

La Sagrada Familia se ha convertido en un «buque insignia» de Barcelona, «un negociazo que no sé bien cómo se va a gestionar en el momento que se acaben las obras» reconoce. El templo concentra la atención junto a otras obras fuertemente monetizadas como la Pedrera, la Casa Batlló o el Parque Güell, que ha sustraído estas obras al disfrute de los barceloneses.

Una opinión que ya insinuaba hace un año el escritor Eduardo Mendoza, cuando advertía que «tenemos que dejar descansar a Gaudí». Reconoce la periodista que «justo este año es imposible, pero es verdad que lo estamos exprimiendo, no sé ya si nos estamos pasando de Gaudí sin profundizar». Y señala con ironía que Gaudí no paga derechos de autor, quizá por eso tenemos los premios de cine Gaudí, la pasarela Gaudí, galletas de Parque Güell y todos los recuerdos imaginables en las tiendas del aeropuerto de Barcelona.

No siempre fue así. El descubrimiento de Gaudí «es nuevísimo» apunta, remitiéndose a 1992. «Llegan a Barcelona cantidad de periodistas que se pasean por la ciudad y no se lo pueden creer. Ninguna ciudad del mundo te ofrece tantos edificios que te desmayas si te gusta el modernismo. Y empiezan a escribir crónicas explicando que han ido a pasear al Parque Güell o han subido a la azotea de La Pedrera a un concierto de jazz. A partir de ahí es imparable».

Una locura que se multiplicó en 2010, cuando el Papa Benedicto XVI consagró el templo y la retransmisión televisiva amplificó el eco de la Sagrada Familia en todo el mundo. Una década antes se abría el proceso de beatificación del arquitecto, que dio un paso definitivo con el reconocimiento del Papa Francisco a sus «virtudes heroicas» y podría culminarse este año, coincidiendo con el centenario de su muerte.

«No hay ningún arquitecto santo, sería el arquitecto de Dios y creo que esto es oportunismo» apunta María Güell al ser preguntada por la beatificación del genio. «Gaudí era religioso pero es que en aquel momento quién no lo era. Al final de su vida se trasladó a la Sagrada Familia y enloqueció con ese proyecto, pero de ahí a ser santo».

Sí le reconoce la capacidad de transmitir un carácter espiritual, incluso «telúrico» a todas sus obras. «Si entras en la Sagrada Familia y ves ese bosque de columnas estás viendo árboles y estás viendo huesos que al final son tibias. Es como un bosque en una mañana soleada, esa conexión con la naturaleza desde la sencillez es lo que hace cada edificio transmita algo». Unas sensaciones que se multiplican si cuentas con un buen guía que te explique toda la simbología que incluía en sus obras.

Pasa también con el Palau Güell o el Capricho, asegura. «La gente se queda en silencio, consigue algo con sus edificios que es telúrico. Puedes pensar que es religioso, pero yo creo que va más allá, es algo espiritual» que está en todos sus edificios. «Se nota que estuvo enfermo, sus horas de observación y su relación con la naturaleza. No hay nada que no tenga relación con un hueso, con un animal, con el cielo, con la luna» y esa relación con la naturaleza es lo que lo hace único, asegura María Güell.

Como única fue, en su opinión, a la relación con su gran mecenas, Eusebio Güell. «El tándem es único, se enamoran dos locos prodigiosos que se emocionan con cada nuevo proyecto. Es una simbiosis excepcional y única, que solo vivieron ellos dos» explica la periodista, convencida de que no se ha repetido una comunión igual. «Desde luego en España no se ha repetido». Eusebio Güell «era todo a lo grande y al final fracaso económico total, pero en lo personal, un éxito sin precedentes» relata la descendiente del gran mecenas de Gaudí.

Gaudí tenía un gran problema, relata Güell Ampuero, «que en ningún momento pintó nada de blanco, no usaba la pintura, siempre eran materiales nobles, mármol, madera… y el precio iba subiendo». Güell le dio rienda suelta, lo que explica también los dos grandes fracasos económicos del tándem Gaudí-Güell, la Colonia Güell y el Parque Güell. El parque Güell debía ser una gran urbanización del lujo al estilo de las de Londres, pero solo se vendieron dos parcelas. Y en la Colonia Güell, tras ver los costes de la Iglesia los hijos del mecenas «dijeron basta, ni una peseta más».