La Pileta, laboratorio de la Prehistoria: la tecnología revela imágenes inéditas de la cueva
15 Febrero 2026
Málaga
CdelSol Noticias
A simple vista solo se distinguen un par de trazos rojos y se intuye una forma animal en una esquina. El ojo humano es incapaz de ver nada más en esa pared de apenas doce metros cuadrados oculta en una de las galerías de la Cueva de la Pileta. Pero ahora sabemos que ese pequeño panel fue un lienzo recurrente para grupos humanos de la Prehistoria que regresaban una y otra vez a ese lugar. Su marca está hasta 16 veces. Las nuevas tecnologías permiten redimensionar el arte rupestre de la gruta de Benaoján para verlo como nunca antes se había hecho. Hace tiempo que los primeros trabajos de campo de un equipo de la Universidad de Sevilla revelaron que los más de 800 motivos documentados por Henri Breuil a principios del siglo XX se quedaban cortos con todo lo que escondía esa cueva. Hoy ya pueden asegurar que sus investigaciones han triplicado las pinturas rupestres conocidas.
La Cueva de la Pileta se afianza como la gruta del sur de España con más arte rupestre, sumando nuevos signos, marcas y animales a las pinturas ya icónicas de la yegua preñada, el pez, la cabra y las conocidas como 'las tortugas'. Y lo hace con la cavidad convertida en un laboratorio de la Prehistoria en el que procesos y tecnologías de vanguardia se aplican a las huellas humanas más primitivas para desentrañar sus misterios. Mientras unos sofisticados programas informáticos revelan manifestaciones artísticas inéditas, otro proyecto reconstruye en 3D el interior de la cueva con un simple iPhone capaz de adentrarse en galerías inaccesibles y pozos infinitos.
«La tecnología lo ha revolucionado todo», confirma María Dolores Simón Vallejo, profesora de Prehistoria de la Universidad de Sevilla. Desde cuestiones tan básicas como la iluminación, ahora no destructiva con las pinturas, hasta avanzados procesos que decodifican las imágenes en la pantalla descubriendo figuras y formas desconocidas. La diferencia con respecto a hace tan solo 20 años «es abismal», indica la investigadora de La Pileta.
Tres horas estuvo un ordenador de alta potencia procesando las miles de fotografías realizadas de ese panel en el que de cuatro motivos visibles se pasó, de forma sorprendente, a 16. «Cuando terminó y aparecieron dos cápridos y una cabra montesa, no nos lo creíamos», recuerda la arqueóloga. Una 'revelación' que se ha repetido en varias paredes de La Pileta, con análisis que están pendientes de ser publicados en revistas científicas. Detrás de ese progreso está el trabajo del investigador Rubén Parrilla, que ha desarrollado un programa informático capaz de agrupar los pigmentos detectados en una imagen. Se toman cientos de fotos por metro cuadrado, conformando una especie de mosaico con micro fragmentos de la pared. «Cada fotografía detecta una parte del pigmento y el programa los agrupa de manera que aparece la figura». No completa nada, aclara Simón, porque eso sería recrear lo que había. «Lo que estamos es documentando lo que hay. Lo real, no lo imaginario», puntualiza.
Así han detectado centenares de marcas y figuras que el ojo humano no identificaba, hasta rozar las 2.000. La datación más antigua se remonta al Gravetiense, unos 30.000 años antes de la actualidad, y lo saben por la lámpara portátil que usaron para pintar en la cueva. En una concha fósil, que hacía las veces de palmatoria prehistórica, encontraron los restos de los pigmentos que el individuo tenía en las manos. Los autores serían, por tanto, unos de los primeros sapiens del sur de la Península. De momento, en Pileta no hay manifestaciones neandertales. Saben que hay un nivel de Paleolítico Medio (neandertal) al que aún no han accedido y que este verano quieren excavar. «Pero que llevaran a cabo pinturas o grabados en la cueva, no lo hemos detectado», asegura.
Entre los nuevos motivos de arte rupestre, destaca un grupo importante de manos en positivo, uno de los signos recurrentes para los grupos humanos del Paleolítico Superior, su manera de dejar –literalmente– huella en el espacio con la palma de la mano impregnada de pigmento. «Con estas nuevas metodologías, hemos triplicado el número de manos que hay en La Pileta». Pero, además, han documentado cabras y uros que no estaban catalogados. Y sobre todo, nuevos signos, puntuaciones, líneas, signos compuestos, marcas de movilidad…
Una enorme cantidad de pinturas que corroboran la teoría de que La Pileta fue un lugar de agregación, una «encrucijada» de caminos simbólicos, como ha titulado este equipo de la Universidad de Sevilla el proyecto que tiene ahora en marcha. La cueva de Benaoján tuvo una larga ocupación, desde el 30.000 hasta el 4.000 antes del presente. Es decir, desde el Paleolítico Superior hasta la Edad del Bronce. «Tiene una vigencia enorme como lugar simbólico. Pasaron muchos grupos que dejaron sus ideas en la cueva». Según algunos autores, es probable que fuera un punto de encuentro en algunos momentos del año o cada cierto tiempo; un lugar donde reunirse, hacer ceremonias o intercambiar parejas.
Los investigadores analizan el sentido global de esta cueva del interior de la provincia mientras escudriñan sus galerías. Y en esto también la tecnología es un aliado decisivo. Con la ayuda de un simple iPhone, los investigadores han logrado hacer una reconstrucción en 3D de La Pileta, proporcionando una visión inédita hasta la fecha de lugares inaccesibles. Desde que Breuil descubrió la cavidad a principios del siglo XX, se usaba su topografía realizada a mano, sin demasiada precisión, y con sucesivas actualizaciones a partir de la información que proporcionaban los espeleólogos. Pero se hacía necesario un escaneado completo que permitiera hacer un análisis riguroso de la cavidad y obtener una topografía que fuese útil para los estudios en Arqueología Prehistórica.
En este caso, los expertos han recurrido a la tecnología LiDAR para la digitalización 3D con dos herramientas: un escáner láser profesional terrestre y –y aquí está la novedad– un iPhone. Con el primero se ha registrado el recorrido desde la galería de la Reina Mora hasta la zona de la Gran Sima, un barranco profundísimo en el que se pierde la vista. Los 1.500 millones de puntos grabados componen en la pantalla un mapa «con solo 7 milímetros de error» en los que las estalagmitas, la curvatura de las paredes y las pinturas rupestres se ven con toda precisión.
«Pero, ¿cómo grabamos los techos? No se puede. Habría que montar un andamiaje en la cueva. El escáner láser terrestre va montado sobre un trípode. Es imposible colocarlo en una chimenea de la cueva o en un pozo donde todo es pared vertical», explica Daniel Antón, investigador de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de la Universidad de Sevilla. Y ahí entra en juego el smartphone de Apple. «El iPhone aporta maniobrabilidad». El espeleólogo Juan Mayoral –coautor del trabajo con Antón– se coloca un soporte especial para el iPhone, con lámparas simétricas que van iluminando mientras escanea, y con el que puede llegar a lugares imposibles para el escáner convencional, capturando a la perfección el entramado de galerías y los enormes desniveles de la superficie. «Nunca se había hecho una digitalización 3D tan extensa de una cueva. Y menos con un aparato móvil», celebra el ingeniero.
Las ventajas son evidentes. A nivel operativo, la tecnología LiDAR combinada con un iPhone abarata «mucho» los costes. Por otro lado, en el plano científico, convierte a La Pileta en una cueva accesible para cualquier investigador que puede revisar desde su ordenador cada recoveco de la gruta. De forma indirecta, ayuda a la conservación de las pinturas, que al estar registradas en alta resolución hace innecesarias las visitas 'in situ', siempre muy restringidas por la fragilidad del arte rupestre. Y por último, contribuye a la difusión del patrimonio. «Permite que niños, personas mayores y discapacitados puedan ver un lugar al que de otra forma no van a poder llegar. Y eso democratiza el conocimiento», concluye la arqueóloga María Dolores Simón.
El arte rupestre que vemos hoy es solo una pequeña parte de lo que los grupos humanos de la Prehistoria dejaron en las paredes. Hay figuras, signos y marcas que el paso del tiempo ha borrado para siempre, pero muchas otras siguen ahí, tenues y sutiles, en ocasiones indetectables para el ojo humano en entornos de por sí oscuros y de difícil acceso. La tecnología ayuda a sacarlas a la luz realzando los colores y los contrastes en fotografías que, de repente, revelan las huellas del pasado. Cuevas como Nerja y las Suertes en Antequera recurren a herramientas digitales para mejorar la visión de las pinturas rupestres aplicando en estos casos el plugin D-Strech para ImageJ.
El resultado es sorprendente. En la Cueva de Nerja, en la sala del Belén, en una pared en la que solo se aprecian marcas rojas, se descubren una cierva gravetiense y un caballo solutrense. En otra de sus salas, en la de las Columnas de Hércoles, el tratamiento informático aporta resolución al caballo amarillo, del que ahora sí se distinguen con facilidad sus formas. En las Suertes de Antequera, una suave línea se transforma en una clara barra en rojo.
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