Las tradiciones de la Candelaria en Málaga: hogueras para quemar lo viejo o procesiones donde se tiran peladillas


5 Febrero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

La festividad de la Virgen de la Candelaria mantiene vivo uno de los rituales más antiguos del invierno malagueño. Cada 2 de febrero -y los días previos o posteriores según el pueblo o ciudad- la provincia se transforma en un mosaico de bendiciones, hogueras, procesiones y costumbres que aún hoy movilizan a pueblos enteros. Desde las lluvias de peladillas en Benagalbón hasta las candelas comunitarias de la Vega de Antequera o las íntimas vigilias del Genal, la Candelaria sigue siendo una cita donde la fe, la identidad local y la convivencia se entrelazan de forma única. Éstas son algunas de las tradiciones más curiosas y arraigadas de Málaga.

En este núcleo histórico, la Candelaria es una auténtica fiesta patronal que combina devoción y tradición popular. La Virgen de la Candelaria, acompañada por San José, protagoniza dos procesiones muy arraigadas. Una primera que se celebra unas jornadas antes del Día de la Candelaria (a finales de enero) y la del propio 2 de febrero, Fiesta de la Candelaria. Durante el recorrido es habitual la llamativa lluvia de peladillas y cacahuetes que los vecinos arrojan desde balcones y calles sobre el trono de la Virgen, como gesto de agradecimiento por los favores concedidos. Además, los niños nacidos el último año se presentan ante la patrona y el pueblo vive un ambiente festivo con diana floreada, paella popular, casetas y actuaciones, incluida la panda de verdiales local.

Este pueblo celebra una de las Candelarias más extensas y participativas de la provincia. Más de una semana de actos religiosos y lúdicos preceden al día grande, el de la procesión, que suele tener lugar el domingo posterior al 2 de febrero. La fiesta une a la Virgen de la Candelaria y a San Blas, cuyas imágenes realizan una larga procesión que puede durar hasta diez horas e incluye el paso por el campo para bendecir las cosechas. Días antes se organiza la bajada desde la ermita hasta la parroquia, así como misas temáticas, ofrendas florales y la tradicional bendición de las rosquillas de San Blas. El fervor popular es intenso: cientos de devotos acompañan los tronos entre pandas de verdiales, banda de música y cohetes. La festividad tiene un fuerte componente popular entre sus vecinos, lo que se ve reforzado por la leyenda de los marineros canarios y por la histórica protección atribuida a la Virgen tras el terremoto de 1884.

Este pueblo de la Axarquía también vive una de las Candelarias más singulares, marcada por el frío invernal de uno de los pueblos más elevados de Málaga. La tradición gira en torno a la gran hoguera que se prende al caer la noche del 2 de febrero (o víspera si coincide en sábado). Los vecinos elaboran muñecos con ropa vieja y paja para quemarlos en un ritual que simboliza «quemar lo viejo». También arrastran aulagas encendidas por las calles antes de arrojarlas al fuego, una costumbre que antaño protagonizaban los niños y que hoy mantiene viva el pueblo entero. La velada se completa con rosquillas, chocolate y el calor de una tradición compartida.

En un pequeño diseminado rural, a los pies del Torcal, la Candelaria adquiere un carácter íntimo y profundamente simbólico. Las familias de La Higuera y otras aldeas cercanas guardan durante el año ramas de olivo, palos y rastrojos que se queman en una gran hoguera comunitaria la noche del 1 de febrero. Cada rama que se arroja al fuego representa una petición o deseo por un ser querido, generalmente salud para los mayores o protección para los más pequeños. La fiesta funciona como un punto de encuentro anual: muchos vecinos que viven fuera regresan solo para esta noche. La convivencia se prolonga con música, baile y comida compartida alrededor del fuego, convirtiendo la Candelaria de Jeva en una de las más emotivas y familiares de la provincia.

Sin salir de la comarca de Antequera, además de las actividades religiosas de la 'capital de la Vega', hay tres pueblos muy próximos entre sí que comparten una arraigada tradición de la Candelaria, fundamentalmente alrededor del fuego. En Humilladero, cada barriada organiza su propia hoguera (normalmente en la víspera, la noche del 1 de febrero), recuperando una tradición vecinal que reúne a familias enteras con cenas y convivencia bajo las estrellas. En Mollina, el municipio impulsa una gran hoguera colectiva donde se asan choricillos, sardinas y otros productos locales mientras los vecinos celebran hasta la madrugada. En Fuente de Piedra, además de quemar muñecos de trapo, las candelas se convierten en puntos de encuentro para preparar parrilladas y compartir vinos del terreno. Estos tres pueblos mantienen vivas las antiguas «candelas de invierno», donde el fuego purifica y al mismo tiempo refuerza la convivencia.

En esta trilogía de pueblos del Bajo Genal celebran la Candelaria con un fuerte componente religioso y un arraigo que se mantiene prácticamente intacto. En Jubrique, la Virgen de la Candelaria, que es patrona de la villa, preside una misa solemne seguida de procesión por las empinadas calles. En Genalguacil, la tradición incluye la presentación de los niños del año y una procesión íntima que reúne a toda la comunidad. En Algatocín, la fiesta combina eucaristía, bendición de roscas de pan, presentación de los recién nacidos y una procesión acompañada por la Escuela Municipal de Música. Estos tres pueblos serranos comparten una visión devocional de la Candelaria, centrada en la vida comunitaria, la continuidad generacional y la preservación de rituales que han perdurado durante siglos.

Este pueblo suele encender una de las hogueras más espectaculares del interior malagueño. La fiesta gira en torno a los ramones, es decir, los restos de poda del olivo que los vecinos acumulan para alimentar la candela del primer fin de semana de febrero. La hoguera ilumina la plaza del pueblo y sirve de punto de encuentro para serrateños de todas las edades, incluidos muchos que regresan solo para esta noche. La velada se acompaña de carne asada, vinos caseros, música y baile espontáneo alrededor del fuego. La celebración tiene un marcado carácter identitario: simboliza la unión del pueblo y el cierre simbólico de la temporada agrícola del olivar.

En Sierra de Yeguas, la tradición de la Candelaria sigue plenamente viva a través de las hogueras por barriadas, encendidas en la víspera del 1 o del 2 de febrero (normalmente se busca que al día siguiente no sea laborable). Los más jóvenes se encargan de recolectar leña y preparar el fuego, mientras que los mayores aportan chacinas y productos locales para asar durante la velada. La escena se repite cada año: varias candelas encendidas simultáneamente y pequeñas comunidades reunidas para comer, cantar y compartir. La fiesta tiene un marcado carácter intergeneracional y representa un vínculo esencial con las costumbres agrícolas de la zona.

Este pueblo de la comarca de la Sierra Norte de Málaga festeja la Candelaria como una auténtica fiesta del fuego, especialmente protagonizada por la infancia. Los niños y niñas del pueblo llevan semanas recogiendo leña y ramas para encender las hogueras de cada barrio. También elaboran muñecos de trapo que se queman en las candelas, en una tradición de fuerte simbolismo. Aunque han desaparecido algunas costumbres antiguas, como los corros alrededor del fuego para cantar, se mantiene la tradición de comer buñuelos y otros dulces junto a un vaso de chocolate caliente.

En esta localidad del Valle del Guadalhorce se vive la Candelaria con un marcado carácter parroquial y familiar, especialmente en torno a la iglesia de San Juan Bautista. La tradición consiste en celebrar una misa especial en la tarde del 2 de febrero, donde se presentan ante la Virgen los niños nacidos el último año. Tras la eucaristía, se bendicen las velas que los fieles conservan en casa como símbolo de protección. Aunque no se realiza procesión exterior, la participación es elevada y mantiene la esencia litúrgica de la fiesta.

Alhaurín de la Torre mantiene una de las celebraciones de la Candelaria más arraigadas del Valle del Guadalhorce, muy vinculada a su Barrio Viejo y a la tradición de las roscas de pan. La festividad comienza el 1 de febrero con la exposición de la Virgen de la Candelaria y la ofrenda de roscas en la parroquia de San Sebastián. El día 2, los niños nacidos el último año son presentados ante la imagen en una ceremonia emotiva, seguida de la bendición de las roscas, que las familias conservan como símbolo de protección. La procesión, portada tradicionalmente por mujeres del barrio, culmina en la plaza con una gran hoguera y una merienda popular de chocolate y masa frita. Es una celebración que combina fe, raíces y una fuerte participación vecinal.

Esta ciudad monumental vive este año una Candelaria excepcional: la Virgen vuelve a procesionar por sus calles más de un siglo después, recuperando una tradición que no se documentaba desde hace casi cien años. La jornada grande será el 1 de febrero, con una misa a las 11.00 horas que incluirá la presentación de los niños y niñas bautizados durante el último año. A mediodía saldrá la procesión extraordinaria desde la iglesia de Santa Ana, organizada por la Archicofradía de la Soledad, con un amplio cortejo y la banda Maestro José Antonio Galán. La imagen irá en unas andas adaptadas al acto y portada por hermanos y devotos. Ya por la tarde, la Archicofradía encenderá la tradicional candela en la plaza de la Iglesia, donde se servirán tortitas de masa y chocolate, reforzando el carácter popular de una celebración que Archidona no vivía en generaciones.

*Además de estas tradiciones, hay otras en otras localidades que también celebran la Virgen de la Candelaria en estos días, como Vélez-Málaga (allí se llama la Fiesta la Luz), Fuengirola, Antequera, Ronda, Cártama, barriadas de la ciudad de Málaga o Alhaurín El Grande, entre otros.