Adiós a una de las tabernas más antiguas e icónicas de Málaga: cierra El Huesca tras más de 60 años de historia
31 Enero 2026
Málaga
CdelSol Noticias
Durante más de seis décadas, entre mesas, paredes y generaciones, el Mesón El Huesca no fue solamente un restaurante, fue un escenario cotidiano de vida social, cultura y memoria compartida. Hoy, ese relato gastronómico que comenzó en un barrio emergente de Málaga como es Carranque, y terminó a los pies de la Catedral se detiene, baja la persiana indefinidamente. El cierre definitivo del histórico Huesca marca el final de una de las trayectorias más reconocibles de la hostelería tradicional malagueña, Ignacio González se retira.
"Pide cochinillo", se puede leer en la fachada de El Huesca, el histórico mesón malagueño que desde 2019 vibraba en la céntrica calle Cañón, a los pies de la Catedral de Málaga. Estos días ha cerrado definitivamente sus puertas tras el traspaso del local, que no del negocio, que pone punto y final tras casi 62 años de historia de cocina tradicional malagueña, pero sobre todo mucho tejido social, mucha vinculación con la tierra y con su gente. Su hasta ahora dueño, Ignacio González, heredó el negocio familiar de sus padres, Lola Jerez y Pepe González, y con este cierre se despide de forma definitiva de la actividad como tabernero.
El Huesca fue siempre un punto de encuentro estable y reconocible dentro del mapa gastronómico local, especialmente en la barriada de Carranque, donde trazó en gran medida su trayectoria, pero también durante estos últimos años, ya instalados en el centro de Málaga. Y es que la historia del Mesón Huesca está profundamente ligada al barrio de Carranque, donde abrió sus puertas el 12 de octubre de 1964, en la calle Virgen de la Esperanza. Fue allí donde la familia González levantó una taberna familiar en el "barrio de moda", por aquel entonces, que con el paso del tiempo se convirtió en un restaurante muy apreciado por su clientela habitual, fiel y agradecida.
El interior de El Huesca. / elhuesca.comDurante 55 años, el Mesón Huesca desarrolló su actividad en este enclave, en una casa de dos plantas que la familia fue adquiriendo de forma progresiva, destinando la planta baja al restaurante y la superior a vivienda. Tras más de medio siglo en Carranque, el mesón se trasladó al centro de Málaga, a la calle Cañón, frente a la Catedral. Con el cambio de ubicación también se consolidó el nombre con el que muchos malagueños lo identificaban desde siempre: El Huesca.
Un referente de la cocina tradicional malagueña
A lo largo de su evolución, el El Huesca se consolidó como uno de los referentes de la cocina tradicional malagueña, incorporando con el tiempo propuestas más contemporáneas que convivieron con su identidad original. En distintas etapas, el restaurante fue especialmente valorado por su capacidad para integrar cocina de raíz y platos de autor, manteniendo siempre una relación directa con el producto cercano y el recetario local.
El cochinillo y pescado de El Huesca. / elhuesca.comEn los últimos años, ya en su etapa en el centro de Málaga, El Huesca ofrecía una propuesta gastronómica que combinaba tradición malagueña con elaboraciones propias, reforzando su condición de espacio híbrido entre lo clásico y lo actual. Entre sus especialidades, el cochinillo se consolidó como uno de los platos más representativos en su etapa final.
El origen de un nombre con historia
Pese a lo que podría sugerir su denominación, la familia González no tiene vínculos con la provincia de Huesca. El nombre del establecimiento procede de una experiencia personal del padre de Ignacio González, quien realizó el servicio militar en esa ciudad. De ahí surgió la elección de Mesón Huesca como identidad del local. Una curiosa coincidencia une además la historia familiar con la del propio restaurante: Ignacio González tenía apenas cuarenta días de vida cuando se inauguró el negocio en 1964.
La vinculación de la familia con la restauración se remonta a los años cuarenta, en el barrio de El Perchel. El abuelo de Ignacio, Pepe González, regentaba entonces una taberna en la calle Salitre, conocida popularmente como Los Cabezones. A partir de esa tradición hostelera, el padre de Ignacio, también llamado Pepe, decidió independizarse junto a su esposa, Lola Jerez, y abrir el Mesón Huesca en Carranque. Ella se encargaba de la cocina y él de las compras, configurando una estructura familiar que se mantuvo durante décadas. Ignacio González, junto a sus hermanos Marina y Jorge, se crió literalmente en el restaurante. Los tres pasaron su infancia entre mesas, clientes y servicio diario, formando parte activa de la vida del establecimiento. Esa historia pone punto y final hoy pero continuará en el recuerdo de los vecinos de Carranque y sus clientes más céntricos.
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