José Antonio Trujillo: «La inteligencia artificial va a sustituir al médico y al profesor que no la usen»


21 Enero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Lo que teníamos por humano ha dejado de ser evidente. La tecnología se ha adelantado a un ritmo vertiginoso, hasta el punto en el que ... un programa de TAC recién instalado es capaz de leer imágenes con tal precisión que ya no hacen falta tantos especialistas. Donde había seis trabajadores, bastaría uno. Su función sería vigilar, no actuar. El resto, prescindible. Esa escena, más clínica que futurista, sirve al doctor José Antonio Trujillo para formular un diagnóstico incómodo: «La inteligencia artificial va a sustituir al médico y al profesor que no la usen». No como advertencia sectorial, sino como síntoma extensivo a cualquier oficio que confunda resistencia con supervivencia.

Trujillo evita la abstracción y el entusiasmo tecnológico, da voz al humanismo desde una trayectoria que cruza medicina, divulgación científica y reflexión ética. Vicepresidente primero del Colegio Oficial de Médicos de Málaga y autor de varios ensayos sobre IA y derechos del paciente, presentó en la Fundación Unicaja su nuevo libro, 'Nativos inteligentes', editado por el Servicio de Publicaciones de la institución. El acto, celebrado en la Sala Eduardo Ocón de la Fundación Unicaja María Cristina, contó con la participación del responsable de Literatura de la Fundación Unicaja, Francisco Cañadas, y el periodista Adolfo Arjona, que ejerció de interlocutor atento en un diálogo más reflexivo que promocional.

Antes de adentrarse en el análisis tecnológico, Trujillo se detuvo para recordar a Jesús Aldaña, médico malagueño fallecido en el accidente ferroviario de Adamuz. «Era brillante, el mejor de su promoción. Quería volver a Málaga y casarse en agosto», dijo. El silencio posterior fijó el tono de la tarde. «Hablar de algoritmos sin hablar de personas es una forma de extravío contemporáneo», sugirió.

«Lo importante de la inteligencia artificial no son las respuestas, sino las preguntas»

Uno de los conceptos centrales del libro es la distinción entre nativos digitales y nativos inteligentes. Los primeros utilizan herramientas; los segundos dialogan con ellas. «Mi hijo ya no busca en Internet, conversa con la máquina», explicó Trujillo, aludiendo a una relación que ya no es instrumental, sino cognitiva. La pregunta, deslizada sin dramatismo, es qué ocurre cuando ese diálogo empieza a mediar decisiones vitales y procesos de maduración.

El ensayo se articula en torno a tres ejes: educación, empleo y ética; y denuncia un sistema educativo anclado en esquemas del siglo XX mientras los estudiantes compiten en un tablero global. «O somos protagonistas del cambio o somos quienes aguantan el cubata», advirtió. O se ofrecen soluciones, o se consumen las ajenas.

El tiempo como frontera moral

Especial atención dedicó al tiempo. La IA promete eficiencia, pero también un acotamiento que desocupa horas de constancia. ¿Qué hacer en ese espacio? Trujillo llegó a proponer un «banco de tiempo» que permita decidir qué delegar en las máquinas y qué reservar a lo humano. «La inteligencia artificial es inteligente, pero no es sabia», insistió.

De ahí su defensa de un nuevo humanismo. Personas capaces de formular buenas preguntas, detectar sesgos algorítmicos, proteger a los más vulnerables y comprender que la dignidad no es cuantificable. «Nuestra generación fue la de la Luna, los nativos inteligentes pueden llegar a Marte». La incógnita, concluyó, no es el destino, sino el equipaje humano que decidan llevar.