La historia del balcón de Málaga más fotografiado estas navidades


3 Enero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

En el centro de Málaga hay un edificio que nunca pidió ser mirado. Siempre ha estado ahí, sosteniendo rutinas y horarios de las miles de ... personas que pasan cada día por sus puertas. No tiene nombre propio, pero tampoco lo necesita. Es parte del paisaje, en la Plaza de Félix Sáenz, uno de esos lugares que existen sin reclamar atención, cumpliendo su función en silencio.

Con el tiempo ha ido mudando de piel. Su rehabilitación culminó en 2009, pero el verdadero cambio llega cada Navidad. El edificio se prepara, como quien abre el armario y elige con calma qué ponerse, se viste de gala. Luces, guirnaldas y formas luminosas entran en escena, ocupando sus balcones y cornisas. No reclaman atención, la ofrecen. No interrumpen el paso de quienes caminan frente a él; pues lo acompañan. Casi sin darse cuenta, los transeúntes levantan la vista, como si el edificio les hubiese susurrado algo al oído.

«Empecé decorándolo con poca cosa en 2018», reconoce Juan Antonio Calle, la cabeza pensante tras el decorado. «En 2021 fuimos mi pareja y yo con dos amigas a Basilea, Alsacia y Stuttgart. Precisamente en Alsacia se adornan los balcones, y en Estrasburgo había un edificio decorado con osos, cajas de regalos y bolas navideñas. De ahí vino la idea».

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Desde 2022, los balcones del edificio comenzaron a llenarse de osos. No es una réplica, es un punto de partida. Cada año, Juan Antonio añade algo más. Los tirabuzones rojos y amarillos llegaron el año pasado. Este año, se sumaron a la decoración carámbanos de luz que caen desde la tercera planta, así como los árboles luminosos; triángulos isósceles hechos con palos de escoba.

Pero hay un motivo que no se puede ver desde la calle. «Mi padre falleció el 26 de noviembre de 2020, en la segunda oleada de COVID. Montar la fachada me sirve para desinhibirme del aniversario de su fallecimiento», afirma Calle. «La fecha coincide con el encendido del alumbrado navideño, así que me ayuda a no pensar en ello».

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Cada adorno es un gesto de continuidad. Cada figura en el balcón es una forma de hacer habitable la ausencia. Durante unas semanas, el edificio deja de ser solo estructura y se convierte en refugio. «Ya tengo compradas las novedades del año que viene», afirma Juan Antonio entre risas, «pero todavía es sorpresa, sólo lo sabe mi familia».

En Navidad, el edificio se convierte en una pausa en la ciudad. No pretende competir con el brillo ni enfrentarse al ruido de las calles de Málaga; simplemente permanece encendido. Sus luces no celebran una fecha concreta, sino la persistencia de los gestos pequeños, año tras año.