El tajo oculto de Ronda: no es tan famoso, pero es deslumbrante


17 Diciembre 2025

Málaga

CdelSol Noticias

A pocos minutos del abismo más célebre de Andalucía existe otro gran corte en la roca que apenas recibe visitantes. Es un paraje abrupto y silencioso, eclipsado durante décadas por el icono monumental que ha dado fama mundial a Ronda. Allí no hay miradores abarrotados ni barandillas, pero sí un espectáculo natural que sorprende desde el primer momento a quien se adentra en él a través de un sinuoso camino.

Su fuerza paisajística no ha pasado desapercibida para el mundo de la ficción. Mucho antes de convertirse en un enclave habitual para senderistas, este desfiladero ya había seducido al cine y la televisión por su espectacularidad. Entre sus paredes se rodaron escenas de la adaptación cinematográfica de la ópera 'Carmen', en los años ochenta, y también episodios de la mítica serie 'Curro Jiménez', que encontró allí el escenario perfecto para recrear una Andalucía agreste y legendaria.

Conocido como el Abanico, este conjunto geológico está situado al sur del casco urbano de Ronda, junto al arroyo de Sijuela. La acción continuada del agua sobre la molasa rondeña -una roca sedimentaria relativamente blanda- ha ido excavando durante miles de años un estrecho desfiladero de paredes verticales y formas erosionadas muy llamativas.

El nombre procede de una singular formación rocosa que recuerda a un abanico abierto, visible en uno de los tramos más espectaculares del recorrido. Se trata de uno de los enclaves geológicos más valiosos de la Serranía de Ronda, tanto por su morfología como por el paisaje que lo rodea.

Pese a encontrarse más alejado del centro histórico, el Abanico es perfectamente accesible caminando. Gracias a la red de senderos de la Serranía es posible acceder a este paraje sin dificultad técnica, siguiendo antiguos caminos tradicionales que durante siglos comunicaron Ronda con otros puntos de la comarca.

Uno de ellos parte desde el extremo del barrio de San Francisco y coincide con un sendero local homologado (SL-A-40). El trazado discurre primero por carriles amplios y cómodos y, poco a poco, va descendiendo hacia el valle del Sijuela, alejándose del entorno urbano y adentrándose en un paisaje cada vez más natural.

Pero este recorrido no es solo un itinerario senderista. Por aquí discurre también una de las etapas de la Gran Serranía de Ronda, el gran proyecto de senderismo que vertebra a pie toda la comarca y que, en este tramo, enlaza la ciudad con Alpandeire, el pueblo natal de fray Leopoldo. Esta coincidencia no es casual: el trazado aprovecha antiguas vías de comunicación históricas, utilizadas durante siglos por arrieros, pastores y viajeros.

El camino formaba parte de una red tradicional que conectaba Ronda con los pueblos del Genal y con la vertiente sur de la serranía, e incluso con rutas que acababan descendiendo hacia la costa. Aún hoy se conservan tramos empedrados, muros de piedra seca y elementos como portillos y angarillas para el ganado, testigos de su uso agrícola y ganadero. Caminar por este desfiladero es, por tanto, recorrer no solo un espacio natural, sino una auténtica vía histórica que ha vertebrado el territorio durante generaciones.

A medida que se avanza, el paisaje va cambiando. Tras dejar atrás los primeros olivares, aparecen encinas y quejigos, hasta que el sendero se adentra en la zona de umbría del desfiladero, donde dominan los cortantes rocosos y la vegetación de ribera.

El camino pasa junto a un antiguo cortijo abandonado que llama la atención por conservar una esbelta torre de piedra, así como por restos de muros, eras y elementos ligados al uso agrícola y ganadero tradicional. Más adelante, el sendero se estrecha y acompaña al arroyo de Sijuela, cuyo caudal varía según la época del año.

Es en este tramo final donde el conjunto geológico del Abanico se muestra en todo su esplendor, con paredes erosionadas que recuerdan inevitablemente al gran símbolo natural de Ronda, aunque aquí el ambiente es mucho más solitario y salvaje.

Uno de los grandes atractivos de este entorno es su riqueza biológica. La ruta atraviesa distintos paisajes, lo que se traduce en una notable diversidad de flora. Desde los cultivos de olivo del inicio, se pasa a masas de encinas y quejigos, para culminar en la vegetación de ribera y la propia de los cortantes calizos, donde aparecen trepadoras y especies adaptadas a la roca.

Algo similar ocurre con la fauna, especialmente con las aves. En los primeros tramos es frecuente ver gorriones, verdecillos o pinzones, mientras que en la zona del desfiladero aparecen especies ligadas a los roquedos, como el roquero solitario, la chova piquirroja o los vencejos. No es raro tampoco observar rapaces como el cernícalo o incluso el halcón peregrino sobrevolando los cortados.

Como muchos rincones singulares de la Serranía de Ronda, el Abanico está rodeado de historias transmitidas de generación en generación. Una de las más repetidas sitúa aquí una supuesta emboscada del caudillo lusitano Viriato contra tropas romanas, una leyenda sin base histórica, pero muy arraigada en la tradición oral.

También se habla de su uso como refugio de bandoleros y contrabandistas, atraídos por la abrupta orografía del lugar y su cercanía a antiguas rutas de paso. Relatos que, con el tiempo, han contribuido a forjar ese aura romántica y misteriosa que terminó seduciendo a guionistas, cineastas y viajeros.