Albéniz, el último cine de Málaga, cumple 80 años


7 Diciembre 2025

Málaga

CdelSol Noticias

Si fuera una película, se titularía 'Misión imposible'. Eso siente uno cuando camina por Alcazabilla camino de la taquilla del Albéniz y tiene que ir sorteando viandantes, turistas y repartidores varios en el concurrido paseo. Esa sensación de no llegar a tiempo a la proyección contrasta con la misma imagen de hace 80 años. Entonces, la calle era más bien un descampado sin asfaltar y, pese a que allí abrió sus puertas el cine-teatro más moderno de la ciudad, no iba nadie porque quedaba muy lejos. Como suena. En aquella Málaga de posguerra, el kilómetro 0 de la cartelera estaba en la plaza de Uncibay, donde competían el gigantesco Málaga Cinema, el exquisito Goya y el presumido Echegaray. Y llegar a los arrabales del centro donde se instaló la nueva sala era entonces otra 'Misión imposible'. Pero por inhóspita. La solución la dio el rugido del león de la Metro Goldwyn Mayer, que acabaron escuchando los espectadores malagueños cuando el estudio de Hollywood firmó la exclusiva para estrenar sus películas en el Albéniz. Ocho décadas después, la mítica sala es la última superviviente de la época dorada de la gran pantalla y, además, con tanto futuro como pasado: última su ampliación por el Ayuntamiento.

«Era un cine que estaba en tierra de nadie y, además, aislado», recuerda el crítico y periodista Guillermo Jiménez Smerdou, sobre aquel gran local de exhibición que abrió el telón en 1945, con proyecto del arquitecto José González Edo, cuyos planos originales y primeras fotos fueron donadas por sus descendientes al Archivo Histórico Provincial de Málaga de la Consejería de Cultura. Promovido por la empresa Constructora Inmobiliaria Malagueña, el cine acabaría convirtiéndose en el motor para la transformación urbanística de Alcazabilla, que todavía tendría que esperar hasta 1951 para (re)descubrir por casualidad el Teatro Romano, durante la construcción de la Casa de la Cultura.

Pero atraer al público a las faldas de la Alcazaba supuso un extra de seducción y marketing. «Para los malagueños de entonces, el centro acababa en la plaza de Uncibay», explica Jiménez Smerdou, en cuyo diagnóstico coincide la historiadora y archivera María Pepa Lara que describe la foto de la época en torno al cine: «No había casas, solamente solares, y no estaba asfaltada». «Cuesta creerlo hoy día, pero el Albéniz se consideraba que estaba en las afueras y para los espectadores era una odisea», añade Lara que, antes que cronista de la memoria de Málaga, fue espectadora de aquella sala, una vez logró atraer al gran público en los años 50 y 60.

La autora de 'Historia del cine en Málaga' coge un prospecto de mano de la época en la que se denominaba «Gran Albéniz» con el anuncio del estreno en 1960 de la cinta religiosa 'Molokai' y exclama: «¡Huy!, lo que lloré yo con esta película». En aquella España de posguerra y escasez, en la que todavía la televisión era ciencia ficción, el gran ocio de los malagueños era el cine. «Los estrenos llegaban dos veces a la semana, los lunes y los jueves, y las películas duraban unos tres días salvo las más taquilleras que podían estar en cartel una semana», rememora Jiménez Smerdou, que retransmitía películas en su programa de radio 'Cine invisible' y no olvida el rotundo éxito que supuso el filme que consagró aquella nueva sala: la mítica 'Lo que el viento se llevó' se estrenó el 24 de marzo de 1951 y estuvo un mes en cartelera. «Algo insólito en aquellos años», remacha.

Como su protagonista, el Albéniz podría gritar eso que Escarlata O'Hara decía al final de la primera parte de esta superproducción –«A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre»–, porque la adquisición en exclusiva de esta superproducción de Hollywood le dio fama y taquilla. Y además, la reestrenó los siguientes años para delirio de los malagueños. María Pepa Lara no se la perdió, pese a la tarifa de su estreno: 15 pesetas, la butaca más barata. «Como eran los únicos y el filme tenía mucha fama, el precio era alto», confirma la historiadora, que recuerda con una carcajada el juego de palabras de los malagueños para referirse al coste y al excesivo metraje –cuatro horas– de este folletín de Vivien Leigh y Clark Gable: «La gente decía que había ido a ver 'Lo que el dinero me costó y el culo me dolió'».

El despegue de este cine coincidió con el contrato que el Albéniz firmó con MGM y Warner para hacerse con sus catálogos. También con el cambio en la gerencia cuando los propietarios que lo construyeron se lo vendieron a Braulio Murciano y Juan Herrera. «Lo convirtieron en el más importante de Málaga, pese a los problemas del principio», afirma Jiménez Smerdou que añade que «Don Braulio fue el único empresario que respetó mi trabajo y nunca me persiguió para que hablara bien de sus películas».

Con sus nuevos dueños, el cine vivió una de sus épocas más prósperas. Propietarios también del Avenida y gestores del Moderno y el Cervantes, Murciano & Herrera hicieron del Albéniz su gran escaparate con el estreno de míticos filmes, como 'Espartaco', 'Ben-Hur', 'Sansón y Dalila', 'Siete novias para siete hermanos, 'Doctor Zhivago' o la fordiana 'El sargento negro'. En los setenta, la sala se dejó 'contagiar' -como todos- por el cine del destape y acusó la competencia del cercano Astoria. No obstante, ambos locales consiguieron, con el apoyo en su entorno del Andalucía y el Victoria, trasladar la 'Gran Vía' malagueña y el favor del público desde la plaza de Uncibay al eje Merced-Alcazabilla, donde se concentraban los principales aforos de la capital.

Con la democracia y la expansión de la televisión en color, se avecinaron cambios. Y el Albéniz pagó la novatada en forma de sanción. La mayor de un cine malagueño. La cuota de pantalla que legisló el Gobierno en 1980 para proteger el cine español tuvo una aplicación implacable y el inspector del Ministerio de Cultura levantó acta de que a la sala de Alcazabilla le faltaron seis días de exhibición de películas patrias el primer trimestre. La empresa recurrió y alegó que también había proyectado pases especiales del 'blockbuster' nacional, 'Rocky Carambola', del ídolo televisivo Torrebruno y que «acaso nos falte un día», lo que achacaba a un «error de cálculo». El pliego de descargo ayudó a reducir la penalización, pero la autoridad fue fulminante: el ministro Íñigo Cavero firmó un multón de 324.500 pesetas del año 1981. A 200 pesetas por entrada, la recaudación de más de 1.600 espectadores para pagar el 'desliz'.

Aquello sirvió para dar ejemplo al resto de cines, pero también para terminar de desanimar a los propietarios que ya no veían el negocio. Al año siguiente, le traspasaban la emblemática pantalla a Francisco Gómez Reyes, el gran empresario de la exhibición en Málaga, que creaba el 'Circuito Albéniz', junto al resto de salas de su grupo en la capital: Regio, Aleixandre y Palacio del Cine –antiguo Capitol–. Pero la llegada del América Multicines días antes de estrenarse 1980 lo cambió todo. Los complejos con varias pantallas y aforos más reducidos se impusieron a las antiguas megasalas y muchos cines cerraron. El Albéniz también claudicó, pero para reconvertirse en cuatro salas a finales de los 80. No obstante, la reforma se complicó. La propiedad eliminó el anfiteatro y los palcos, el Ayuntamiento paralizó la obra, un juzgado autorizó a seguir con la rehabilitación y, en 1991, la sala reabría sin licencia de apertura. La policía local no tardó en precintar el cine que tuvo que esperar varios meses para reanudar las proyecciones hasta que firmó la paz con el Consistorio.

Fruto del nuevo entendimiento, en 1993, comenzó a funcionar la Cinemateca Municipal, que todos los jueves proyectaba películas en versión original. Aquello sería el germen de la adquisición del legendario cine por parte del Ayuntamiento. Bajo la fórmula de la expropiación, el Área de Cultura se hacía con su propiedad en 2008 tras desembolsar 6,1 millones de euros, con planes de gastar otros tantos para reconvertirlo en un teatro/cine. Pero los planes cambiaron. El Festival de Málaga asumió finalmente su gestión y, tras una rehabilitación exprés de 40 días y un presupuesto reducido de un millón de euros, reabrió en abril de 2010 como cine de cuatro pantallas. Un año antes, el Echegaray se había rehabilitado para convertirse en teatro, mientras que una década después el Alameda seguía sus pasos de la mano de Antonio Banderas.

«Arrancamos con la idea de una cartelera para todos los públicos, con atención especial a la producción española y autoral, pero también acogimos películas comerciales en V.O. De hecho, inauguramos con la nueva versión de Tim Burton de 'Alicia en el país de las maravillas', pero el público nos fue diciendo que quería otro tipo de cine, ese que nos hacía diferente al resto de la cartelera de Málaga», explica Juan Luis Artacho, jefe de programación de la empresa municipal Málaga Procultura, en la que se integra hoy el Albéniz. El estreno de la hollywoodiense 'El fantástico Sr. Fox' se saldó con apenas 13 espectadores en su primer fin de semana, mientras se llenaba el patio de butacas con la francesa 'Villa Amalia' o la neozelandesa 'El último bailarín de Mao'.

«Redoblamos la apuesta y dedicamos todas las salas al cine alternativo al circuito comercial», recuerda Artacho que pone como ejemplo el reciente estreno de una de las películas que apunta a la próxima edición de los Goya, 'Los domingos', de Alauda Ruiz de Azúa, con la historia de una joven que siente la llamada de los hábitos y la religión. «La recaudación que hemos hecho con ese filme puede competir con cualquier cine de España, incluso Madrid o Barcelona», argumenta el programador que, aunque confiesa que los inicios no fueron fáciles, la sala municipal cuenta con un público muy fiel, particularmente adulto mayor de 40 años, que no renuncia a las películas en gran pantalla. «Sigo yendo al cine y mi preferido es el Albéniz, porque tiene la mejor cartelera y está en el centro de Málaga; es el más cómodo de llegar andando», asegura la historiadora María Pepa Lara, dándole la razón a Artacho.

No hay première, ciclo o muestra –Fancine, Festival de Cine Alemán, Francés, Italiano…– que se celebre en Málaga sin tener en Alcazabilla su cuartel general, lo que ha hecho que la octogenaria sala mire al futuro con su proyecto de ampliación, el Neoalbéniz. Este mes de diciembre tendría que haberse terminado la obra, pero los trabajos en la vecina plaza de Jesús el Rico dejan claro que todavía quedan unos cuantos ladrillos por poner para terminar esas dos nuevas salas que aumentarán hasta seis la cartelera del último cine superviviente del centro. No es su único récord. También es la única sala en España con gestión pública de un Ayuntamiento y con estrenos semanales. Un modelo que están tratando de imitar en otros puntos del país. «Lo más bonito es cuando ves a un padre que trae a sus hijos a ver 'Cantando bajo la lluvia' y, al tiempo, vienen esos jóvenes ya solos», remata Artacho. Con esa cantera, la película del Albéniz todavía tiene metraje por proyectar. A por los cien.