Rodrigo Sorogoyen, talento «made in Spain»


1 Diciembre 2024

Málaga

Personalidades

Una imagen de archivo reciente de Rodrigo Sorogoyen. / e.p.

Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) ya no come en la mesa de los grandes, sino que considero que ostenta la suficiente jerarquía para servir el entrante a Pedro Almódovar y racionar el plato principal con Carlos Saura, Eloy de la Iglesia o Julio Médem. Con 6 películas y 2 series, una de ellas de rigurosa actualidad (Los años nuevos), presenta una filmografía igualmente escueta como superlativa, con la aptitud para ya marcar un sello identitario a la vez que madura su estilo obra tras obra.

Ahora Sorogoyen vuelve al amor en un mundo corrupto, con Ana y Óscar (Iria del Río y Francesco Carril). Corrupto de la rutina, de una velocidad inalcanzable, a la que corremos sin voluntad pero tampoco sin remedio, de todo lo que pasa al fondo cuando estamos viviendo, y sobre todo, todo lo que sentimos cuando desconectamos el cronómetro. Los años nuevos es un thriller sobre el tiempo con la misma intensidad que un policiaco, en parte porque la protagonizamos nosotros: treintañeros, actuales o a futuro, que viven cada Nochevieja como una evaluación donde ratificar ese tejado que nos une al mundo, y al contrario, si existe margen para derribarlo.

Maestro del thriller

Se conoce a Sorogoyen, razón de su éxito, por haberse convertido en ese maestro del thriller que tanto inducía a David Fincher -con Que Dios nos perdone sustentaba una Seven madrileña, un duo policial enfrentando a un asesino en serie airoso de toda la astucia que faltaba a sus contrincantes- hasta superar el estigma de cualquier referente.

En un díptico de formatos (película-serie), que en la opinión de un servidor es lo más sobresaliente de nuestro siglo, El Reino (2018) y Antidisturbios (2020), trazó su línea temática preferida: la tendencia a la denuncia política, recogiendo la ley teórica y revelando los vacíos morales de sus ejecutores, unas aristas que se moldean a merced de los tramposos, quienes franquean su deber para alcanzar el paraíso, mientras una sociedad víctima se muestra impasible a sus chanchullos.

El cineasta madrileño humilla y desnuda a todos esos políticos que viven vampirizando el dinero del resto. Planos secuencia que funcionan como cámaras de vigilancia, sin cortes por publicidad, en un mundo mediático en permanente y contradictoria ausencia de ellas (siempre desviando la atención). «Todos estafamos para sobrevivir», para justificar que son incapaces de vivir a secas, subiendo escaleras hasta la cima del poder y descubrir que es horizontal y nunca vertical, que se reparte entre una baraja de cartas en la que siempre jugarán los mismos, aunque ya no queden cartas de esa baraja. Diría que soy monárquico, con la única condición de que el rey sea Sorogoyen.

Made in Spain

Sorogoyen es marca made in Spain, y hablo en inglés porque no creo que le falte mucho tiempo para saltar a tierras americanas. En el horizonte, trabajar con Javier Bardem en El ser querido, trampolín perfecto para atraer los focos. Aunque si le preguntan sobre Hollywood, el supuesto sueño eterno de cualquier cineasta que nació con una cámara en la mano, él no lo tiene como objetivo prioritario: «Pues no a priori. Depende de los términos y del proyecto pero considero que suelen ser muy leoninos y muy exigentes desde un punto de vista en el que yo necesito tener todo el control», decía a los medios de RTVE cuando fue nominado a los Óscar por su cortometraje Madre.

Si Sorogoyen no diera ese esperado salto tampoco pasaría nada. Lo disfrutaríamos nosotros, sin que ninguna major, auténticos pulpos cuyos tentáculos terminan abnegando el talento, lo absorbiera de sus raíces: las pantallas de un cine español que cada vez es mejor y más necesario, merecidamente más cuerpo de debate por su calidad que por la inevitable coyuntura política a las dichosas subvenciones. Como si hacer buenas películas fuera únicamente cuestión de dinero.