María Barranco resurge tras tocar fondo: «No hay quien me hunda»


30 Enero 2026

Málaga

Personalidades

Nadie está acostumbrado a ver llover en Torremolinos. Tampoco María Barranco, que pasa estos días en su casa de La Carihuela. «Esto parece el oeste. ¡Qué ventolera!», exclama con la vis cómica que conquistó a Pedro Almodóvar y que permanece intacta pese a los años y los daños. Porque la actriz malagueña, ganadora de dos Goya, ha aprendido que en el cielo, como en la vida, tras los nubarrones casi siempre espera la luz. A veces sólo es cuestión de tiempo. Ahora saborea un momento dulce después de sentirse «muy perdida», un pozo del que ha salido y que no esconde: «Para eso están los médicos. Recibí ayuda, pegué un zapateado y aquí estoy». Por algo en sus comienzos se hacía llamar La Corcho: «Porque a mí no hay quien me hunda». Los aplausos dan fe cada noche: la Barranco está de vuelta.

Este fin de semana llenará dos noches seguidas (30 y 31 de enero) el Teatro Cervantes con 'Mejor no decirlo', una irónica reflexión sobre la pareja en la que comparte protagonismo con Imanol Arias, ellos que han sido «de todo menos novios». Se conocieron hace más de cuarenta años, cuando ella empezaba en un Madrid hostil para los principiantes: «Me lo presentó Antoñito (Banderas) y ya era una figura. Siempre ha sido muy generoso. Venía a casa, porque no había móviles, y me chivaba los proyectos que estaban preparándose para que me presentara. Ha sido muy importante en mi vida».

–¿Y novios nunca? Pues mira que el tío es guapo y fotogénico.

–Perdona, ¿y es que yo soy fea?

Cruzada la valla de los sesenta, María conserva la espontaneidad de Candela, el personaje que cambió su vida, parte del reparto de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', una película que es historia viva del cine español. La divertida ingenuidad de aquella modelo enamorada de un terrorista chiíta, sus pendientes en forma de cafetera, conquistaron a medio país. El resto es historia: trabajos con Fernando Trueba, Bigas Luna, Julio Medem, Fernán Gómez o Álex de la Iglesia, cinco nominaciones a los Goya (y dos galardones, uno por 'Mujeres al borde...' y otro por 'Las edades de Lulú'), el reconocimiento de la crítica, el cariño del público... También un matrimonio fallido con Imanol Uribe y una crisis económica, situaciones difíciles que siempre supo remontar. Hasta la pandemia.

Algo se le quebró por dentro durante los meses de confinamiento.

«Sé que no es algo que me pasara sólo a mí, pero no tenía ganas de nada. No quería pensar, sólo quería estar escondidita, que nadie me molestara… Y cuando acabó el coronavirus seguía igual de perdida». No era la primera vez que atravesaba un mal momento. Ya sabía que a menudo la cabeza juega malas cartas, pero también conocía la forma de romper esa espiral: «Tienes que tocar fondo para resurgir, para volver arriba». Esa vocación de corcho, de salir siempre a flote. Ahora el paisaje no puede ser más distinto: acaba de ser abuela por cuarta vez, la invitan como entrevistada en programas de prime time, protagoniza portadas y está de gira por los principales teatros del país, cada noche entre aplausos. «Ahora estoy en otro momento», confiesa, «pero hay que hablar de estas cosas para recordarlas».

La familia resultó fundamental en esa reconstrucción. También los amigos, si acaso no son la misma cosa. «Como decía Paco Rabal, hay que tener amigos hasta en el infierno. Siempre me han apoyado muchísimo». La oportunidad de ponerse a las órdenes de Claudio Tolcachir llegó de rebote, pero Barranco sabe que hay trenes que no pueden dejarse escapar. «Era una obra que en Argentina ya tenía actriz, Mercedes Morán, pero no pudo venir a España y se pusieron a buscar a otra intérprete». Ahí estaba ella.

–Porque yo soy como la tía de Gila.

–¿Cómo es eso?

–Ella iba a las bodas y, cuando el cura preguntaba a la novia «¿Quiere usted de esposo a…?», salía y decía «Si no lo quieres tú, para mí».

¿Y el éxito se saborea mejor a los sesenta que a los veinte? «El éxito es bueno siempre, a la hora que sea», ríe: «Pero con 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' todo fue tan rápido que era vertiginoso. Ahora, con la madurez, se disfrutan más las cosas. Es como tomarte un buen vino en vez de irte de botellón». También Imanol Arias transita ese camino: «Hacía veinte años que no coincidíamos y es muy bonito cómo nos cuidamos uno al otro. Nos preguntamos: '¿te has tomado la pastilla?' Nos decimos: 'te voy a llevar a comer a tal sitio, que tienes que ganar unos kilitos'… Está siendo un reencuentro maravilloso». Se escucha a sí misma y salta como un resorte por la pompa del adjetivo escogido, siempre con gracia.

–¡Ay, «maravilloso»! Parezco una folclórica.

Su regreso al teatro, con un personaje «que más que un traje a medida parece un body de tan pegadito que me está», supone también su reencuentro con el aplauso del público, un deseo temprano: «Yo me hice actriz por los aplausos. Me metí en teatro para aficionados y estaba en el fondo del todo, sólo tenía una frase, pero escuchaba cómo aplaudían a la protagonista y me parecía el éxtasis». Ese que ahora disfruta cada noche.