Aurelio Rojas, el cardiólogo malagueño de los 600.000 seguidores
31 Agosto 2025
Málaga
Personalidades
Cardiólogo en el Hospital Regional de Málaga, Aurelio Rojas es desde hace pocos meses una voz viral en redes sociales. Ha convertido sus conocimientos médicos en píldoras divulgativas que una legión de seguidores consume a diario: más de 600.000 solo en Instagram (@doctorrojass). A sus 35 años, su presencia 'on line' ha crecido desde octubre del pasado año con la misma naturalidad con la que habla sobre salud, alimentación y estilo de vida. «Soy una persona alegre y sencilla», confiesa, y esa autenticidad es precisamente lo que explica parte de su éxito, que se apoya en tres pilares: rigor científico, transparencia y entretenimiento.
Nacido en Málaga, pero de raíces jiennenses (su familia es de Alcaudete), Rojas ha vivido la medicina desde su nacimiento. Su madre, que es pediatra, nunca le dijo que siguiera sus pasos, pero al final el entorno hizo mella. Estudió en la Facultad de Medicina de Málaga, donde pronto destacó. Obtuvo una nota muy alta en el MIR y eso le permitió elegir. «Mi primera opción era Neurocirugía y aunque te aconsejan que nunca cambies el orden de prioridades, yo lo hice y en el último momento me decanté por Cardiología. No me arrepiento, lo volvería hacer», afirma.
Tras acabar la carrera, quiso ampliar su formación fuera de España y conocer el funcionamiento de otros sistemas sanitarios. Lo hizo en Nueva York, en el Lenox Hill Hospital. Allí profundizó en el manejo de procedimientos intervencionistas cardiacos mínimamente invasivos y tras aquella experiencia regresó a Málaga convencido de que su sitio estaba aquí. Concretamente, en el Hospital Regional, donde fue contratado tras terminar en él su formación especializada y donde a día de hoy trabaja en el diagnóstico y tratamiento de casos de insuficiencia cardiaca, valvulopatías y miocardiopatías, además de formar a los nuevos internos.
Familiar, cercano, extrovertido, celoso de su intimidad, sin ínfulas y «disfrutón». Así se muestra en redes sociales este soltero treintañero y sin hijos: lo mismo explica un electrocardiograma o cómo impacta la falta de sueño en el organismo, que cuelga un vídeo saliendo de una guardia, en el gimnasio o con el perro que le cuidan sus padres, que residen en Marbella.
Lo que comenzó casi por accidente –una foto celebrando la publicación de un libro que escribió junto a otro médico sobre imagen cardiaca– se convirtió en una plataforma de divulgación sanitaria que solo en tres meses sumó 350.000 seguidores. «Subí esa foto con mi amigo y recibió miles de 'me gusta'. Pensé que igual podía ayudar a más personas por aquí».
Tardó en asimilar el calificativo de 'influencer', porque inicialmente nunca creyó que sus mensajes llegaran a una audiencia tan grande. «Recibo mensajes de personas que han empezado a cuidarse, a hacer ejercicio, a comer mejor gracias a lo que comparto. Si eso es ser 'influencer', entonces lo soy, pero con base científica».
Y es que Rojas no improvisa. El contenido que publica lo graba, edita y escribe él mismo. «No tengo ayuda de nadie. Esto es como mi hijo, y lo cuido con mimo». Su máxima es el rigor. Rechaza entre el 70 y 80% de las propuestas de colaboración que le llegan, sobre todo si no están alineadas con sus principios médicos. «No voy a promocionar nada que no tenga base científica o no sea seguro. Esa línea no la cruzo».
Su doble faceta de médico y divulgador no está exenta de sacrificios. El tiempo libre ha disminuido y reconoce que a veces también siente estrés. «Yo siempre digo que veo unos 40 corazones al día, y muchos de esos problemas vienen del estrés. Sube la tensión, el colesterol, los triglicéridos, el peso... No es fácil librarse del estrés, pero sí cambiar los hábitos para que el impacto en nuestro organismo sea menor, como cuidar la alimentación, hacer ejercicio físico y mejorar el descanso. La gente normaliza vivir así, pero el cuerpo pasa factura». Él predica con el ejemplo: hace deporte, lee (tiene entre manos 'La cena secreta', de Javier Sierra), medita y se da algún capricho gastronómico de vez en cuando. «No hace falta hacerlo perfecto el 100% del tiempo; con cuidarse el 90% basta. Yo también como churros a veces, incluso algún donut y lo cuento en redes». ¿Entre sus hobbies? Ir a la playa «como buen malagueño» y ver series de ciencia ficción.
Su poco tiempo libre lo dedica principalmente a generar contenido, porque cree que ayudar a los demás es parte de la vocación médica. «Ha sido una bola de nieve que ha ido creciendo y lo que en principio solo era un perfil en Instagram, ahora he sumado un canal en Youtube, cursos para ayudar a mejorar el estilo de vida y un podcast donde entrevisto a otros divulgadores de salud que pueden aportar otros puntos de vista. Y sin beneficios, asegura este médico que es consciente de que sacar rédito económico de vender tratamientos en redes sociales es un tema «extremadamente sensible».
En sus vídeos se muestra natural, directo, a menudo divertido y en ocasiones coqueto. Ha aprendido a hacerlos de forma autodidacta, aunque no niega que la tecnología le ha ayudado. En ellos habla de descanso, alimentación, ejercicio, estrés. Todo desde la autoridad médica, pero sin la distancia habitual. «Creo que uno de los errores en consulta es parecer inaccesibles. La bata ya genera barreras. Mostrarme como alguien normal me ha acercado a la gente». Incluso ha entrevistado a personajes con los que no comparte enfoque, pero con un objetivo claro: desmontar mitos y bulos desde el diálogo. «No estoy de acuerdo con ellos, pero hay que saber por qué tanta gente les cree. Y explicar por qué están equivocados».
Sus compañeros de hospital, lejos de criticar su faceta pública, lo han arropado. «Aquí pasamos muchas horas, buenas y malas, y eso une. Nunca he recibido un comentario negativo de mis colegas, aunque sí alguna broma», apunta. Lleva a gala no tener 'haters' y la calle, el metro o la consulta son ahora lugares donde lo paran para pedirle una foto. «La gente es muy amable. Y si puedo ayudar desde aquí o desde Instagram, lo hago igual».
Rojas cree que los médicos deben estar presentes en redes sociales. «Si somos los referentes en salud en la vida real, también debemos serlo en Internet. No hace falta ser especial, solo hace falta ser uno mismo».
Más allá de los algoritmos, su propósito es claro: mejorar vidas, ya sea en el hospital o recomendando respirar cinco minutos al día para calmar la mente. «Ayudar forma parte de la vocación médica. Y no solo desde una consulta».
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