Una dieta poco saludable aumenta el riesgo de desarrollar depresión
14 Junio 2025
CdelSol Noticias
Desde hace algunos años, la
prevalencia de los trastornos depresivos está aumentando en todo el mundo y
representa un creciente problema de salud pública. Según estimaciones
recientes, el 4 % (≈280 millones) de la población mundial antes de la pandemia
padecía algún tipo de trastorno depresivo, cifra que supera con creces las
reportadas en 1990 (3 %, ≈180 millones). Es más, con la pandemia, se sumaron al
menos 53 millones de casos adicionales de depresión mayor.
Esos trastornos depresivos
pueden tener un impacto significativo en el bienestar general, deteriorando el
funcionamiento físico y psicosocial de los individuos.
¿Hay remedio? ¿Podemos reducir
esas cifras? Está claro que frenar el acelerado ritmo de vida, combatir el
estrés, evitar el aislamiento social o potenciar el contacto con la naturaleza
nos ayuda. No obstante, hay otro factor que no solemos tener en cuenta cuando
pensamos en prevenir la depresión: la dieta.
Qué es una dieta inflamatoria
y cómo se relaciona con la depresión
En los últimos años, los
comportamientos relacionados con el estilo de vida como la dieta han recibido
una atención especial como estrategias factibles de la vida diaria para
prevenir la depresión. Pero ¿tenemos claro qué dieta es adecuada y cuál no para
nuestro estado de ánimo?
El aumento mundial de la
adopción de hábitos alimentarios poco saludables (y sedentarios) ha generado un
desafío global a gran escala que altera el equilibrio energético y la
accesibilidad a alimentos naturales que son fuentes importantes de nutrientes saludables
a lo largo de la historia de la humanidad. Me refiero a frutas, frutos secos,
verduras y cereales integrales. Eso nos ha alejado de uno de los patrones
alimentarios óptimos para la salud con mayor evidencia científica: la dieta
Mediterránea, enmarcada en una tradición culinaria intercultural milenaria.
En su lugar, tendemos a
adoptar dietas subóptimas en las que abusamos de alimentos ultraprocesados con
altos niveles de sodio, azúcares añadidos y grasas trans. Con un peligro
importante, y es que la ingesta excesiva de este tipo de alimentos hace que nuestro
sistema inmunitario innato libere citoquinas proinflamatorias que, entre otras
cosas, aumentan la incidencia de ciertos tipos de cáncer, síndrome metabólico,
diabetes de tipo 2, enfermedades cardiovasculares, enfermedades
neurodegenerativas y depresión.
Una respuesta inflamatoria
normal del cuerpo humano se caracteriza por un aumento temporalmente
restringido de la actividad inflamatoria cuando existe una amenaza, y que se
resuelve una vez que la amenaza ha pasado. Por el contrario, cuando adoptamos
de manera regular hábitos alimentarios poco saludables sufrimos una inflamación
crónica sistémica de bajo grado, que acaba provocando alteraciones importantes
en todos los tejidos y órganos, y, finalmente, aumenta el riesgo de padecer
diferentes enfermedades no transmisibles.
La probabilidad de desarrollar
depresión se duplica
Para confirmar si hay una
relación directa entre la adherencia a un patrón dietético proinflamatorio y el
riesgo de desarrollar depresión, hemos realizado un estudio longitudinal con 3
206 adultos mayores españoles sin depresión al inicio, evaluando la influencia
de la dieta durante 3 años de seguimiento. El potencial inflamatorio de la
dieta lo calculamos a partir del Índice Dietético Inflamatorio, un algoritmo de
puntuación basado en el impacto de diferentes parámetros dietéticos (alimentos,
nutrientes y otros componentes de compuestos bioactivos) sobre 6 biomarcadores
inflamatorios (proteína C reactiva, interleucina-6, interleucina-1β,
interleucina-4, interleucina-10 y factor de necrosis tumoral-α).
Así pudimos determinar que,
quienes se adhirieron a una dieta proinflamatoria basada en un consumo elevado
de carbohidratos, grasas trans, grasas saturadas, y colesterol reportaron una
mayor incidencia de depresión a lo largo del seguimiento del estudio.
Específicamente, los participantes con la dieta inflamatoria más alta
registraron el doble de probabilidades de desarrollar depresión que los
participantes con una dieta antiinflamatoria, basada en un consumo regular de
diferentes nutrientes y componentes bioactivos como fibra dietética, vitaminas
A, D y E, ácidos grasos omega 3, betacaroteno, zinc, magnesio y selenio. Todos
ellos parámetros dietéticos presentes en alimentos como frutas, verduras,
legumbres, guisantes, frutos secos, pescados, mariscos y cereales integrales,
entre otros.
Si bien se necesita seguir
investigando a lo largo de toda la edad adulta para establecer conclusiones más
sólidas, estos resultados indican que los hábitos alimentarios pueden influir
significativamente en la salud mental de los adultos mayores. Y que haríamos
bien en empezar a considerar la dieta como un elemento modificable que podría
impactar positivamente en la prevención de la depresión.
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nutrición
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