Wilmarsdonk, la vida como un laberinto
13 Enero 2025
Málaga
CdelSol Noticias
El primer día de colegio, contenedor 24, pasillo F. Los primeros vellos, contenedor 97, pasillo G. La primera menstruación, contenedor 17, pasillo M. El primer beso, la primera guitarra, el primer viaje en avión, el primer desengaño, el primer sueldo, la primera vez…
Hay personas que llevan la vida empaquetada, siempre a punto de marcharse. Recuerdos envueltos en papel celofán con un imperceptible manto de polvo. Años clasificados en contenedores que se ordenan en altas torres acoplados por un vago recuerdo, igual de frágiles que una grúa oxidada.
Un encuentro desafortunado, contenedor 12, pasillo C. Una boda incompleta, contenedor 35, pasillo K. Amanecer en una cama extraña, contenedor 9, pasillo V. El cuarto fin de semana con los niños. Aquel granizo en agosto. Un destino pendiente de concesión, una carta no enviada. El apartamento embalado en un rimero de cajas desordenadas.
Hay personas que están en medio de un viaje, en la sala de espera de un aeropuerto sin tráfico aéreo. Esperan el cambio del clima o el posicionamiento de las estrellas o la llamada que nunca llegó o una suerte de casualidades que provoque un giro deseado. Son personas que miran constantemente las pantallas sin encontrar destino mientras se derrama el presente a sus pies. Por el altavoz resuenan los ecos de un último aviso para los viajeros con destino incierto: Puerta B24.
El regreso inesperado, contenedor 4, pasillo A. Una muerte imprevista, contenedor 19, pasillo D. La enfermedad crónica, contenedor 7, pasillo F. El último café de la estación, una carta de despido con palabras huecas, el viaje pospuesto, un abrazo olvidado, el corazón roto, una palabra no pronunciada a tiempo. Las oportunidades perdidas se encuentran en el contenedor de papel reciclado.
Hoteles de franquicia a las afueras de la ciudad, recepciones vacías, dispensador de agua y café, camas estrechas, tabiques de paneles, baños de plástico, pago con tarjeta. Hay personas que no acaban de llegar a su destino, perdidas en el laberinto de la reclamación de equipajes. Apeadas de un mundo en movimiento para rebuscar en un pasado que no existió, tratando de encontrar la tarjeta de embarque del vuelo que jamás hicieron. Son personas que pretenden marcharse de su presente nada más llegar.
Wilmarsdonk, la vida como un laberinto. / ILUSTRACIÓN DE JAVIER RICO
Wilmarsdonk era una populosa población de Flandes dedicada a la pesca y a la agricultura. Por sus canales navegaban barquichuelas de poco calado para pescar los lucios que se escabullían entre los guijarros del fondo del río Escalda. El agua canalizada regaba los frondosos huertos de espinacas, lechugas o zanahorias y se detenía a juguetear con los sauces que se inclinaban para beber junto a los juncos. Mucho más abajo, delimitando el camino procedente de la capital, las hojas de los olmos se persignaban con la mano del viento al ver regresar exhaustos a los granjeros tras recorrer a pie los 9 kilómetros que los separaban de Amberes. El camino Steenweg les adentraba a Wilmarsdonk ascendiendo por las piedras que alfombraban la calle Waterstraat. Desde allí, se conducían por estrechos callejones hasta Dorpstraat, donde les esperaban los gruesos escalones de la iglesia o una rampa de tierra, por donde los carromatos bajaban despidiendo aromas a verdura y pescado.
Para ampliar el puerto de Amberes, vaciaron de todo aquello Wilmarsdonk. Nivelaron sus desniveles, asfaltaron sus adoquines y la cubrieron de muelles, almacenes y encrucijadas. Entre 1950 y 1965, sus habitantes mudaron sus hogares, los comercios y la iglesia de San Willibrordo, aunque dejaron el campanario sobre un inmenso vacío como testigo de su antigua presencia: un singular edificio barroco del siglo XVIII que parece levantar la mano en medio de una manifestación de bloques de hierro. Sus campanas enmohecidas ya no tañen las horas, ahora sólo observan silenciosas el trasiego de mercancías en constante movimiento. Vulgares, obedientes, celosos de su intimidad, los contenedores son ahora los habitantes de esta ciudad en tránsito.
Hay personas que sin saberlo, viven en alguna calle de Wilmarsdonk. Encerrados en un contendedor a la espera de un destino que no termina de encajar. En ocasiones, salen de sus paredes de hierro para encaramarse sobre el campanario de San Willibrordo, deseosos de encontrar una razón que les ayude a establecerse fuera del laberinto.
Noticias similares
Abr
18
El chivo, protagonista en 'Degusta Casares' este fin de semana
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
'Saborea Estepona' celebra su XV Ruta de la Tapa con 46 locales participantes
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
Fuengirola acoge el arranque de la Liga Finlandesa de Béisbol, que prevé una audiencia media de 240.000 telespectadores
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
¿Despegan en hora los vuelos en el aeropuerto de Málaga?
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
Boat Málaga: aportando excelencia y diversión a la formación náutica
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
La Nao Victoria podrá visitarse en Fuengirola del 23 al 26 de abril
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
Planes de primavera que no fallan en Málaga: ruta, pueblo y dónde comer bien
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
Encuentro con Fernando Aramburu sobre su novela 'Maite' en el Museo Picasso Málaga
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
Julio Bocca, premio del Soho a una leyenda: «Cuando uno ama lo que hace, cualquier dolor se supera»
Málaga
CdelSol Noticias
Abr
18
La San Diego Comic-Con Málaga 2026 lanza una preventa exclusiva de entradas
Málaga
CdelSol Noticias