Correr los 101 kilómetros de Ronda esposados, el Guinnes solidario de Pelayo y Jessica


12 Abril 2026

Ronda

CdelSol Noticias

Si completar los 101 de la Legión de Ronda es difícil, hacerlo con unas esposas parece casi imposible. Es lo que harán el próximo 9 de mayo Pelayo Álvarez y Jessica Muñoz, una pareja que se ha propuesto correr esposados todos y cada uno de los 101 kilómetros de esta mítica prueba y superar así un récord Guinness que ahora mismo está marcado en los 80 kilómetros. Suena a idea loca, pero ellos lo tienen muy claro y, además, lo más importante es que tienen una bonita razón para conseguirlo, pues con su hazaña buscan dar visibilidad a la Fundación Pequeño Deseo, y ayudar a recaudar fondos para su causa solidaria.

Ninguno de los dos es malagueño, ni siquiera andaluz. Y nunca han estado en Ronda. Él es asturiano, de Luarca; y ella es alicantina, de Calpe. La idea surgió sin más, entre bromas, hace unos cinco meses. “Estábamos mirando récord Guinness, pero no pensando en superar ninguno, sino por entretenimiento”, cuenta a este periódico Pelayo, que asegura que fue entonces, cuando vieron el récord de una pareja esposada, cuando todo empezó a tomar forma. “Nos hizo gracia”, recuerda, ilusionado, aclarando que él es Guardia Civil y ella Policía Local, y que los dos son deportistas.

La pareja entrenando para los 101 kilómetros de Ronda. / M. G.

A partir de ahí, todo fue rápido: “Conocíamos la carrera de Ronda, yo tengo amigos que la han hecho y dicen que es increíble, miramos el recorrido y nos apuntamos. Y empezamos a mirar a ver si podíamos ayudar a alguna fundación”. En esa búsqueda encontraron a la Fundación Pequeños Deseos, una organización que se dedica a cumplir los sueños de niños y adolescentes con enfermedades graves. “Su labor nos toca de cerca”, asegura Pelayo, porque aunque ninguno tiene vinculación directa con la ONG, ambos son padres.

Se pusieron en contacto con la Fundación, bautizaron su reto solidario como 101khandcuffed, crearon una página web a través de la cual se pueden hacer donativos y un perfil de Instagram en el que van documentando sus progresos (@101khandcuffed). La recaudación irá destinada íntegramente apoyar anímicamente a niños con enfermedades graves. Así, lo que parecía una locura se ha convertido en “un reto personal de superación” y en el deseo de “ayudar a los niños”. El Guinness ya es una excusa, “lo de menos” –dice–. Además del dinero que consigan recaudar a través de la web, están preparando calendarios para “apadrinar kilómetros” y el día de la carrera sus padres estarán en Ronda para ayudarles a visibilizar su causa. También quieren que alguien de la Fundación Pequeños Deseos viaje con ellos.

Llevarán las esposas puestas desde la salida hasta la meta, lo que les obliga a coordinarse, adaptarse al ritmo del otro y “avanzar juntos incluso cuanco el cansancio y el dolor aparezcan”. Consideran que esa unión representa el mensaje que quieren transmitir con su reto, y es que “nadie debería luchar solo”. “Pensaba que ir esposados iba a ser más difícil, por el tema de la coordinación y la zancada, y porque yo soy mucho más alto que ella, pero nos hemos adaptado bien”, explica. Se llevan preparando a conciencia desde enero, cuando desde la organización de los 101 les confirmaron que podrían participar. Entrenan por separado durante la semana –porque él vive en Madrid y ella en Alicante– y juntos los fines de semana. “Lo máximo que hemos hecho esposados han sido cuatro horas, 33 kilómetros, alrededor de La Graciosa”, relata Pelayo, que calcula que en Ronda tendrán que pasar con las esposas “15 o 16 horas”.

“No somos atletas profesionales ni buscamos protagonismo”, afirma Pelayo, que insiste en que lo único que quieren es que su reto sirva como un altavoz y que “cada kilómetro cuente, que cada historia llegue un poco más lejos y que el esfuerzo tenga un impacto real más allá del récord”. De hecho, asegura que en su caso es un “novato”, porque nunca ha participado en una maratón ni nada que se le parezca. Su pareja sí tiene experiencia con algún Ironman y en la Carrera Africana de Melilla. “O sea, que me va a llevar ella a mí”, ríe.