Centenares de peregrinos 'coronan' el Monte Calvario el Viernes Santo en Málaga:


4 Abril 2026

Vélez Málaga

CdelSol Noticias

De la Ermita de San Lázaro a la Capilla del Calvario, centenares de peregrinos han aprovechado las primeras horas del Viernes Santo en Málaga para realizar su tradicional via crucis y coronar el Monte Calvario. Paso a paso, personas de distintas edades se han expuesto a una ruta de subida de unos cuatro kilómetros (ida y vuelta) para visitar al Santísimo Cristo Yacente de la Paz y de la Unidad. Una imagen que ha sido trasladada, más tarde, para salir en procesión e invita a revivir, en cada una de las 14 cruces, la Pasión de Jesús en un ambiente de Semana Santa y puestos de limones "cascaruos" y cañas de azúcar.

Ermita del Calvario / Ana Jiménez

Aún cuesta arriba, han sido muchas las familias con mascotas; jóvenes; personas mayores y con diversidad funcional, las que se han animado a hacer el recorrido. Así, ha sucedido con el caso de Laura Fernández, una peregrina, que volvía tras visitar el templo con una costumbre que nace "desde chiquitita": "Venía con mi familia y ahora con mis amigos. Hemos ido parando y hemos hecho una reflexión en cada cruz, buscando en el Evangelio. Ha sido más emocional que físico y, bueno, al final el camino es bastante cortito, y con la naturaleza relajante", destaca a este periódico.

Laura Fernández y Raquel Ramírez, peregrinas en el Monte Calvario / Ana Jiménez

Junto a ella y su perra Bruna, que ha peregrinado al menos 15 años, bajaba el monte su amiga Raquel Ramírez quien, por contra, reconocía que era "mi primer año" cumpliendo con la experiencia en la que se espera dejar una piedra a los pies de cada cruz, a modo de símbolo o petición. "La he puesto también para dejar constancia y esa pequeña reflexión. Llevaba muchos queriendo hacerlo ir caminando y ver todo lleno de naturaleza, los árboles, la brisa", relata.

Una tradición familiar, limones y "pasión"

"Es una tradición que pasaron desde la familia de mi marido. Este año somos ocho y vamos dejando las piedras en cada cruz. Para mí significa pedir algo y conlleva, una vez acabe el recorrido, le bese los pies al santo y estemos allí un ratito haciéndole compañía, que lo que le pida se me pueda cumplir o llegar a ello", explica, por su parte, Virginia Granados, que se dirigía a la Ermita del Calvario tras conocer el camino desde hace 30 años.

Velas en el interior del Calvario / Ana Jiménez

Mientras, Alberto, manteniendo la misma esencia y a la salida del templo, cuenta como ha subido en familia "con un grupo de niños" y ha sido una camino "llevadero, donde el limoncito también tiene su encanto", pero lo que más destaca es "el llegar arriba": "Le he hecho una promesa al Cristo. Además, al dejar las piedrecitas es como vivir los momentos de Jesús en su penitencia", narra.

Alberto, peregrino en el Monte Calvario junto a niños de su familia / Ana Jiménez

Por otro lado, una joven llamada Virginia que bajaba la escalinata final afirma haber subido el monte hasta 16 años y seguir haciéndolo "en recuerdo" de su abuela. "Fue la que empezó y así ha seguido siendo durante muchísimos años. El dejar las piedrecitas es como hacer ese camino con ella. Ahora lo hacemos solo mi madre y yo, pero nos gusta. Se nota muy familiar siempre, con mucha gente mayor y el sol y la naturaleza incitan mucho a hacer el recorrido", cuenta, portando en sus manos claveles, dedicados a su madre para "cuando no puede subir" y a su abuela, que los recibe en su tumba al haber sido "sus flores favoritas".

Virginia, peregrina del Monte Calvario / Ana Jiménez

Con ello y dentro de la subida, que da comienzo a escasos metros del Santuario de la Virgen de la Victoria se instaura, asimismo, la costumbre de comer "limones cascaruos y cañas de azúcar" en los puestos repartidos entre las catorce cruces, la joven Virginia,, reconoce que también "los tomamos antes de volver a casa", como parte de la tradición. Así como Granados, quien también admite "comprarlos arriba", cuando ya han seguido las diferentes estaciones del via crucis.

Mientras, Encarni, de 68 años que estaba en la cola para ver la imagen del Yacente, junto a su marido, también revela que para ella es parte del ritual: "Lo que nos gusta es ver la imagen, subir, la gente, y luego comer un limón. Todos los años subo, hasta lloviendo. Ahora nos cuesta un poco, pero bien", distingue.

Marco González, en su puesto de limones "cascaruos" / Ana Jiménez

"Llevaré unos cinco o seis años aquí, esto es muy bonito. Es la tradición del Calvario, viene cada vez más gente y se están vendiendo muchos limones. Los traigo de mi finca de Cártama, sembrados con buenos abonos y bien regados, porque los cascaruos pidenbastante agua. Estos tienen una piel más blanca y más gorda para que la acidez se quite al comértelo", aclara Marco González, dueño de un puesto de limones, que los prepara y los vende junto a la Capilla de la cima.