Tiene pinturas de hace un milenio, se descubrió hace 100 años y se puede visitar cualquier día del año: la cueva secreta de Málaga


23 Marzo 2026

Málaga

CdelSol Noticias

En el interior de la provincia de Málaga, lejos del ruido y de los recorridos más transitados, existen espacios donde el tiempo no se mide en horas, sino en milenios. Lugares donde cada pared conserva huellas de vida remota y cada galería encierra fragmentos de historia que han permanecido ocultos durante siglos. En ese contexto, una cavidad natural emerge como uno de los enclaves más singulares del patrimonio malagueño, combinando arte rupestre, investigación científica y un relato marcado por el hallazgo casual.

La Cueva de La Pileta se localiza en el término municipal de Benaoján, en la parte occidental de la provincia. Este entorno forma parte de la Serranía de Ronda, una comarca caracterizada por su riqueza paisajística y su valor ecológico. En sus alrededores se concentran espacios naturales y localidades que configuran un territorio de gran interés, como la Cueva del Hundidero, el entorno del río Guadiaro, el municipio de Benadalid o Cortes de la Frontera, situada entre los parques naturales de Grazalema y Los Alcornocales.

Este enclave no solo destaca por su valor paisajístico, sino también por su relevancia en el ámbito de la geología y la arqueología, al albergar uno de los conjuntos de arte rupestre más significativos del sur peninsular.

El hallazgo que cambió su historia

El origen del conocimiento sobre esta cueva se remonta a la primavera de 1905, cuando el agricultor local José Bullón accedió a su interior en busca de guano de murciélago, utilizado como fertilizante natural. En lugar de este recurso, encontró restos humanos, cerámicas y pinturas en las paredes que evidenciaban la existencia de asentamientos prehistóricos.

El descubridor de la cueva.

El descubrimiento no tuvo repercusión inmediata en el ámbito científico. Fue cuatro años después cuando el hallazgo adquirió relevancia, tras el contacto de Bullón con William Willoughby Cole Verner, un militar británico afincado en Algeciras con interés en la arqueología. A través de él, la cueva llegó al conocimiento de Henri Breuil, uno de los principales especialistas en arte rupestre de la época, y del arqueólogo alemán Hugo Obermaier. Sus estudios permitieron la catalogación del enclave dentro de los circuitos científicos internacionales.

La conservación: una labor familiar

La protección de este espacio ha estado estrechamente vinculada a la familia Bullón. Tras comprender la importancia del hallazgo, José Bullón impulsó su preservación. En 1924, su hijo Tomás Bullón fue nombrado guarda oficial tras la declaración de la cueva como Monumento Nacional.

Su papel fue determinante en el desarrollo posterior del enclave. No solo se encargó de su custodia, sino que continuó explorando el interior, descubrió la entrada que se utiliza en la actualidad y llevó a cabo trabajos que facilitaron el acceso, como la excavación de una sima de más de 70 metros de profundidad. Su intervención resultó clave para consolidar la presencia de la cueva dentro del patrimonio andaluz.

Un museo natural con arte prehistórico

El interior de la cueva se configura como un espacio donde la actividad humana de épocas remotas ha dejado una huella visible. Las paredes conservan representaciones de animales como una yegua preñada, peces, cabras o tortugas, junto a otras figuras cuya interpretación aún no ha sido definida.

Estas manifestaciones artísticas presentan similitudes con otros enclaves prehistóricos de la Península Ibérica, lo que refuerza el valor arqueológico del conjunto. A ello se suman los objetos hallados en distintas campañas, como restos óseos, utensilios o piezas de carácter simbólico.

El interior de la cueva. / PACO HOYOS

Entre los descubrimientos más recientes destaca una figura antropomorfa conocida como la Venus de Benaoján, actualmente expuesta en el Museo de Málaga. Parte de los restos recuperados durante el siglo XX fueron trasladados también a instituciones como el British Museum, evidenciando el interés internacional generado por este yacimiento.

Horarios y cómo visitar la Cueva de La Pileta

La Cueva de La Pileta permanece abierta al público durante todo el año, con horario de visitas de lunes a domingo entre las 10:00 y las 13:00 horas. El acceso se organiza mediante reservas previas, ya que la entrada depende de la disponibilidad en los grupos establecidos.

En días laborables se programan dos visitas diarias, a las 11:30 y a las 13:00 horas. Durante fines de semana y festivos, el número de pases aumenta a cuatro: 11:00, 12:00, 13:00 y 16:00 horas. Las tarifas establecidas son de 15 euros para mayores de 11 años y de 10 euros para menores de entre 5 y 10 años, así como para grupos escolares con un mínimo de 15 integrantes.

Este sistema de acceso controlado responde a la necesidad de preservar las condiciones del interior de la cavidad, garantizando la conservación de un enclave que sigue desvelando, más de un siglo después de su descubrimiento, nuevas claves sobre el pasado.