El manantial de aguas sulfurosas que es similar al de Carratraca


2 Marzo 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Durante siglos ha pasado casi desapercibido, oculto a la vista de muchos vecinos y ajeno a las rutas habituales del turismo interior. Sin embargo, a las puertas de Ardales mana desde hace más de un siglo un agua singular, cargada de minerales y con propiedades terapéuticas. Se trata del histórico manantial sulfuroso situado a la entrada del pueblo, un enclave modesto pero con una larga trayectoria que, tras una reciente actuación de mejora, vuelve a despertar el interés por su valor patrimonial, geológico y sanitario.

Según explica el geólogo Juan Carlos Romero en su web Aula Museo de Geología de Málaga, este manantial ya era conocido y utilizado en el siglo XIX, cuando se levantaron la fuente y el pilar que aún hoy se conservan. No se trató nunca de un gran complejo termal ni de un balneario de prestigio, pero sí de un punto de uso continuado por parte de la población local, especialmente vinculado a la higiene, al abastecimiento de ganado y a la creencia popular en las propiedades curativas de sus aguas.

Las aguas de Ardales son de tipo sulfhídrico, ricas en compuestos de azufre, lo que las sitúa dentro del mismo grupo que otras surgencias terapéuticas andaluzas más conocidas. Romero subraya, además, un dato poco divulgado: estas aguas están incluso «más mineralizadas» que las del célebre balneario de Carratraca, lo que refuerza su interés desde el punto de vista hidrogeológico. No obstante, su escala, su localización y su desarrollo histórico fueron siempre muy distintos.

A diferencia del esplendor termal que alcanzó Carratraca en el siglo XIX -cuando su balneario atrajo a la burguesía malagueña e incluso a personajes famosos del país o del extranjero-, el manantial de Ardales nunca tuvo ese protagonismo. Su papel fue mucho más discreto y local, integrado en la vida cotidiana del municipio y sin grandes infraestructuras asociadas. Precisamente por ello, con el paso del tiempo fue quedando relegado a un segundo plano y su estado llegó a ser claramente mejorable.

El propio Juan Carlos Romero advertía ya en 2018, en su análisis publicado en Aula Museo de Geología de Málaga, de la necesidad de una intervención que protegiera y dignificara el enclave. Aquel diagnóstico hay que contextualizarlo en su momento: entonces, la fuente y su entorno presentaban un aspecto muy degradado, con escasa señalización y sin un tratamiento acorde a su valor histórico. Desde entonces, y especialmente tras la actuación municipal realizada el pasado año, el manantial ha experimentado una mejora visible, aunque aún contenida y sin grandes pretensiones.

La intervención reciente ha permitido ordenar el espacio, limpiar el entorno inmediato y poner en valor los elementos históricos existentes, como la fuente y el pilar. No se trata de una transformación profunda ni de una recreación artificial, sino de un primer paso para evitar su abandono y hacerlo más reconocible tanto para vecinos como para visitantes. Incluso se ha dotado de un mosaico con un mapa basado en dibujos del siglo XVIII. En este sentido, Romero insiste en que el enclave sigue teniendo margen de mejora, pero valora positivamente que se haya actuado tras años de olvido.

Más allá de su recuperación básica, el debate se abre ahora hacia el futuro. El geólogo plantea incluso una visión más amplia, ligada al territorio: la posibilidad de integrar Ardales dentro de un eje terapéutico que conecte Álora, Carratraca y el propio municipio, aprovechando la existencia de varios manantiales sulfurosos en este sector de la provincia. Una idea que Romero ya expuso en una conferencia celebrada en Carratraca y que apunta a un enfoque comarcal del patrimonio hidrotermal.

En esa misma línea, lanza una reflexión que conecta con modelos muy extendidos en otros países europeos: la creación de pequeñas pozas públicas o espacios controlados de baño, con un uso turístico regulado y una entrada simbólica destinada a su mantenimiento. «En el extranjero hay mucha afición a la balneoterapia», señala Romero, convencido de que fórmulas sencillas y bien gestionadas podrían contribuir a dinamizar el entorno sin necesidad de grandes inversiones ni impactos agresivos.

Hoy, el manantial sulfuroso de Ardales no pretende competir con los grandes balnearios históricos ni recrear un pasado que nunca tuvo. Su valor reside precisamente en su autenticidad, en su condición de testigo de una relación ancestral entre el ser humano y el agua, y en su potencial como recurso patrimonial ligado al paisaje, la geología y la salud. La reciente actuación ha servido para sacarlo del abandono y devolverlo al mapa local; el siguiente reto será decidir hasta dónde quiere llegar el municipio con este singular legado.

Este manantial, conocido como Fuente Hedionda (y popularmente también como 'Aguahuevo' por su olor), se encuentra justo antes de la rotonda por la que se accede a la entrada principal del casco urbano, es decir, en la avenida Caminito del Rey. Tras la última actuación cuenta con un cómodo acceso peatonal. Sus aguas van a parar al arroyo de la Torre, que desemboca en el cercano río Turón, y, por tanto, hasta el pantano del Conde del Guadalhorce, más conocido como El Chorro, uno de los grandes embalses de la provincia de Málaga.

*Este manantial no debe confundirse con el antiguo balneario de Ardales que estaba en Frailes, en la provincia de Jaén. Comparten denominación, pero responden a un enclave y una historia completamente distintos.

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