El concierto de André Rieu que no es un concierto


29 Enero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Es un mago, solo que en vez de una varita, él agita el arco de su violín. Cuando André Rieu se sube a un escenario, ... ocurre el encantamiento: todo un Palacio de los Deportes se transforma en una sala de conciertos vienesa, con ellas vestidas con coloridos largos trajes y ellos con elegantes levitas. Empieza una fiesta de más de dos horas que pasa de los aplausos atronadores a los silencios sobrecogedores, de las risas por los gestos cómplices de Rieu a la emoción de melodías atemporales. Un truco que el violinista y director neerlandés ejecutó anoche en el Martín Carpena y que este martes repetirá con las 8.000 butacas del aforo prácticamente completo desde hace meses. Nevó en el patio de butacas, se rindió tributo a Strauss, hubo escenas de humor y hasta se bailó La Macarena con Los del Río dándole al cuerpo alegría. De todo. Llamarle a esto concierto es quedarse corto. Fue un show de principio a fin del ilusionista Rieu.

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A las 20.00 horas en punto y al ritmo de 'Entrance of the Gladiators', André Rieu cruzó la pista del Carpena seguido de su orquesta al completo, la Johann Strauss: alrededor de 80 artistas entre músicos y coro de hasta 17 nacionalidades. «Venimos de todas partes del mundo para tocar esta noche», dijo con esa pasión que le hace único y que le permite tocar su Stradivarius de 300 años con la misma naturalidad con la que bromea con el público que llega tarde al concierto («Somos holandeses, somos puntuales») o que hace muecas divertidas cuando los Platin Tenors entonan con toda la potencia de su garganta la canción popular italiana 'Tiritomba'. Una nota cómica que al segundo se torna en estremecimiento cuando los tres tenores cantan 'The impossible dream'.

Salvador Salas

Son los contrastes que han dado fama mundial a André Rieu, cada vez más director que violinista, aunque en ningún momento soltara el instrumento. Todo un showman de la música, uno de los artistas que más entradas vende alrededor del mundo y probablemente el violinista con más seguidores en las redes sociales (¡unos 20 millones!). En sus conciertos el público aplaude al compás de la orquesta y baila al ritmo de 'El Danubio Azul', el director habla antes de cada pieza, cientos de móviles graban, se simula una nevada en el patio de butacas y los músicos hacen 'gags' entre ellos mientras interpretan 'Tales from the Vienna Woods' de Johann Strauss, por ejemplo. Todo lo que en un recital clásico al uso estaría fuera de lugar, aquí se celebra. Tampoco los músicos van de riguroso negro, aunque lo cierto es que esa regla solo se la saltan ellas, con vestidos de 'princesas Disney' diseñados por el propio Rieu. Una estética algo cuestionable, nada contemporánea, que en el conjunto del show no desentona demasiado.

Más allá del continente, en el contenido el concierto se diseña como una sucesión de momentos especiales. Con 'The third man' suena una cítara; con 'Il Silenzio' se invita a la audiencia a «cerrar los ojos y pensar algo romántico» al retumbar de las trompetas; una cantante ucraniana del coro interpreta con emoción una canción tradicional de su tierra ('Nitsch Jaka') y una soprano emula a la Callas en 'Casta diva'. Enfrente, escuchan con atención personas llegadas de todas partes, casi tantos malagueños como foráneos.

Salvador Salas

El toque final

Pero, sin duda, una de las intervenciones más impresionantes de la noche fue la de Michel Tirabosco, un músico con una malformación en sus brazos que no le impide tocar con una enorme sensibilidad la flauta de pan. La más divertida se reservó para el final. Los del Río saltaron al escenario con una energía desbordante pese a ser ya más de las once de la noche para poner la nota española con 'La Macarena' y 'La Bamba'. Ya no quedaba nadie sentado.

El coronado 'rey del vals' viajó a Málaga desde el castillo de Maastricht en el que reside y trabaja para abrir una gira española que después le llevará al Movistar Arena de Madrid, al Roig Arena de Valencia y al Palau Sant Jordi de Barcelona; recintos reservados esta temporada para Rosalía, Bad Bunny, Eric Clapton, Pablo Alborán... Y ahora habrá quien diga que una formación sinfónica «seria», «de verdad», no tocaría estas canciones ni de esta forma. Quizás cambiaría de idea si viera las caras de felicidad del público en Málaga. «Llevamos 40 años juntos, vamos a por los 40 siguientes», vaticinó.