Carmen Díez de Rivera: anatomía de un olvido


13 Enero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

«Lo que les quiero contar empieza con una discusión. Estamos en 1976». Así comienza 'Carmen, nada de nadie', la obra producida por Tablas y ... Más Tablas y el Teatro Español en 2024 sobre la figura de Carmen Díez de Rivera que llega al Festival de Teatro de Málaga este martes 13. La discusión se produce en el despacho de Adolfo Suárez, el elegido por el rey Juan Carlos I para difícil tarea de convertir la dictadura en una democracia. Díez de Rivera fue, en aquellos años clave de la Transición, la jefa de gabinete del presidente, la única mujer que ha ocupado ese puesto. Tenía solo 33 años. Medio siglo después, el Gobierno ha anunciado que reconocerá su labor con la más alta condecoración civil, la Encomienda de la Orden Española de Carlos III. Será a título póstumo. Al contrario que otros protagonistas de la Transición, Díez de Rivera murió en 1999 totalmente invisibilizada. Tanto, que Beatriz Argüello, la actriz que le da vida en el teatro, no sabía ni quién era. «No, no la conocía y eso, bueno, pues es síntoma de muchas cosas porque es una figura que ha sido fundamental en la historia reciente de nuestro país y que siempre ha estado un poco en la sombra».

Francisco Umbral la llamó la musa de la Transición. Y precisamente fue él quien puso sobre la pista a uno de los autores, Francisco M. Justo, en los años 90. «Me gustaba mucho leer las columnas de Umbral en El Mundo, su última etapa», recuerda el escritor, que para esta obra ha formado tándem con Miguel Pérez García, «hablaba mucho de ella y yo no sabía quién era. Me picó la curiosidad y empecé a investigar y descubrí que era una persona fascinante, con una biografía que parece sacada de una tragedia griega y de una relevancia política casi desconocida». Hija de los marqueses de Llanzol, con 17 años se enteró que su padre biológico era Ramón Serrano Suñer, ministro y cuñado de Franco. Estas raíces no la impidieron defender en la Transición la legalización del Partido Comunista. En 1977, Diario 16 tituló así el primer encuentro público entre la principal colaboradora de Suarez y Santiago Carrillo: 'Carrillo y Carmen Díez de Rivera se piropearon'. «Su sola presencia aquí justifica plenamente mi viaje», dijo entonces el líder comunista. En el mismo acto, Díez de Rivera, en palabras del periodista, «se mostró partidaria, por este orden, de los anticonceptivos, la paternidad responsable y el aborto».

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Carmen Díez de Rivera Icaza, junto a Santiago Carrillo, secretario general del PCE, en una imagen de 1977. Fuente. ABC

Al frente de la obra está el veterano director y actor Fernando Soto. «Tengo la impresión de que era una tía muy arraigada a sus ideas, a sus convicciones, pero un poco atormentada por verse dentro de un envoltorio muy opresor, muy machista, muy dictatorial, muy convencional, muy conservador», reflexiona Soto, «como cuando uno nace en el sitio equivocado». Soto considera «una responsabilidad como ciudadano» el recuperar el legado de los que lucharon por la libertad. «Parece que la Transición la han hecho dos señores», asegura, «a Carmen Díez de Rivera, como a tantas mujeres, y hombres también, que me imagino que se partirían la espalda en los sindicatos, en las luchas estudiantiles, se les ha olvidado».

En la conversación por separado con los tres miembros del equipo de la obra, sale a colación inevitablemente 'Anatomía de un instante' la serie de Movistar Plus+ basada en el libro de Javier Cercas sobre el 23-F. «No quise pasar del primer capítulo», asegura Argüello, «la figura de Carmen aparece como una secretaria, como que trae los cafés. Y ella era mucho más que eso». Justo coincide con Argüello y cree «que se ha ficcionalizado poco la Transición, es una tarea que tenemos pendiente». Como consecuencia de esa deuda, Soto pone de ejemplo a «toda esta corriente de chavales diciendo que con Franco se vivía mejor», y hace hincapié en la mirada. «Yo no quiero mirar atrás desde un lugar revanchista», incide Soto, «yo como director pensaba mucho, joder, Fernando, tienes que tener cuidado porque posicionarnos es contraproducente a la hora de hablar de ese proceso. Lo que hay que hacer es abrir preguntas y que la gente se acerque, investigue y saque sus conclusiones, pero lejos de una ideología». Los malagueños tendrán esa oportunidad el martes 13 de enero en el Teatro Cervantes.