Vemos lo que somos, por Les Joglars


11 Enero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Escribía Sergio del Molino que, gracias al secuestro de Maduro, hemos podido distinguir por fin a esos trumpistas que se escondían debajo de la bandera ... de la democracia liberal, al igual que el posicionamiento ante la dictadura chavista diferenciaba al de izquierdas demócrata (perdón por la redundancia) del sectario. Porque para la mayoría, por desgracia, los hechos sirven para mostrar credenciales, y no para elaborar un juicio objetivo o al menos desapegado de sus tripas (y ya ni hablamos de cambiar de opinión). Puedes ser liberal y no ver un problema en que tu líder de turno intervenga aranceles; demócrata y apoyar la abolición de partidos políticos; nacionalista y celebrar la violación de soberanía de un país; feminista y negar la prostitución moral de un ministro. Por eso, en una sociedad tan apegada al relato, rescatar y actualizar 'El retablo de las maravillas' de Cervantes me parece un acierto por parte de Les Joglars. Porque no somos lo que vemos, sino que vemos lo que somos.

Y si además a Ramon Fontserè y Albert Boadella les das carrete, o en este caso el escenario del Teatro Cervantes, que ha coproducido esta obra con Les Joglars en homenaje a los 65 años como compañía, pues ya sabes lo que te espera: una ácida visión de la actualidad a golpe de comedia bufa que tan bien dominan. El entremés de Cervantes extiende su retablo por la actualidad del arte, la religión o la gastronomía. Sectores llenos de gurús que se dedican a vender nada en abundancia y a un buen precio. Y por supuesto, Les Joglars da palos a todo lo que se mueve a su izquierda, ya sea Podemos, la cultura woke, el lenguaje inclusivo o el pet friendly. Un ejercicio de libertad de expresión total que, para mi gusto, es lo más poderoso de cualquier montaje de Boadella y compañía. Estamos tan atrapados por la corrección política que da gusto enfrentarse a unos actores que van por ahí diciendo lo que les da la gana. Ellos mismos lo reconocen: «del cómico, poeta y loco no hay que fiarse ni un poco».

Estrenada el viernes 9, y con una segunda función al día siguiente, esta pieza de Cervantes me reconcilia con dos cosas. La primera, la reivindicación de las obras pequeñas, lo que ahora llamamos microteatro (palabra, por cierto, recién aceptada en la RAE), que como bien demuestra Les Joglars pueden dar para mucho en duración y profundidad. Y la segunda, lo bien que queda en escena un recurso dramático ya extinto, el aparte. Voto por recuperarlo. Sin embargo, entendiendo el respeto al mundo estereotipado y cómico del entremés español, con esas tramas de embuste y los pícaros como antihéroes tan propios del Siglo de Oro o de la comedia del arte, cierto es que la obra acaba recordando a un especial de nochevieja de José Mota. Sí, está llena de gags relacionados con la actualidad, pero con un recorrido que no creo que llegué más allá de ofender a algún despistado o algún colectivo. La mayoría, soltados como chascarrillos y no como granadas de mano, es difícil que tengan ese efecto de «arte inmolado», de trasgresión, de rebeldía, de lo que sea que haga que el teatro tenga la relevancia de antaño.

Y no digo más, no sea que los de Les Joglars lean esta crítica y acaben incorporándola al retablo con la comida hecha con aire o la escatológica obra de arte posmoderna. Acompañan a Ramon Fontserè en la interpretación un plantel de actores y actrices estupendos: Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Pep Muñoz, Bruno López-Linares, Javier Villena y Rafa Blanca. Todos están muy divertidos en sus papeles. Todos gustaron mucho. También a destacar el diseño de vestuario de Pilar Saenz, con muchos cambios de ropa y esas estupendas máscaras carnavalescas. Y un espacio escénico, de Joana Martí, que era un retablo en sí mismo. Fontserè recogió, en nombre de la compañía, el premio Málaga de Teatro por su trayectoria. Yo creo que se lo pasaron en grande y el público malagueño también. Arranca el Festival de Teatro de Málaga.