El museo subterráneo del arte rupestre en Málaga


15 Septiembre 2025

Málaga

CdelSol Noticias

Uno de los mayores tesoros artísticos de Málaga no se ve. Está oculto en zonas oscuras y en lugares inaccesibles. En algunos casos, incluso resulta invisible al ojo humano. Pero lleva ahí miles de años como una forma única de expresión de una cultura ya extinguida. La huella de los últimos neandertales y de los primeros hombres modernos está pintada en cuevas a lo largo del litoral malagueño, de Nerja a Marbella, y ha quedado congelada en el tiempo en grutas del interior, desde Antequera a Benaoján. Un enorme y valioso museo subterráneo, el mayor del Paleolítico en el Mediterráneo, que ahora aspira a ser reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco.

Doce cuevas de la provincia, lideradas por los responsables de investigación y conservación de Nerja y Ardales, se han unido para reivindicar el patrimonio rupestre de Málaga, eclipsado desde hace décadas por la potencia indiscutible de Altamira. Una marginalidad que hoy ya no está justificada. Recientes investigaciones y nuevos hallazgos revelan que en el sur de España hay numerosas evidencias del primer arte de la humanidad europea: signos lineales, manchas ejecutadas con las manos, con los dedos o con la boca usando pigmento rojo -extraído de óxidos de hierro- y con una cronología que podría alcanzar los 65.000 años. Una antigüedad revolucionaria que sacude paradigmas que se creían incuestionables, porque demuestra que el neandertal tenía también una capacidad creativa que durante décadas se le ha negado. Después vendría el gran arte, las manadas de caballos, los peces y las figuras de mujeres, que se extendieron durante la Prehistoria reciente. Y de todo hay en las cavernas malagueñas, una pequeña muestra geográfica que concentra buena parte de la historia de la humanidad y que ha puesto a la provincia en el foco de la arqueología contemporánea.

En Málaga existen tres 'santuarios paleolíticos' de gran tamaño y riqueza artística: Pileta, Ardales y Nerja. A estos se unen una serie de cavidades de menor dimensión que pudieron actuar como satélites, y que arrojan resultados sorprendentes: Navarro IV en la capital, las cuevas del Tesoro-Higuerón y la Victoria en el Rincón de la Victoria, la cueva de Calamorro/Toro en Benalmádena, Pecho Redondo en Marbella, la cueva del Gato en Benaoján, Las Suertes en Antequera y las cuevas del Gallinero y la Doncella en Nerja. Se sabe que el hombre prehistórico se movía por todas ellas en un nomadismo restringido: hacia las cuevas del interior en momentos cálidos y temporada de cacería; hacia la bahía cuando llegaba el frío y la costa les ofrecía mejor clima y recursos marinos. De constitución fuerte y robusta, el neandertal podía recorrer en apenas diez horas a pie los kilómetros que separan la zona de Ardales del Rincón de la Victoria, usando los márgenes del río Guadalhorce como autovía natural. Entre ellos intercambiaban herramientas e individuos y compartían manifestaciones gráficas. «Todos hacen el mismo simbolismo. Eran pocos, pero se conocían», apunta el conservador-arqueólogo de la Cueva de Nerja, Luis Efrén Fernández.

Para el subdelegado del Gobierno en Málaga y presidente de la Fundación Cueva de Nerja, Javier Salas, esta propuesta conjunta es una «candidatura ganadora». Las doce cuevas decoradas del Paleolítico malagueño basarán su excepcionalidad en dos criterios fundamentales: representar una obra de arte del genio creador humano y aportar un testimonio único, o al menos excepcional, sobre una cultura desaparecida. El proceso está en fase inicial, queda un largo camino por recorrer, pero mientras tanto les proponemos un paseo por el arte más primitivo de la humanidad.

Las imágenes de la yegua preñada, el pez y la cabra de la Pileta han sido durante más de un siglo los referentes del arte rupestre de Andalucía. La cueva cuenta con paneles excepcionales donde conviven pinturas paleolíticas y esquemáticas, algunos son pequeños y abigarrados como el espacio conocido como el 'Santuario', y otros se extienden a lo largo de toda una galería. Sus figuras han sido datadas entre los 20.000 años (el bóvido en color negro del Camarín de Breuil) y 9.000 años (caprino negro en la sala del Lago) de antigüedad, pero los investigadores intuyen que muchos de los motivos de la caverna se remontan a varios miles de años más atrás en el tiempo. Los restos arqueológicos hallados revelan un uso funerario de la cavidad en la Prehistoria reciente y una ocupación anterior en época Gravetiense (más de 26.000 años), como demuestra una lámpara portátil a partir de un fósil de concha marina.

Es uno de los templos del Paleolítico en el Mediterráneo. Hay signos de presencia humana en la gruta de Ardales desde el año 65.000 hasta el 3.500 antes de nuestra era, una prolongada ocupación que se tradujo en numerosas manifestaciones artísticas en sus paredes. El arte rupestre inventariado en la cueva asciende a 1.010 motivos gráficos repartidos en 250 paneles diferenciados, realizados con pintura o a modo de grabados en la roca. En ellas se representa la fauna cuaternaria de la zona, con más de 60 cérvidos y 25 équidos (también caprinos, bóvidos, aves, peces y reptiles), y se distinguen once figuras humanas, exclusivamente femeninas, que constituyen una de las colecciones más relevantes del arte rupestre Ibérico. También hay impresiones de manos y signos de todo tipo (digitaciones, puntuaciones, barras). Es esta última forma de arte, realizada en pigmento rojo aplicado con los dedos o soplado, la que arroja una antigüedad mayor, entre 65.500 años y 45.300 años antes de nuestro tiempo.

Nerja es, sin duda, uno de los santuarios paleolíticos de mayores dimensiones de Europa. En sus paredes se han identificado varios centenares de grafías paleolíticas y pospaleolíticas que se extienden desde la entrada hasta las llamadas Galerías Altas. El bestiario es reducido (cabra, caballo, ciervo y algunos pisciformes), pero destaca el gran desarrollo de signos y rastros abstractos que codifican amplias zonas de la cueva. Entre los últimos hallazgos sobresalen una mano en positivo, aerografías de enormes proporciones, marcas aplicadas o sopladas y trazos lineales que corresponden, probablemente, a la fórmula más arcaica del arte paleolítico. Las dataciones apuntan al Gravetiense, pero hay signos digitados que parecen remontarse a la primera etapa del Paleolítico superior, elevando la cronología de las frecuentaciones de la caverna más lejos de los 35.000 años. Pero más allá del arte rupestre de su interior, la Cueva de Nerja es un tesoro geológico de una inmensa belleza, un espacio subterráneo «que archiva un registro de varios millones de años de la historia geológica de la Tierra», tal y como resalta la propuesta para la inclusión de las cuevas malagueñas en el listado de la Unesco. Además, cuenta con un ecosistema propio en el que se han descrito hasta el momento tres especies endémicas de la cavidad. Todo esto unido hacen de esta gruta un lugar excepcional.

Es como una cápsula del tiempo con una foto fija del arte rupestre hasta el Solutrense. En esa fase del Paleolítico superior, la cueva se selló por causas naturales. Todo permaneció intacto, tal y como lo dejó el hombre prehistórico, hasta su apertura accidental en 1979. Dos años después, tras una primera investigación, se cerró de nuevo y así permaneció 40 años más. En 2023, un equipo de arqueólogos de las universidades de Burdeos, Cantabria y Córdoba volvió a cruzar su estrechísimo corredor abierto en la roca hasta la sala donde se encuentran las pinturas rupestres. Los resultados de los trabajos están aún en proceso, pero de los estudios iniciales desarrollados en 1981 se sabe que en su interior hay, al menos, 149 elementos pictóricos y todos -salvo uno- corresponden a signos: líneas de puntos, manchas, trazos rectos paralelos… Solo hay una representación de animal, un uro muy semejante a los documentados en la Cueva de la Pileta, que fueron datados en 20.000 años de antigüedad.

El hombre prehistórico frecuentó la Cueva del Higuerón durante todo el Paleolítico superior, según se desprende de los vestigios hallados en las excavaciones realizadas tras la Guerra Civil, unos hallazgos que custodia el Museo Arqueológico Nacional. Desde el Neolítico, la cavidad se usó como recinto funerario. Predomina el arte no figurativo en pigmento rojo: puntuaciones, marcas aerografiadas, trazos y manos positivas. También hay signos con la técnica del grabado y se distinguen cinco motivos que representan la fauna pleistocena: dos cabras, un ciervo, un caballo y un pez. Su antigüedad estaría comprendida entre los 35.000 y 15.000 años antes de nuestra era.

En la Cueva de la Victoria conviven en las mismas paredes arte paleolítico y neolítico. Los motivos más antiguos son fundamentalmente puntuaciones, marcas intencionadas de color rojo y trazos, junto a una figura pisciforme. Destaca el arte rupestre esquemático, representaciones humanas de formas muy simples, realizadas en un color blanco amarillento, que en algunos casos portan herramientas o armas.

Solo tres cuentan con extremidades inferiores. Este tipo de arte compartió espacio en la Sala del Dosel con los enterramientos neolíticos. «La propuesta de que este recinto contuviera restos funerarios y representaciones de la vida de las comunidades prehistóricas convierten a la Cueva de la Victoria en uno de los mejores ejemplos y quizás de los más antiguos hipogeos del Mediterráneo», resalta el informe con la propuesta de las cuevas decoradas como Patrimonio Mundial.

Las investigaciones en la Cueva del Toro se inician en 1971 y, aunque en estos momentos se realizan nuevos trabajos, esos primeros hallazgos siguen siendo la principal referencia para el conocimiento de esta gruta. Se cree que fue frecuentada solo durante el Paleolítico, porque no existen rastros de su utilización durante la Prehistoria reciente. En sus paredes se han encontrado trazos verticales de color rojo en la misma entrada de la cueva, un bóvido acéfalo de rojo intenso rodeado de una serie de puntuaciones negras en la zona del pecho y dos puntos rojos identificados al final de la gruta. Los investigadores creen que las manifestaciones gráficas no figurativas podrían corresponder al primer arte paleolítico.

El hallazgo de un enterramiento y un ajuar, compuesto por vasos decorados, pulseras y un collar, indican un uso funerario de esta gruta durante el Neolítico. No obstante, la pintura de sus paredes apunta a miles de años atrás. El arte rupestre de esta cueva es limitado, pero significativo por sus coincidencias con el hallado en otras grutas, como Ardales, y con un estilo que lo sitúa en momentos cronológicos previos al arte figurativo del Gravetiense, con cronologías superiores a 25.000 años antes de nuestro tiempo. Se concentra en una serie de paneles situados en estalactitas y estalagmitas realizado con abundante pigmento rojo aplicado con la yema de los dedos. Varias estalactitas conservan trazos a favor de los bordes de pliegues y junto a estas barras, casi siempre verticales, se realizaron trazos horizontales más cortos y varios puntos. Algunas marcas más grandes inducen a pensar en el uso de la palma de la mano, además de los dedos. En otra columna de pequeño tamaño, se conserva una hilera de puntuaciones en disposición vertical.

Su gran boca de entrada es una de las imágenes naturales más reconocibles de la Serranía de Ronda, pero muy pocos conocen lo que esa gruta guarda en su interior. Las huellas del arte rupestre aquí son escasas, pero muy interesantes. A más de metro y medio de altura respecto al suelo actual, al final de la galería, se conserva una figura de ciervo en color amarillo ocre. «Presenta una cuerna de grandes proporciones, una cabeza poderosa y un pecho amplio», se describe en el informe que propone la candidatura conjunta para la lista de Patrimonio Mundial. Lo llamativo es que a solo unos centímetros, en ese mismo panel, alguien dibujó un antropomorfo esquemático de color rojo, más reciente en la Prehistoria. «Los motivos pertenecen a dos fases completamente distanciadas en el tiempo, pero el segundo eligió el mismo soporte, vinculándose espacialmente al motivo naturalista de forma intencionada», se lee. En una galería más próxima a la entrada, además, se observan restos de pintura roja y una gran cantidad de grafitis y trazos negros.

Lo que ha llegado hasta nuestros días son los retazos de una antigua cueva. Los avances de un frente de la cantera para la construcción de la N-331, la popular carretera de la Cuesta del Romeral, destruyeron buena parte de la gruta. Los investigadores creen que debió de ser una cavidad de mediano tamaño con zonas totalmente oscuras y los vestigios encontrados hasta el momento -los estudios están en curso- hablan de la ocupación de este lugar desde el Paleolítico. Hay restos de arte o simbolismo parietal en pigmento rojo de hematites, todos ellos en un solo panel, un bloque de piedra que hoy vemos girado respecto a su posición original por los trabajos de extracción de áridos. Se distinguen varias manchas, junto a rastros de puntos y digitaciones difuminadas por la película de carbonato que las recubre. Llama la atención una pigmentación realizada por aerografía bucal o con aerógrafo, que recubre una sección del espeleotema con forma de vulva femenina, algo que en otras cavidades se interpreta como signos de contenido sexual explícito. En la parte superior se ha conservado una línea vertical y en otro punto, casi inapreciable al ojo humano, se intuyen barras, trazas oblicuas pareadas y varias puntuaciones o digitaciones; signos que han aportado una datación, cómo mínimo, de algo más de 44.400 años.

En una galería bautizada como Sala de las Pinturas se concentra el arte paleolítico localizado en la gruta. Se han identificado discos y formaciones naturales vulvares con pigmento rojo aerografiado, manchas y aplicaciones, y digitaciones ocasionalmente alineadas. Buena parte del panel yace en el pavimento de la sala, desprendido en tres grandes fragmentos. Estas manifestaciones, por los estudios en otras cuevas, se corresponden con la forma más antigua del arte rupestre, fechado en Málaga entre el 65.000 y el 30.000 antes de nuestra era. Además, en un extremo de la misma sala, se han encontrado evidencias de grabados en la piedra. Y, como sucede en otros lugares, aquí conviven dos fases de la historia alejadas en el calendario: se descubrieron digitaciones en rojo en una galería muy próxima al depósito funerario neolítico hallado en la gruta.

Situada en el frente del acantilado marino de Maro, la Cueva de la Doncella esconde en su interior, según las valoraciones iniciales, rastros del primer arte primitivo de la humanidad. Sobre estalagmitas, estalactitas y algunas formaciones de la pared, se han identificado manchas y aplicaciones realizadas con colorante rojo de hematites, lo que indica que fueron realizadas entre el 65.000 y el 30.000.