Han transcurrido quinientos cuarenta años desde que la ciudad de Marbella capitulase ante el Rey Fernando el Católico, en el mes de junio de 1485. Desde aquel momento se proclamó Patrón al apóstol San Bernabé y en torno a su figura seguimos celebrando cada final de primavera la Feria y Fiestas de Marbella. No sabemos exactamente desde cuándo, pero sí que ha venido siendo tradicionalmente un momento de balance de todo un año y, de acuerdo con los programas, podemos deducir en qué situación económica se encontraba la ciudad.Hubo algún momento, durante la Segunda República, en que el Ayuntamiento no contaba con presupuesto y declinó la responsabilidad de organizar los festejos en comerciantes y ciudadanos acomodados económicamente. Con posterioridad a la Guerra Civil, de manera más acusada en la década de los cincuenta, cuando empieza a desarrollarse las potencialidades turísticas de Marbella, el Consistorio se encargó de dar publicidad a la Feria de San Bernabé mediante la publicación de suplementos relativamente amplios en los diarios provinciales. No solamente el Ayuntamiento sufragaba esas publicaciones, sino que empresarios, sobre todo de la hostelería, eran fundamentales.Mediante estas páginas puede hacerse un seguimiento de cómo evolucionó la feria y la propia ciudad. Sin duda resultará ilustrativo centrarse en un año determinado. Por cuestión de natalicio personal, fijaré la atención en 1959; un año de transición entre la finalización del segundo periodo en la Alcaldía de Francisco Cantos Gallardo y la llegada del veterinario Ricardo Lucena Sola.Era un momento en que se promocionaba la futura urbanización, auspiciada por el banquero Ignacio Coca, de Los Monteros. Se promocionaba el Hotel Salduba, «en la carretera turística Málaga-Cádiz», actualmente avenida de Ramón y Cajal, a la altura del Paseo de la Alameda, destacando el servicio de bar y restaurante, pudiéndose reservar en el teléfono ciento diecinueve.Colaboraban «dos prestigiosas instalaciones hoteleras en la incomparable Costa del Sol malagueña»: Golf-Hotel Guadalmina, de categoría primera A, y el Hotel y Club Montemar El Remo, de categoría primera B, en Torremolinos. Entre ambas realidades se establecía el vínculo mediante don Ángel Fernández de Liencres, marqués de Nájera, quien también sería fundamental en el hotel Los Monteros. La Cervecería, bar y cafetería Cintrano prometía «un esmerado servicio» en el real de la feria.Apoyaba los festejos también el Marbella Club Hotel, que se presentaba, sin ningún tipo de modestia, como «el más elegante de la Costa del Sol» y destacaba su cocina internacional en el restaurante-bar americano. Su teléfono era el 133. El hotel El Fuerte, de José Luque Manzano, hacía valer su «playa propia» y las vistas al mar y la sierra. El restaurante-bar Ricmar, centraba su promoción en el «servicio esmerado» y la «cocina internacional y típica». Se encontraba en Las Chapas, a ocho kilómetros del centro de la ciudad y ofrecía un cubierto por cincuenta y cinco pesetas. El bar restaurante El Puerto, de los hermanos Lorenzo, estaban especializados en mariscos y tapas. Facilitaban el baile con la actuación de un Cuarteto Italiano y Ritmo Cha Cha Cha.En aquel año de 1959 la Feria duró cuatro días (11,12,13 y 14) y la víspera de San Bernabé. La Junta de Festejos organizó una programación variada en torno al recinto ferial, situado en el Paseo de la Alameda y ampliado con la zona situada al sur y conocida como la avenida.El día 10, a mediodía, acompañado de un intenso repique de las campanas de la Iglesia Parroquial de Santa María de la Encarnación, se procedió a situar, con asistencia de la corporación en pleno, el estandarte de la ciudad (hoy conocido principalmente como Pendón), que entonces se mantenía que había sido donado por los Reyes Católicos. Las bandas de música, cornetas y tambores, del Frente de Juventudes, tocaron los himnos Nacional y del Movimiento. A continuación, recorrió las calles del casco antiguo una cabalgata de Gigantes y cabezudos a los sones de vistosos pasacalles. Al llegar la noche se encendió el alumbrado en el real de la feria, que había sido instalado por la casa de Jaime Gabella, de Sevilla, y se inauguró la caseta oficial o de la Junta de Festejos. A las once y media se quemó «una colección de fuegos artificiales» a cargo de la Casa Carlos Alcaide Andrade, de Málaga. No faltó la ‘bomba japonesa’. El lugar elegido para esta sesión de pirotecnia fue la Huerta Grande, a poniente del Paseo de la Alameda.El día 11, festividad del Patrón se celebró la tradicional procesión cívico religiosa al histórico lugar de Cruz de Humilladero. Presidió el Arcipreste don Rodrigo Bocanegra. Se exaltó el momento histórico de la capitulación, aunque entonces se utilizaba la expresión «reconquista de Marbella por los Reyes Católicos». Igualmente se procedió al tradicional panegírico de San Bernabé.Fue significativa en la Feria de 1959 la presencia de la radio, con la emisora sindical Radio Costa del Sol que iniciaba su andadura y que, en la época de fiestas, recomendaba los discos dedicados. El día 14 no faltó la «jira al Pinar de Guadalpín» (sic). A pesar de que han pasado 66 años, en la feria actual, dando fin al primer cuarto del siglo XXI, las señas de identidad, adaptadas a los tiempos, permanecen.