Última hora sobre la obesidad en el mundo: la epidemia va a más
27 Abril 2025
Málaga
Necesitas saber
El Atlas Mundial de la
Obesidad 2025, publicado recientemente por la Federación Mundial de Obesidad a
través de su Observatorio Global de la Obesidad, presenta un panorama
alarmante.
Según las proyecciones, para
2030, cerca de 3 000 millones de adultos vivirán con sobrepeso u obesidad, lo
que representa aproximadamente el 50 % de la población adulta mundial. Este
aumento no es solo un problema de salud, sino también un desafío económico y
social que amenaza con colapsar los sistemas sanitarios y afectar la
productividad global.
Datos de una epidemia
Según el ranking del informe,
los países más afectados por la obesidad en adultos son Samoa Americana (con
una proyección de hasta 77%), Nauru y Tokelau (ambos con un 72 %). Valores más
bajos, pero aún así preocupantes, registran Estados Unidos (44 %), México (30
%) o España (15 %). Estas cifras se pueden explicar por una combinación de
factores, incluyendo dietas poco saludables, acceso limitado a alimentos
frescos y saludables y estilos de vida cada vez más sedentarios.
A medida que la crisis de
obesidad se expande, también lo hacen sus consecuencias en la salud pública. Es
un factor determinante para la aparición de enfermedades no transmisibles
(ENT), incluyendo dolencias cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos
de cáncer. Los datos del informe reflejan que 1,6 millones de muertes
prematuras estuvieron relacionadas con un alto índice de masa corporal (IMC),
lo que equivale al 15 % de todos los fallecimientos prematuros por ENT.
Además, la carga de patologías
asociadas está aumentando en países de ingresos medianos, especialmente en
América Latina, el Sudeste Asiático y el Pacífico Occidental. En estas
regiones, las tasas experimentan un rápido ascenso, lo que genera presión sobre
sistemas de salud ya de por sí frágiles.
La lacra de la obesidad
infantil
Uno de los aspectos más
preocupantes de esta crisis de salud global es la tendencia creciente de la
obesidad infantil, con cifras alarmantes: por ejemplo, en Estados Unidos, la
experimentan el 19,7 % de los niños y adolescentes; en México, el 30 %; y en España,
el 18,6 %.
Leer más: La vegetación urbana
reduce la obesidad abdominal
Mientras que antes estaba
considerado como un problema exclusivo de los países pudientes, ahora se está
incrementando en regiones de ingresos medios y bajos. Los cambios en los
hábitos alimenticios, el aumento del consumo de productos ultraprocesados y la
reducción de la actividad física han contribuido a que más niños y adolescentes
tengan sobrepeso u obesidad desde edades tempranas.
Esto no solo incrementa el
riesgo de enfermedades crónicas en la adultez, sino que también afecta la salud
mental y la calidad de vida de los menores.
Un coste económico abrumador
El informe del impacto
económico de esta patología, elaborado por el mismo Observatorio, estima que el
costo acumulado a nivel global será de entre 3 y 4 % del PIB mundial anual, si
no se toman medidas significativas.
Esta carga se deriva de
múltiples factores, como el aumento del gasto en salud asociado con el
tratamiento de enfermedades relacionadas con la obesidad, la pérdida de
productividad laboral debido a discapacidad y muerte prematura y los costos
indirectos como el impacto en la educación y el bienestar social.
Además, la obesidad
obstaculiza la capacidad de los países para alcanzar sus objetivos de
desarrollo sostenible, ya que limita el acceso equitativo a la salud y reduce
el potencial de crecimiento económico.
Los países de ingresos
medianos-altos y altos serán los más afectados por el impacto económico, con
América del Norte, Europa y algunas economías emergentes liderando los costos
sanitarios y sociales asociados.
No obstante, los Estados más
pobres también están viendo un aumento en las tasas de obesidad, sin contar con
los recursos necesarios para afrontar el problema. En estos países, la
acumulación excesiva de grasa coexiste con la desnutrición, lo que agrava la
crisis de salud pública y dificulta la implementación de soluciones efectivas.
A pesar de la creciente
crisis, muchos sistemas de salud no están preparados para brindar tratamiento
adecuado. Según un análisis de 68 países, la mayoría carece de servicios
adecuados.
Los principales obstáculos
incluyen la falta de programas de tratamiento accesibles y de calidad, la
ausencia de políticas de cobertura médica, el déficit de formación en los
profesionales de salud para abordar la obesidad como una enfermedad crónica y la
estigmatización de las personas afectadas dentro del sistema de salud.
Solo 13 países cuentan con
sistemas sanitarios con capacidad suficiente para manejar la obesidad de manera
efectiva, mientras que el resto tienen una preparación mínima o nula. Esto
perpetúa el problema y aumenta el riesgo de complicaciones de salud a largo
plazo en la mayoría del mundo. En muchos casos, los pacientes deben cubrir los
costos de su propio tratamiento, lo que limita el acceso a quienes no pueden
pagar atención especializada.
¡Soluciones ya!
La evidencia presentada en el
Atlas refuerza la necesidad de acciones inmediatas. La falta de políticas
preventivas, el escaso acceso a tratamientos médicos adecuados y la
estigmatización siguen siendo barreras importantes. Sin un cambio estructural
en la forma en que los sistemas de salud y los gobiernos abordan la obesidad,
el problema seguirá escalando con consecuencias devastadoras para la salud
pública y la economía global.
Es fundamental poner en marcha
políticas que regulen la publicidad de alimentos ultraprocesados dirigidos a
niños, promuevan entornos urbanos que fomenten la actividad física e incentiven
el acceso a alimentos saludables a precios accesibles. También hace falta que
los profesionales de la salud reciban la formación necesaria para ofrecer un
tratamiento integral y basado en evidencia.
En definitiva, la solución
requiere un compromiso global y la adopción de estrategias efectivas que
aborden la obesidad desde la prevención hasta el tratamiento, asegurando que
nadie se quede atrás en la lucha contra esta creciente epidemia.
Hoy en día, la esperanza de
vida ha aumentado considerablemente, lo que implica que hay más personas
mayores. Esto hace que cuidar la calidad de vida en la vejez sea más importante
que nunca. No se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos de manera
saludable, feliz y plena.
Además de cuidar el cuerpo,
para envejecer de manera saludable es preciso atender a la mente y las
emociones. Adoptar un estilo de vida que nos permita disfrutar de cada etapa es
fundamental, y eso incluye practicar ejercicio y fortalecer las relaciones sociales.
Si nos enfocamos en estos
aspectos, cada año de vida puede ser más enriquecedor que el anterior. Las
personas mayores pueden seguir contribuyendo activamente a la sociedad,
disfrutando de la vida y sintiéndose realizadas.
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