¿Conocías este rincón de Málaga donde una cascada cae al mar entre acantilados y antiguas torres vigía?
22 Agosto 2026
Nerja
Experiencias
Hay lugares de la Costa del Sol que parecen diseñados únicamente para disfrutarlos desde una tumbona. Maro-Cerro Gordo no es uno de ellos.
Este espacio protegido, situado entre el municipio malagueño de Nerja y la localidad granadina de Almuñécar, reúne en apenas unos kilómetros acantilados que se precipitan sobre el Mediterráneo, pequeñas calas, aguas transparentes, torres defensivas, antiguas construcciones vinculadas a la agricultura y uno de los fondos marinos de mayor interés ecológico del litoral andaluz.
Aunque playas como Maro o El Cañuelo son algunos de sus rincones más conocidos, basta con alejarse unos metros de la arena —o mirar bajo la superficie— para descubrir por qué este paraje merece algo más que una jornada de playa.
Un paisaje donde la montaña termina directamente en el Mediterráneo
La primera impresión al llegar a Maro-Cerro Gordo es la verticalidad.
Las últimas estribaciones de las sierras cercanas alcanzan prácticamente la misma orilla, formando paredes rocosas, barrancos y fuertes desniveles antes de hundirse en el Mediterráneo.
En algunos puntos, las diferencias de altura se aproximan a los 250 metros, creando una costa muy distinta a las largas playas urbanas que caracterizan otros municipios malagueños.
Esa geografía también ha funcionado como una barrera natural frente a una urbanización intensiva, permitiendo conservar un paisaje en el que todavía predominan las montañas, la vegetación mediterránea y el mar.
Gran parte del paraje está escondida bajo el agua
Lo más sorprendente es que buena parte del espacio protegido ni siquiera puede verse desde tierra.
El Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo ocupa alrededor de 1.900 hectáreas, de las que la mayoría corresponden al ámbito marino.
Bajo el Mediterráneo aparecen fondos rocosos, cuevas y comunidades vegetales que explican por qué el snorkel y el buceo son dos de las actividades más populares de esta zona.
Las praderas marinas funcionan como refugio y zona de reproducción para multitud de especies, mientras que en las zonas rocosas pueden encontrarse peces, pulpos, morenas, esponjas y otros organismos característicos del Mediterráneo.
Por eso, visitar Maro no consiste únicamente en mirar hacia los acantilados. Una parte importante de su paisaje está precisamente debajo de la superficie.
La cascada de Maro, una de las imágenes más sorprendentes de la costa malagueña
Uno de los puntos más fotografiados se encuentra donde el agua dulce termina directamente en el Mediterráneo.
La conocida Cascada Grande de Maro puede alcanzar alrededor de 15 metros de altura y ofrece su imagen más espectacular después de periodos de lluvia, cuando aumenta el caudal.
Su ubicación, junto a los acantilados y prácticamente inaccesible desde tierra, hace que muchas personas opten por acercarse desde el mar mediante kayak o paddle surf.
La ruta permite recorrer parte de la costa a los pies de las paredes rocosas y descubrir pequeñas cuevas y formaciones que desde los miradores superiores apenas pueden apreciarse.
Eso sí, el aspecto de la cascada cambia considerablemente dependiendo de las precipitaciones, por lo que no siempre presenta el mismo caudal.
Las torres recuerdan cuando esta costa tenía que vigilar el Mediterráneo
Los miradores naturales de Maro no siempre fueron lugares para contemplar el paisaje.
Durante siglos, la costa necesitó un sistema de vigilancia capaz de advertir sobre posibles incursiones procedentes del mar.
De aquella época sobreviven varias torres vigía, entre ellas las de Maro, Río de la Miel, El Pino y La Caleta.
Su posición elevada permitía controlar grandes tramos del litoral y transmitir señales de alerta entre diferentes puntos defensivos.
Hoy forman parte del paisaje y funcionan como uno de los mejores recordatorios de que este tramo de costa tuvo durante siglos una importancia estratégica muy distinta a la turística actual.
Maro también fue tierra de caña de azúcar
El paisaje actual tampoco puede entenderse sin mirar hacia su pasado agrícola.
Durante siglos, el entorno de Maro estuvo estrechamente vinculado al cultivo de la caña de azúcar, una actividad que tuvo una enorme importancia económica en esta parte de la Axarquía.
Todavía quedan huellas de aquella época.
El antiguo Ingenio de Maro recuerda la actividad azucarera que ocupó durante generaciones a buena parte de la población, mientras que otras infraestructuras fueron construidas precisamente para garantizar el suministro de agua necesario para las plantaciones y las fábricas.
El Acueducto del Águila parece romano, pero es mucho más reciente
Uno de los monumentos más reconocibles del entorno es el Acueducto del Águila, visible junto a la antigua carretera entre Nerja y Maro.
A primera vista puede parecer una construcción romana, pero su origen es mucho más reciente.
Fue levantado durante el siglo XIX para conducir agua hacia la antigua fábrica azucarera de San Joaquín.
Sus cuatro pisos de arcos y su posición sobre el barranco lo han convertido en una de las imágenes más reconocibles de la zona.
Y, pese a su aspecto histórico, el acueducto continúa relacionado con el transporte de agua para usos agrícolas.
La Cueva de Nerja completa un paisaje con miles de años de historia
A muy poca distancia de los acantilados se encuentra otro de los grandes tesoros naturales de la provincia: la Cueva de Nerja.
Su presencia permite comprender hasta qué punto esta zona ha estado habitada desde tiempos remotos.
En el interior de la cavidad se han encontrado vestigios de ocupación prehistórica, enterramientos y numerosas representaciones realizadas por diferentes comunidades a lo largo de miles de años.
De esta forma, una visita por el entorno permite pasar en pocos kilómetros de una cueva prehistórica a torres defensivas, restos industriales del siglo XIX y un espacio natural protegido.
El Cañuelo, Maro y Cantarriján: playas diferentes dentro del mismo paisaje
Quienes busquen simplemente darse un baño tampoco se sentirán decepcionados.
La zona reúne algunas de las playas más conocidas del litoral oriental.
Playa de Maro destaca por su ubicación bajo los acantilados y por ser uno de los puntos habituales de salida de rutas en kayak.
El Cañuelo, dentro del término municipal de Nerja, combina aguas transparentes y fondos especialmente interesantes para practicar snorkel.
Más hacia Granada aparece Cantarriján, otra de las playas más conocidas del paraje, rodeada por un entorno montañoso y relativamente aislado.
Cada una tiene un carácter diferente, pero todas comparten el mismo elemento: una sensación de estar mucho más integrada en la naturaleza que en las playas urbanas de otras zonas de la Costa del Sol.
Un lugar para recorrer tanto desde tierra como desde el mar
Una de las ventajas de Maro-Cerro Gordo es que permite organizar una visita de formas muy distintas.
Desde tierra, los miradores y senderos permiten contemplar los acantilados desde arriba y localizar las antiguas torres.
Desde el mar, el paisaje cambia completamente: aparecen cuevas, paredes prácticamente verticales y zonas que permanecen ocultas desde la carretera.
Y bajo el agua se abre un tercer recorrido, especialmente atractivo para quienes practican snorkel o buceo.
Por eso, el mejor modo de conocer el paraje no es necesariamente escoger una única playa y quedarse en ella todo el día, sino combinar diferentes perspectivas.
¿Por qué Maro-Cerro Gordo está protegido?
El valor de este espacio reside precisamente en la combinación de ecosistemas terrestres y marinos, además de su paisaje y biodiversidad.
Fue declarado Paraje Natural en 1989 y posteriormente incorporado a diferentes figuras europeas e internacionales de conservación.
Entre ellas se encuentran su inclusión dentro de la Red Natura 2000 y su reconocimiento como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo.
Estas figuras implican también determinadas limitaciones y normas de conservación que los visitantes deben respetar, especialmente en actividades acuáticas, fondeos, pesca o acceso a determinados espacios.
Uno de esos lugares que explican otra Costa del Sol
Maro-Cerro Gordo demuestra que la provincia de Málaga puede ofrecer una costa muy diferente a la asociada habitualmente con paseos marítimos, hoteles y grandes playas.
Aquí, el paisaje está dominado por acantilados, pequeñas calas y montañas que llegan hasta el agua.
Pero lo que convierte el lugar en una visita especialmente interesante es todo lo que aparece alrededor de ese paisaje: torres que vigilaban antiguas rutas marítimas, infraestructuras de la industria azucarera, un acueducto del siglo XIX, cuevas prehistóricas y un fondo marino que concentra buena parte del verdadero valor ecológico del paraje.
Por eso, la próxima vez que pases por Nerja, merece la pena mirar Maro de otra manera: no como una única playa famosa, sino como un territorio completo que se extiende desde las montañas hasta varios metros bajo el Mediterráneo.
La extensión, figuras de protección, biodiversidad y características naturales del enclave pueden consultarse en la información oficial del Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo publicada por la Junta de Andalucía.