Hans Christian Andersen encontró en Andalucía su rincón favorito de España
2 Julio 2026
Málaga
Actualidad
Hans Christian Andersen es conocido universalmente por cuentos como La sirenita, El patito feo, La reina de las nieves o El traje nuevo del emperador. Sin embargo, el escritor danés también fue un viajero incansable que recorrió buena parte de Europa y dejó por escrito sus impresiones sobre los lugares que visitaba.
Uno de aquellos viajes lo condujo hasta España en 1862. Durante su recorrido conoció ciudades como Barcelona, Valencia, Alicante, Cartagena, Granada y Madrid, pero hubo una localidad andaluza que le causó una impresión especialmente profunda: Málaga.
El escritor quedó tan fascinado por su estancia que escribió una de las frases más recordadas sobre la capital de la Costa del Sol: «En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga».
Más de 160 años después, la ciudad mantiene vivo el recuerdo de aquella visita mediante una estatua en la plaza de la Marina y diferentes lugares que permiten seguir los pasos del célebre autor danés.
Hans Christian Andersen llegó a Málaga en 1862
Andersen emprendió su viaje por España cuando ya era uno de los escritores más reconocidos de Europa.
El autor atravesó la frontera en septiembre de 1862 y comenzó un extenso recorrido por el país. Durante el trayecto tomó notas sobre los paisajes, las costumbres, la arquitectura y la vida cotidiana que encontraba a su paso.
Aquellas observaciones dieron forma posteriormente a I Spanien, publicada en 1863 y conocida en español como Viaje por España o En España.
En esta obra, Andersen no se limita a enumerar monumentos. Su mirada se detiene en las personas, las calles, los sonidos, los mercados, los medios de transporte y las pequeñas escenas cotidianas que permiten comprender cómo eran las ciudades españolas a mediados del siglo XIX.
Málaga ocupa un lugar destacado dentro de esta crónica. El escritor permaneció en la ciudad durante dos periodos, separados por una visita a Granada, y encontró en ella una combinación de paisaje, clima y hospitalidad que no experimentó en ningún otro punto del país.
La primera imagen de Málaga que sorprendió al escritor
Andersen llegó a Málaga por mar y observó la ciudad desde la distancia antes de desembarcar.
La estampa estaba formada por las casas blancas, la Catedral y la silueta de Gibralfaro elevándose sobre el casco urbano. Aquella panorámica despertó inmediatamente su interés y anticipó la profunda impresión que le produciría la ciudad.
En la Málaga del siglo XIX, la Catedral destacaba con claridad sobre un entramado urbano mucho más bajo que el actual. La fortaleza de Gibralfaro y la Alcazaba completaban una imagen en la que convivían el legado andalusí, la arquitectura cristiana y la actividad de una importante ciudad portuaria.
El paisaje que recibió a Andersen continúa siendo reconocible desde diferentes puntos de la capital. La Catedral sigue dominando el Centro Histórico, mientras que la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro conservan su posición privilegiada frente al Mediterráneo.
Por qué Málaga hizo tan feliz a Hans Christian Andersen
La fascinación del escritor no se explica únicamente por los monumentos. Lo que verdaderamente lo conquistó fue la forma de vida que encontró durante su estancia.
Andersen destacó la naturaleza, el mar abierto y el carácter amable de los habitantes. Málaga le transmitió una sensación de comodidad y cercanía que lo llevó a afirmar que se sentía como en casa.
La ciudad era entonces un importante enclave comercial conectado con distintos puertos europeos. Marineros, comerciantes, empresarios y viajeros de diferentes nacionalidades formaban parte de su vida cotidiana.
Este ambiente abierto y cosmopolita pudo contribuir a que Andersen se sintiera especialmente cómodo. La actividad del puerto, el clima mediterráneo y la vida en las calles contrastaban con los paisajes y las temperaturas del norte de Europa.
El autor también mostró interés por los hábitos de los malagueños. Más que contemplar la ciudad como un simple escenario monumental, observó cómo se relacionaban sus habitantes y cómo transcurría la jornada en plazas, paseos y establecimientos.
La Catedral de Málaga, una de las imágenes que más le impresionó
La Catedral de la Encarnación fue uno de los edificios que más llamó la atención del escritor.
Su enorme volumen, visible desde el mar y desde numerosos puntos de la ciudad, convertía al templo en la principal referencia del paisaje urbano malagueño.
Conocida popularmente como La Manquita por la ausencia de una de sus torres, la Catedral se levantó sobre el espacio que había ocupado la antigua mezquita mayor de la ciudad musulmana.
Su construcción comenzó en el siglo XVI y se prolongó durante varias etapas, motivo por el que combina diferentes estilos arquitectónicos. El edificio presenta elementos góticos, renacentistas y barrocos, aunque su aspecto general está especialmente vinculado al Renacimiento.
Durante la visita de Andersen, la Catedral ya dominaba el perfil de Málaga. El autor recurrió a imágenes literarias de grandes dimensiones para explicar el efecto que le producía aquel templo elevándose sobre las casas.
Actualmente, continúa siendo uno de los principales lugares que permiten reconstruir la Málaga contemplada por el escritor en 1862.
La Alcazaba y Gibralfaro frente al Mediterráneo
La fortaleza de Gibralfaro también formó parte de la primera panorámica que Andersen contempló al aproximarse a la ciudad.
Situada en la cima del monte, ofrecía una poderosa imagen sobre el Mediterráneo y recordaba el pasado andalusí de Málaga. A sus pies se encontraba la Alcazaba, una fortaleza palaciega construida durante la época musulmana.
Ambos recintos estuvieron unidos mediante un corredor defensivo amurallado conocido como la Coracha.
La combinación de las murallas, la montaña, el mar y el cielo creó una de las estampas que más atrajeron al viajero danés.
Hoy es posible visitar de manera independiente la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro. Desde sus miradores se contemplan el puerto, la plaza de toros de La Malagueta, el Parque de Málaga y buena parte del litoral.
Estas vistas permiten imaginar la perspectiva que impresionó a Andersen cuando llegó a la ciudad por mar.
La Fonda de Oriente, el alojamiento de Andersen en Málaga
Durante su estancia, Hans Christian Andersen se alojó en la Fonda de Oriente, uno de los establecimientos hoteleros más destacados de la Málaga del siglo XIX.
El alojamiento se encontraba en la Alameda Principal, una de las zonas más elegantes y transitadas de la ciudad. Desde su habitación, el escritor podía observar los árboles, la fuente y el constante movimiento de personas por el paseo.
La Alameda era entonces uno de los principales espacios de encuentro de la sociedad malagueña. Sus edificios, comercios y fondas recibían a viajeros y comerciantes llegados desde diferentes países.
Andersen valoró positivamente el establecimiento, tanto por su ubicación como por la posibilidad de comunicarse en diferentes idiomas.
El edificio original ya no se conserva, pero una placa recuerda actualmente la estancia del autor danés en esta zona de la ciudad.
La Alameda Principal se convierte así en una parada esencial para quienes deseen recorrer la Málaga que conoció Andersen.
El Cementerio Inglés también llamó su atención
Otro de los espacios vinculados al viaje del escritor es el Cementerio Inglés de Málaga.
Inaugurado en 1831, fue el primer cementerio protestante establecido en España. Su creación respondió a la necesidad de ofrecer un lugar digno de enterramiento a los extranjeros no católicos que residían o fallecían en la ciudad.
Andersen quedó sorprendido por su aspecto ajardinado, su vegetación y su proximidad al mar. Más que un cementerio convencional, el recinto le transmitió la sensación de encontrarse en un jardín tranquilo y apartado del movimiento urbano.
El camposanto se encuentra en la avenida de Príes, cerca de La Malagueta, y conserva tumbas de figuras como el escritor Gerald Brenan, el poeta Jorge Guillén y la economista Marjorie Grice-Hutchinson.
La visita al Cementerio Inglés permite conocer otro de los lugares que ayudaron a construir la imagen romántica de Málaga recogida por Andersen.
Su viaje a Granada antes de regresar a Málaga
La estancia del escritor en la capital malagueña estuvo dividida en dos etapas.
Desde Málaga se desplazó hasta Granada, donde visitó la Alhambra y quedó cautivado por sus palacios, patios, leyendas y decoración.
Para Andersen, el monumento granadino parecía contener historias antiguas en cada una de sus estancias. Su condición de narrador hizo que interpretara el conjunto no solo como una obra arquitectónica, sino también como un espacio lleno de relatos.
Después de visitar Granada, regresó a Málaga antes de continuar su viaje. Esta vuelta demuestra el vínculo especial que había creado con la ciudad durante los primeros días.
Fue entonces cuando consolidó la sensación de bienestar que posteriormente trasladaría a Viaje por España.
La estatua de Andersen en la plaza de la Marina
Málaga rindió homenaje al escritor en 2005, coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento.
La ciudad instaló una escultura de bronce en la plaza de la Marina, a pocos metros de la Alameda Principal, la calle Larios y el puerto.
La obra fue realizada por el escultor José María Córdoba por encargo de la Casa Real Danesa.
Andersen aparece sentado relajadamente en un banco, con un sombrero y una maleta de viaje. La composición permite que residentes y visitantes se sienten junto a la figura y se fotografíen con ella.
La escultura evita presentar al escritor sobre un pedestal distante. Por el contrario, lo integra en el espacio público como un viajero que acaba de hacer una pausa durante su recorrido por la ciudad.
La ubicación tampoco es casual. Desde la plaza de la Marina se llega rápidamente a la Alameda Principal, donde estuvo la Fonda de Oriente, y al puerto que marcó su llegada a Málaga.
Una ruta por la Málaga de Hans Christian Andersen
Los principales espacios vinculados al escritor pueden recorrerse a pie mediante una ruta por el Centro Histórico y el entorno de La Malagueta.
El itinerario puede comenzar en la estatua de la plaza de la Marina y continuar por la Alameda Principal, donde se encontraba su alojamiento.
Desde allí se puede acceder al Centro Histórico para visitar la Catedral de Málaga y recorrer las calles que Andersen descubrió durante su estancia.
La ruta continúa hacia la calle Alcazabilla, donde se encuentran el Teatro Romano y la entrada a la Alcazaba. Quienes dispongan de más tiempo pueden subir también al Castillo de Gibralfaro para contemplar el puerto y el Mediterráneo.
El recorrido puede finalizar en el Cementerio Inglés, situado a aproximadamente media hora a pie desde la plaza de la Marina.
Esta ruta une literatura, historia y patrimonio y permite observar la ciudad desde la mirada de uno de los grandes viajeros europeos del siglo XIX.
Una declaración de amor que permanece vigente
La frase de Hans Christian Andersen se ha convertido en una de las citas literarias más conocidas sobre Málaga.
Sus palabras siguen apareciendo en publicaciones turísticas, rutas culturales y homenajes dedicados al autor. También resumen una experiencia compartida por numerosos viajeros que encuentran en la ciudad una combinación de luz, patrimonio, mar y vida en la calle.
Aunque la Málaga actual es muy diferente de la que encontró el escritor en 1862, algunos de los elementos que lo cautivaron permanecen intactos.
La Catedral continúa elevándose sobre el Centro Histórico, Gibralfaro domina la bahía y la Alameda conserva su papel como conexión entre el corazón de la ciudad y el puerto.
La estatua de la plaza de la Marina recuerda que Andersen no solo fue el creador de algunos de los cuentos más universales de la literatura. También fue un viajero que encontró en Málaga el lugar de España donde se sintió más feliz y más cerca de casa.
Las descripciones originales de su llegada pueden consultarse en el Centro Virtual Cervantes, mientras que la información sobre el homenaje de la ciudad está disponible en la web oficial de Turismo del Ayuntamiento de Málaga.
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