El espeto sostiene el éxito de los chiringuitos de la Costa del Sol, pero afronta la falta de relevo
25 Junio 2026
Rincón De La Victoria
CdelSol Noticias
El espeto de sardinas es mucho más que uno de los platos más reconocidos de la gastronomía malagueña. Para numerosas familias de la Costa del Sol representa una forma de vida, un legado transmitido entre generaciones y uno de los principales motores de sus negocios frente al mar.
Así lo vive Francisco “Kiko” Rodríguez, propietario de Casa Kiko, un restaurante situado en Rincón de la Victoria cuya historia está estrechamente vinculada a esta tradición. Después de más de dos décadas al frente de su propio establecimiento, el empresario asegura que los espetos continúan siendo el producto que más clientes atrae, tanto entre los residentes como entre quienes visitan Málaga.
Su experiencia refleja la evolución de una técnica tradicional que nació ligada a las familias de pescadores y que hoy se ha convertido en uno de los símbolos turísticos y culinarios más reconocibles de la provincia.
Una tradición aprendida desde la infancia
La relación de Kiko Rodríguez con los espetos comenzó mucho antes de que asumiera la gestión de su propio restaurante.
Su abuelo, su padre y uno de sus tíos trabajaron como espeteros, por lo que creció observando cómo preparaban el pescado frente al mar. En aquella época, la actividad de los establecimientos de playa dependía principalmente de la colaboración familiar.
Hermanos, tíos, padres e hijos compartían las diferentes tareas del negocio. Era habitual que los restaurantes funcionaran sin trabajadores ajenos a la familia, con cada miembro ocupándose de una parte del servicio.
El padre de Rodríguez era quien trabajaba junto a la barca y las brasas. El pescado llegaba directamente de un vecino que salía a faenar durante la noche y entregaba las sardinas capturadas para que fueran preparadas al día siguiente.
Por la mañana, las piezas se colocaban en cajas de corcho y se organizaban antes de ensartarlas en las cañas, añadirles sal y cocinarlas al calor de la leña.
Aquella rutina diaria convirtió el espeto en una parte inseparable de la vida familiar y profesional del actual propietario de Casa Kiko.
¿Cuántas sardinas debe llevar un espeto tradicional?
La preparación del espeto responde a unas técnicas que han pasado de generación en generación.
Según explica Rodríguez, el espeto tradicional suele estar formado por seis sardinas. No obstante, la cantidad puede variar dependiendo del tamaño del pescado.
Cuando las sardinas son más pequeñas y finas, una caña puede contener hasta ocho unidades. Si son de mayor tamaño, lo habitual es colocar alrededor de cinco.
Tradicionalmente, cada caña, de aproximadamente 30 centímetros, se utiliza para un solo espeto. Sin embargo, el crecimiento de la demanda ha llevado a algunos establecimientos con un volumen elevado de clientes a utilizar cañas más largas en las que se preparan dos o tres espetos al mismo tiempo.
Aunque los métodos de trabajo han evolucionado, la esencia sigue siendo la misma: colocar correctamente el pescado y controlar la distancia y la intensidad del fuego para conseguir una cocción uniforme.
Entre 500 y 600 espetos durante un fin de semana
El espeto de sardinas continúa siendo el producto estrella de Casa Kiko y uno de los principales motivos por los que los clientes se acercan hasta el establecimiento.
Durante un fin de semana, el restaurante puede vender entre 500 y 600 espetos, una cifra que muestra la enorme popularidad que mantiene esta receta entre visitantes y residentes.
Las sardinas son la imagen más conocida de esta forma de cocinar, pero no son el único pescado que puede prepararse ensartado en una caña.
En los restaurantes de la costa también pueden encontrarse espetos de dorada, merluza, bacalao y otras especies. Esta variedad ha permitido ampliar la oferta, aunque la sardina sigue ocupando el lugar principal dentro de la tradición malagueña.
Para Rodríguez, la satisfacción de los clientes al probar un buen espeto es una de las mayores recompensas del trabajo. Sin embargo, advierte de que el público suele ver únicamente el resultado servido en la mesa, sin conocer el esfuerzo que requiere su preparación.
El espeto como reclamo turístico de Málaga
La popularidad del espeto ha crecido de forma paralela al desarrollo turístico de la Costa del Sol.
Lo que comenzó como una técnica sencilla utilizada por las familias vinculadas a la pesca se ha convertido en una experiencia buscada por miles de visitantes. Comer sardinas frente al mar forma parte hoy de la imagen que muchos turistas asocian con Málaga.
En establecimientos como Casa Kiko, este plato no funciona únicamente como una opción dentro de la carta. Es el principal reclamo del negocio y uno de los elementos que determina la llegada de clientes.
El empresario reconoce que, sin esta especialidad, el número de personas que acudirían al restaurante sería considerablemente menor.
El espeto representa así una combinación de patrimonio, gastronomía y actividad económica. Su presencia sostiene a numerosos establecimientos y contribuye a mantener vivas las costumbres marineras de la provincia.
Trabajar frente a las brasas en pleno verano
Detrás de esta imagen gastronómica existe un oficio especialmente exigente.
Los espeteros trabajan durante horas frente a brasas encendidas, soportando temperaturas muy elevadas, humo y la exposición directa al sol. Estas condiciones se vuelven todavía más duras durante los meses de verano, precisamente cuando los restaurantes registran una mayor afluencia.
Rodríguez no pudo ejercer como espetero por motivos de salud y centró su trayectoria en la gestión del establecimiento. Sin embargo, conoce de cerca las dificultades que afrontan quienes se ocupan de la barca.
Las primeras semanas pueden resultar especialmente complicadas. Las manos, la piel y el rostro necesitan adaptarse al calor constante, y es frecuente que quienes comienzan sufran pequeñas quemaduras o heridas.
Con el tiempo, la experiencia permite controlar mejor el fuego y desarrollar la resistencia necesaria, pero el trabajo continúa siendo físicamente duro.
La falta de espeteros amenaza la continuidad del oficio
Una de las principales preocupaciones del sector es la dificultad para encontrar personas jóvenes interesadas en aprender esta profesión.
Pese al éxito comercial de los espetos, cada vez resulta menos habitual que las nuevas generaciones quieran trabajar frente a una barca durante las horas de mayor calor.
Casa Kiko ha contado a lo largo de su trayectoria con espeteros pertenecientes al entorno familiar o con personas cercanas que ya conocían la técnica. No obstante, actualmente encontrar profesionales con experiencia o dispuestos a formarse resulta cada vez más complicado.
La pérdida del relevo generacional plantea un reto importante para los restaurantes de la Costa del Sol. La preparación del espeto requiere conocimiento, práctica y una forma de trabajar que no puede sustituirse completamente mediante procesos industriales.
Sin nuevos espeteros capaces de aprender y conservar la técnica, una parte esencial del patrimonio gastronómico malagueño podría debilitarse con el paso de los años.
Un patrimonio que necesita reconocimiento y continuidad
Para Kiko Rodríguez, los espetos forman parte de su identidad y de la historia de su familia. Ha convivido con esta tradición desde la infancia y ha sido testigo de cómo pasó de ser una práctica cotidiana de los pescadores a convertirse en un fenómeno gastronómico y turístico.
Su historia es similar a la de muchas familias de Málaga que han mantenido sus negocios a través del esfuerzo compartido y del conocimiento transmitido entre generaciones.
El reto actual consiste en conservar este legado sin ignorar las dificultades laborales que implica. Mejorar las condiciones de los profesionales, reconocer su especialización y atraer a nuevos trabajadores serán cuestiones fundamentales para garantizar su continuidad.
Mientras tanto, la imagen de las sardinas cocinándose junto al mar continúa siendo una de las estampas más representativas del verano en Málaga y uno de los sabores que mejor explican la relación de la provincia con el Mediterráneo.
Fuente informativa: Infobae España
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