Los fármacos contra la obesidad que se ensayan en Málaga bajarán el peso hasta un 30 %


2 Marzo 2026

Málaga

CdelSol Noticias

«Es una pandemia, un problema de salud pública». Así de contundente se muestra Francisco J. Tinahones, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria y director científico del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), al ser preguntado por la obesidad. Los fármacos conocidos comercialmente como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, es decir, los principios activos denominados semaglutida (los dos primeros) y tirzepatida (el tercero), han supuesto «una revolución» en el tratamiento de esta enfermedad crónica, logrando reducciones de peso superiores al 20%, frente al 10%-15% de sus primeras versiones. Pero, actualmente, hay fármacos que se están ensayando en Málaga que lograrán bajadas de volumen corporal de entre el 25% y el 30%.

No es un dato baladí, porque son números similares a las bajadas que logra la cirugía bariátrica. «Estos fármacos que controlan nuestro apetito vienen de sustancias que tenemos en nuestro organismo: las fabrica el intestino para decirle al cerebro que ya hay suficiente alimento», dice el doctor Tinahones, también presidente electo de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), en referencia a Ozempic, Mounjaro y Wegovy. «Incluso ahora hay otros en desarrollo: estamos haciendo ensayos clínicos con ellos, consiguen bajar el peso casi cercano a un 30%. Es decir, tenemos medicamentos que se acercan en la pérdida de peso a la cirugía bariátrica», reseña.

«Estamos haciendo ensayos con 10 moléculas nuevas que vienen con la misma estrategia, usar sustancias que tiene nuestro intestino para decirle al cerebro que deje de comer, que ya hay alimento». Son ensayos clínicos multicentros en los que participan el IBIMA y el Servicio de Endocrinología y Nutrición del Clínico. «Están hechos con fármacos que tienen empresas farmacéuticas en desarrollo», apostilla. Esos tratamientos llegarán «en tres o cuatro años» al mercado. Los efectos son «prometedores», dice el doctor Tinahones.

Las cifras hacen referencia a los resultados de los ensayos y, por lo tanto, pueden variar. No todos los pacientes las logran.

En torno a 350.000 personas tienen obesidad en la provincia y hay otras 700.000 con sobrepeso, según estiman los expertos. La enfermedad está asociada a más de 220 enfermedades. El próximo miércoles, 4 de marzo, se celebra el Día Mundial de la Obesidad.

De cualquier forma, la cirugía bariátrica «puede seguir teniendo cabida, no hay duda: en grandes obesidades supermórbidas, pues lo mismo estos fármacos se quedan cortos». «Pero ahora mismo, es verdad que nos da pena que un sujeto que con un índice de masa corporal de 36, 37, que tiene diabetes e indicación de cirugía, si este fármaco estuviera financiado, podríamos prescribírselo y, probablemente, obtendría los mismos resultados que va a obtener la cirugía», aclara.

«Al final, la cirugía es un método invasivo, es verdad que su morbimortalidad ha bajado mucho, pero estamos sometiendo al paciente a una intervención y, de alguna forma, modificando su tracto intestinal, quitando parte del estómago o acortando el intestino», precisa.

Estas terapias están aprobadas para sujetos que tienen obesidad (más de un 30 de IMC) o para quienes tienen sobrepeso pero arrastran una comorbilidad (enfermedades vinculadas) importante asociada al exceso de grasa: diabetes, hipertensión, dislipemia, apnea, patologías articulares. «Estos fármacos no están indicados para un sujeto que tenga un normopeso y quiera bajar una talla: eso es una frivolidad», precisa.

Los pacientes que usan estos tratamientos refieren que han perdido el apetito, «picotean menos». Y el beneficio es automático: mejoran todas las enfermedades asociadas a la pérdida de peso. «Con reducciones superiores al 15%, se ha demostrado que disminuyen los eventos cardiovasculares, mejoran de forma drástica el hígado graso, la apnea del sueño y los síntomas de degeneración articular ligados a la artrosis», repasa, más allá del cambio estético.

Eso sí, cuidado con el efecto rebote. Como dice el doctor Tinahones, la «obesidad es una enfermedad crónica que requiere un tratamiento crónico, por tanto». «Cuando los dejas, vuelve el apetito y desaparece la saciedad: está descrito que un porcentaje importante de pacientes empieza a recuperar peso», agrega, algo que no es «sorprendente», dado que también sube la tensión si el individuo deja de tomar pastillas para controlarla.

«Sirven para poco si uno dice me lo voy a aplicar tres meses, pierdo 10 kilos y luego a ver qué pasa». El doctor Tinahones también aconseja cambiar patrones de vida, es decir, hacer deporte y comer correctamente, pero el tratamiento ha de ser a plazo largo. «Ahora mismo son fármacos caros y es muy difícil plantear esto, pero desde el punto de vista fisiológico, lo lógico es que se mantengan en dosis bajitas durante un tiempo importante» para mantener lo perdido. Un porcentaje que va del 20% al 30% recupera el peso perdido y otros suben también, pero no tanto.

Estos tratamientos tienen efectos secundarios que van desde la diarrea al estreñimiento o vómitos, «pero no son excesivamente frecuentes y ocurren, sobre todo, al inicio». Eso sí, «se pierde grasa, pero también se pierde músculo». Asegura que ahora se está estudiando una molécula que ayuda a perder peso pero no músculo. «De hecho, cuando los prescribimos recomendamos al paciente que haga actividad física». De los tres medicamentos, sólo Ozempic tiene cobertura pública para tratar la diabetes.

«Esta enfermedad no es un problema de falta de voluntad de los pacientes para perder peso: vivimos con una genética que hace que acumulemos grasa, porque eso nos ha salvado en épocas de hambruna», indica. A ello se suma que los alimentos muy ricos en calorías son accesibles, «el ejercicio físico ha desaparecido de nuestra forma de trabajar», apostilla, para añadir el estrés, la falta de sueño y otros aspectos como «cambios a nivel fisiológico como la biota, el metabolismo basal o la cantidad de calorías que consumimos».

«Al ser una enfermedad compleja y multifactorial, para prevenirla hace falta tomárselo en serio, un plan nacional contra la obesidad, algo parecido a lo que se hizo con el tabaco», sentencia.